La falta de timing político preocupa al gobierno
El proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada dejó expuestas las dificultades del oficialismo para leer el sentimiento que hoy embarga a gran parte de la ciudadanía, mientras la economía y la política atraviesan nuevos cuestionamientos.
Cuando se falla en el timing, es que no se sabe leer lo que está aconteciendo, quizás por ceguera propia, porque no se puede y/o no se sabe leer lo que sucede, o simplemente porque no se quiere ver lo que seguramente pueda doler más de lo que se pudiese soportar.
En la política, como en el resto de las áreas de la vida, pero en esta particularmente, por la afectación que la toma de decisiones tiene de un modo que trasciende a lo individual, para extenderse a lo general e impactar en lo público, el sentido de la oportunidad vincula al tiempo con una de las virtudes cardinales por excelencia: la prudencia. El arte de la política lo entrelaza con la astucia y la interacción con un entramado de relaciones y acontecimientos, que permite a los actores que se quieran convertir en protagonistas de esa parte de la historia ser los intérpretes fidedignos de todas las variables en cuestión, de manera de alcanzar los logros exitosamente.
El proyecto de ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada es el que dejó expuesta la falta de timing y de lectura de lo obvio en las acciones políticas que el gobierno llevó adelante. La idea fue de Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Transformación del Estado. Al no poder concretarse, por falta de votos que lo acompañasen, y ante la posibilidad de su naufragio, ya que ni la modificación de elevar el porcentaje del 15% al 25%, luego del rechazo a la eliminación de cualquiera fuese el porcentaje para la compra de tierras en el país por parte de extranjeros, se terminó sacando ese capítulo, el tercero. Luego hubo otro capítulo, el que cambiaba la ley de manejo del fuego, que debió quitarse para lograr la media sanción de parte de la Cámara de Senadores, con apenas 4 votos que separaron los 37 a favor de los 33 en contra.
¿No se supo o no se pudo leer lo que podía pasar si se presentaba el proyecto en el Congreso? ¿Hubiese sido más acertado, conveniente y adecuado haber consultado con los probables aliados los puntos que iban a ser tratados, y de este modo haber contado la cantidad de votos que se podrían haber obtenido tras un debate parlamentario? Claro que sí. Los gobernadores aliados, que además han demostrado en reiteradas oportunidades en el Poder Legislativo que actúan de manera escindida del sector kirchnerista del peronismo al cual pertenecen, han apoyado al gobierno, aunque no incondicionalmente, en sus esfuerzos por aprobar los proyectos que el Ejecutivo ha enviado. Pero su condicionalidad, se sabe, depende de cuestionamientos que le pueden plantear al gobierno, de modo de entrar en negociaciones, que los llevarían a todos a acuerdos en común. Esta vez no acompañaron a Milei. No podían permitírselo. No solo no estaban de acuerdo con el contenido, principalmente del tercer capítulo que debió ser retirado, sino que ellos sí supieron leer el sentimiento que hoy embarga a gran parte de la ciudadanía, no solo de sus provincias, sino a nivel nacional.
¿Qué supieron leer los aliados que el gobierno no pudo, supo o quiso? La exposición del proyecto dejó instalado un eslogan que se viralizó a través de las redes sociales, de algunos medios de comunicación tradicionales o de streaming, y también mediante la invocación del mismo por parte de cantantes de masiva llegada al público, como Lali Espósito, Emilia Mernes y Tini Stoessel, quienes se encargaron de multiplicarlo: “La tierra no se vende”. Este a su vez se entremezcló con la idea de “soberanía”, y si bien Patricia Bullrich, al explicar el proyecto, se encargó de aclarar que nada tenía que ver con esta cuestión, hubo quienes tendieron un hilo de conexión con la bandera desplegada después del partido contra Inglaterra durante el Mundial, que evocaba la argentinidad de las Islas Malvinas y dejó, aumentado con su cercanía en el tiempo, el sentimiento nacionalista a flor de piel. Porque, pese a la prohibición expresa de la FIFA, ratificada por el gobierno de Milei a través de la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, de realizar cualquier gesto o llevar carteles sobre esta cuestión, de acuerdo con las disposiciones vigentes, la gente en su mayoría, y algunos jugadores de la Selección, avalaron el mensaje de una bandera alusiva y su exposición.
A todo esto se sumaron otros temas. También a instancias del Ministro Sturzenegger, se decidió la desregulación integral del servicio de practicaje y pilotaje por medio de un decreto, que derivó en un paro en los puertos, que amenazó con causar una pérdida de 20 millones de dólares por día. ¿Qué pasó? Finalmente, se anuló el decreto. La Iglesia, por su parte, recogió un guante que se le puso delante de su cara, a instancias de los preparativos de lo que será la pronta llegada al país del Papa León XIV, a principios de noviembre. En la homilía en el Día de la celebración de San Cayetano, que reúne a los fieles que agradecen y piden por “pan y trabajo”, el arzobispo de la Ciudad de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, lanzó una fuerte crítica al gobierno, vinculada con la situación actual sobre la economía, haciendo un llamado a la sociedad en cuanto a evitar una resignación “pasiva y silenciosa a que las cosas aumenten” y “el sueldo no alcance”.
Si en algún lugar le podía pegar la Iglesia al gobierno de Javier Milei, era en aquella que considera su mejor versión, a la luz de las variables estandarizadas y equilibradas de la macroeconomía, elogiadas por la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, convertida hoy por hoy en su talón de Aquiles, en lo que a la microeconomía y la llegada de sus beneficios al “ciudadano de a pie” concierne. Los magros resultados que todavía no logran llegar de la vertiente al común de la gente, que se encuentra cada vez más endeudada y a la que se le escucha reclamar que no le alcanza la plata, están resultando adversos en el espejo de las encuestas que reflejan los números concretos de intención de voto, que van variando de acuerdo con las circunstancias imperantes. El caso Adorni, que se extendió por demasiado tiempo en la agenda pública, más del conveniente, golpeó, y fuerte, contra el gobierno, pero, si bien no está instalado como tema del día, dejó un coletazo que aún se escucha como el sonido de las olas contra la orilla, dejando su huella en el tiempo. Para la oposición también resulta un buen tema a enarbolar, ya que le da argumentos suficientes para combatir al oficialismo, de cara a las elecciones del próximo año.
¿Qué hubiese sucedido si se hubiese enviado el proyecto de ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada antes del fervor nacionalista que generó el Mundial? ¿El gobierno lo hubiese logrado sancionar incluso con el capítulo tercero? Me refiero a la situación imperante antes del caso Adorni, pero incluso también durante los cuestionamientos en su contra. La amenaza de su interpelación no hizo posible su envío al Congreso, pero había un ámbito que se respiraba diferente al actual en cuanto a la oportunidad de su tratamiento en ambas cámaras. Porque hasta el gobierno ostentaba un clima nacionalista durante el Mundial, en que, mediante un decreto de necesidad y urgencia, endureció las normas migratorias y habilitó la expulsión de extranjeros que emitiesen mensajes de odio contra argentinos, pese a ser tildado de inconstitucional. Volviendo al proyecto de ley, hasta el canciller Pablo Quirno metió la pata argumentando que “va a producir beneficios para la Argentina” que “un extranjero pueda comprar un pueblo o una provincia”.
Karina Milei hizo una rápida interpretación de los cuentapropistas del gobierno, de aquellos que se lanzan a pronunciar mensajes sin consentimiento del Círculo Rojo, o sea, del grupo selecto más chico que tiene el gobierno. Porque el proyecto de Sturzenegger contemplaba además un capítulo que no era hoy un tema a contemplar entre las empresas extranjeras, en relación con la adquisición de tierras. Fue su falta de visión respecto del timing político, en parte, la que empeoró las cosas para el gobierno. Otras fueron las declaraciones del canciller Quirno. Todo resultó cuestionable a los oídos de la secretaria general de la Presidencia, quien comenzó a llamar a los funcionarios al orden. Con la confianza que le tiene al jefe de Gabinete, Diego Santilli, quien adquirió buena cintura política a lo largo de su larga trayectoria, y el favor que este supo ganarse de Martín y “Lule” Menem, cercanos a la hermana del presidente, lo puso al frente de todas las negociaciones con gobernadores y legisladores, y de puente con los jefes de bloque para centralizar unidireccionalmente el comando de mensajes de la esfera gubernamental. Así fue como, ante la embestida que estaba sufriendo el proyecto de ley enviado al Congreso, fue Santilli quien se comunicó directamente con la senadora Patricia Bullrich, para que procediese a retirar el capítulo tercero. Y así fue que se estableció la orden de Karina Milei: “Todos los proyectos tienen que pasar por Santilli”, quien medirá el timing y oportunismo político. Será el jefe de Gabinete quien deberá defender, en primera instancia, los próximos proyectos del Ejecutivo, mientras los libertarios y bloques aliados deberán responder a él.
Por María Belén Aramburu
6.8ºc