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12/10/2022

Economía: Qué se espera para el 2023 y qué hacer, por María Belén Aramburu

El Fondo Monetario Internacional acaba de anunciar que “lo peor está por venir” a nivel mundial, lo cual resulta muy poco alentador.

Economía: Qué se espera para el 2023 y qué hacer, por María Belén Aramburu

La economía argentina se encuentra íntimamente ligada a los vaivenes de la economía internacional, o sea que además de los propios, se suman los ajenos, con lo cual la situación tiende a empeorar.

El Fondo Monetario Internacional acaba de anunciar que “lo peor está por venir” a nivel mundial, lo cual resulta muy poco alentador además de presentar un panorama amenazante, teniendo en cuenta que los desafíos que se presentan tienen, según el organismo financiero, “tres fuerzas poderosas: la invasión de Rusia a Ucrania, una crisis de costo de vida causada por presiones inflacionarias persistentes y crecientes, y la desaceleración de China”.

Desarrollemos estos tres puntos y su incidencia en la economía argentina. La primera se presenta con persistencia en su continuidad. El presidente ruso, Vladimir Putin, no cesa con sus planes de ataque, después de haber anexado cuatro regiones, sino que los intensifica, habiendo alcanzado sus misiles, en las últimas horas, instalaciones eléctricas en varias zonas de Ucrania. El Grupo de los Siete ha condenado los ataques contra la población civil, afirmando que se trata de crímenes de guerra y señalando que harán que “el presidente Putin y los demás responsables rindan cuentas”. El repudio a la comisión de estos aberrantes hechos requiere de firmeza. En ese sentido, pese a distintas voces que se escucharon de parte de funcionarios y militantes del gobierno nacional, este apoyó a las Naciones Unidas, para que se investiguen las violaciones a los derechos humanos en Rusia. La guerra y sus consecuencias con pérdidas humanas es inadmisible e inaceptable. En el ámbito económico el costo de vida en el mundo está aumentando como consecuencia de la invasión de Rusia a Ucrania. La crisis energética que trae aparejada esta guerra afecta especialmente al continente europeo y a su actividad económica. En un mundo globalizado e interconectado, todos nos vemos afectados por uno u otro motivo. La Argentina tiene mucho para ofrecer. Siempre tuvo. Pero en este momento, más aún como productor de materias primas indispensables para la supervivencia de la humanidad. Desde este lugar se nos mira con atención pese a una reducción de la capacidad compradora de muchos países, medidas proteccionistas y acciones regionales conjuntas que se enfatizan al compás de las necesidades y carencias.

La desaceleración de la economía china afectará, de acuerdo con el informe del Fondo Monetario Internacional, las cadenas de suministro en el mundo, y con ella, la consecuente actividad que conlleva. Según este organismo, lo que más ha influido en China para alcanzar niveles más bajos de crecimiento, han sido los constantes confinamientos por el COVID-19, que, con intermitencias, se han impuesto e imponen en diferentes regiones, y el freno en el sector inmobiliario. Lo que le sucede al “gigante chino”, repercute a nivel global, a lo que debe sumarse la guerra comercial entre este país y los Estados Unidos, que se debilita o cobra fuerza según las circunstancias.

Hubo una apreciación del dólar estadounidense respecto de otras monedas, cuestión ya conocida, pero que a su vez fue resaltada por el Fondo Monetario Internacional. Otro tema a considerar es que inflación mundial se acrecienta a pasos que se hacen insostenibles, sobre todo, para la población mundial más vulnerable. A su vez, el organismo financiero internacional, remarcó que “los controles de precios, los subsidios no focalizados o las prohibiciones de exportación, son fiscalmente costosos y conducen a un exceso de demanda, falta de oferta, mala asignación, racionamiento y primas del mercado negro”, agregando que “la historia nos enseña que rara vez funcionan”. Sin haber hecho mención de nuestro país, es como si lo hubiese hecho porque estas variables son las que, en parte, rigen en nuestra economía, además de otros aspectos. Y, como si fuera poco, el mismo organismo presenta una salida a estas medidas: “la política fiscal debería apuntar a proteger a los más vulnerables a través de transferencias específicas y temporales”.

Sobre la inflación en la Argentina he escrito en varias editoriales de @Haceinstantes. Es un flagelo que alcanzará, según las últimas estimaciones, un 100% o más según muchas consultoras y economistas consultados y, según el Fondo Monetario Internacional, se ubicará en un rango de entre el 90% y el 100%. Sin ir más lejos, durante la primera semana de octubre, se registró una fuerte suba de alimentos del orden del 2,8%. Por su parte, el crecimiento del PBI, pasará del 4% de este año al 2% en 2023, o sea a la mitad. Como lo he venido sosteniendo en reiteradas oportunidades en mis escritos, la inflación está estrechamente vinculada con las expectativas que sobre ella existen individual y socialmente. Así lo expresó el FMI cuando, por su parte, destacó que “la inflación es, en definitiva, la expectativa de la gente sobre cómo subirán los precios en el futuro”, agregando que “observamos que cuanto más retrospectivas sean las expectativas de las personas, más tendrán que subir las tasas de interés”. La Reserva Federal subió sus tasas de referencia. La Argentina también lo hizo a través del Banco Central, aunque con eximios resultados.

Del BID se espera la aprobación de un primer prestamo de US$700 millones para después sumar US$500 millones. Del FMI llegaron US$3.800 millones. Ante la escasez de reservas se tomaron medidas para adoptar distintos tipos de cambio, un desdoblamiento, para evitar la devaluación. Y la llegada de divisas se espera como resultado de las reuniones que el Ministro de Economía, Sergio Massa, mantendrá durante su viaje de esta semana a los Estados Unidos, participando de las asambleas del Fondo Monetario y del Banco Mundial, en las que intentará convencer a los principales actores del mercado internacional, que inviertan en nuestro país y abran sus puertas para permitir el ingreso de nuestros productos. Recordemos que las trabas a las importaciones marcaron un rumbo con estos mismos actores con quienes se pretende negociar. Y cabe agregar que también se espera una renegociación con el Club de París, cuestión que permanece bajo signos de interrogación.

Como la economía va de la mano con la política, no puedo evitar señalar la importancia de las elecciones del próximo año y las expectativas puestas en ellas tanto en los partidos y frentes políticos, como en los votantes. La voracidad con que se plantean las precandidaturas, en los frentes oficialista y opositor, aumentan la incertidumbre por el panorama actual. Incluso los recientes cambios de gabinete, que, según algunos funcionarios del Frente de Todos, no han sido sometidos al consenso de todos sus integrantes, más allá de la aceptación de quienes fueron elegidas para sus cargos, genera aún más tensión. Algunos incluso especulan con que se pueda lograr aprobación en el Congreso de un proyecto de ley que elimine las PASO, siendo que estas, recordemos, fueron promovidas en el Congreso en el 2009, durante la primera presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, con la finalidad de que fuese toda la población la que votase para dirimir las internas que antes pertenecían a los afiliados de los partidos políticos en cuanto a su definición. La oposición resiste y pelea por la continuidad de las PASO. Por ahora no hay un proyecto presentado en el Poder Legislativo.

La calma que debe demostrar la clase política en su conjunto ante las adversidades que atraviesa el país, equivale a la prudencia que cada político debe demostrar ante el electorado y la ciudadanía toda.

María Belén Aramburu

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