Milei imparable sin oposición sustentable
Con un peronismo débil, fragmentado en el ámbito parlamentario y sin liderazgo sólido que lo represente, el oficialismo debería contar con los mismos aliados y la oposición con el mismo o menor número de votos.
El avance del presidente Javier Milei en el Congreso, convirtiendo en viables sus proyectos de ley y, yendo por más, es factible por dos motivos: uno de ellos consiste en la conservación de sus propios votos y en la sumatoria de aliados afines y dialoguistas, y el segundo, en que la oposición se ha quebrado en varias partes, de tal modo que se ha tornado frágil y vulnerable en sus varios intentos de poner un freno al oficialismo, tanto como de instalar los propios, además de no contar con un liderazgo sólido que lo represente. Desde ya, me refiero al peronismo en su conjunto, que ha perdido su norte en su rol de principal partido opositor.
Un partido político debe saber conducirse en el papel que le toque desempeñar, ya sea el de gobernar o el de representar al arco opositor cuando los votos no le alcancen para ser gobierno, reconociendo que el verdadero poder se ejerce desde la fortaleza de sus convicciones, ideas, ideologías y proyectos. Cuando se desmadra, cuando pierde su orientación, se debilita, perdiendo el rumbo. Es lo que le está sucediendo al kirchnerismo, que, en la demostración de lo que es, de su propia esencia, en el ámbito que hoy le toca ocupar, vale decir, en el Congreso, no encuentra solidez que lo sostenga a través de sus legisladores, ya sea en la Cámara de Diputados como en la de Senadores.
Sin líder no hay quien maneje el timón. Tampoco quien centralice la diversidad de posiciones que de por sí van apareciendo en cualquier estructura institucional a través del tiempo y que, en este caso, se vislumbran como peligrosas para la estabilidad requerida para cumplir su actual rol e intencionar para dar un salto de superación en la próxima conquista del líder cuando todos estén peleando en el ring nuevamente en 2027. Cristina Fernández sigue siendo representativa para el kirchnerismo, por lo que de manera emblemática conlleva consigo como figura política y por los cargos que ha ejercido, pero a su vez, habiendo sido condenada por corrupción, ha generado un gran rechazo de parte de dirigentes y votantes. Desde su prisión domiciliaria no mueve los hilos que pensó iba a poder dominar. Muchos le han soltado la mano, mirando hacia los costados en busca de quien tenga la capacidad y representatividad como para ejercer una jefatura partidaria y concentre los votos propios dentro y fuera del Congreso; así como también otros, se van erigiendo como probables próximos candidatos presidenciales.
Entre los que aspiran a un cargo de liderazgo dentro del justicialismo encontramos en primer lugar al gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof. No porque sí Javier Milei lo eligió de contrapunto durante la campaña de las últimas elecciones legislativas, logrando asestarle el golpe necesario en su propia jurisdicción por medio de la candidatura de Diego Santilli, quien, por el momento, podría ser el próximo candidato del oficialismo en el distrito bonaerense. Enfrentado a La Cámpora, principalmente a Máximo Kirchner y a su otrora mentora, Cristina Fernández, aunque en dificultades extremas sepan aunar voluntades, creó un espacio político propio desde el cual escalar posiciones de serle posible. Pero uno es el terreno de la provincia que gobierna, y otro es el más amplio de la Nación, cuya representación se ve hoy en el funcionamiento del Congreso.
Un peronismo golpeado por el mal desempeño de su último gobierno, representado por el expresidente Alberto Fernández y su vice Cristina Fernández, quien al poco tiempo pretendió estar desvinculada del Ejecutivo por ella propuesto para no quedar pegada al resultado obtenido y su consecuente repercusión en la vida política partidaria y en sus votantes, evidenció quedar fragmentado en el ámbito parlamentario entre Unión por la Patria y algunos varios integrantes de La Cámpora, aunque a la larga demuestren unidad en el caso de las votaciones que, de ir en contrario, demostraría que se escinden del eje de sus propias convicciones. Y detrás de ellos vienen todos los bloques que se han conformado en las dos Cámaras del Congreso, que bien pueden seguir su inclinación al voto como, por el contrario, correrse a la esfera del oficialismo. De hecho, los gobernadores peronistas detenidos en dialoguistas que, como he explicado en detalle en otras editoriales de @Haceinstantes, se han sentado a aunar posiciones con la mesa chica del gobierno en reiteradas oportunidades, cada vez que ha surgido la iniciativa del Poder Ejecutivo de enviar un proyecto al Congreso, adoptan la modalidad de ser una suerte de aliados atractivos tanto para el oficialismo como para la oposición. Poniendo en jaque a ambos espacios, que buscan alcanzar su adhesión, esta aparece condicionada por los intereses de cada una de sus provincias, permitiéndoles actuar a manera de bloques que pueden sumarse a uno u otro sector, como también quedar pendientes de una resolución para finalmente adoptar un vuelo propio e independiente del resto. Su sumatoria no pudo demostrar fortaleza en las últimas elecciones legislativas, pero en el Congreso la visibilizan adoptando posturas que concuerden con sus objetivos. Son bloques chicos que podrían ir creciendo de encontrarse disconformidad entre los legisladores que representan las posturas mayoritarias. Pero por ahora son lo que son, con el número de miembros que en la actualidad poseen. Y todos de extracción peronista.
La CGT, como rama sindical del justicialismo, tiene representantes en el Congreso, pero su poder lo hace sentir más fuera de este que en los recintos parlamentarios. Mediante movilizaciones y concentraciones se manifiesta en contra de los proyectos del Ejecutivo. A su vez, los paros, que ya van por el cuarto contra la gestión del presidente Milei, han sido utilizados como una herramienta de protesta, agudizándola con la adhesión de los gremios del transporte. Aquí también se advierte una marcada división entre los dirigentes sindicales y los partidarios respecto del contenido de sus discursos y la viabilidad de sus acciones, considerando la cantidad de gremios que genuinamente se puedan plegar a sus medidas de fuerza y la credibilidad que tengan en la sociedad toda.
Por estas horas, mientras escribo mi editorial de @Haceinstantes, los gremios de la CGT, más duros contra el gobierno de Milei, están analizando la posibilidad de realizar un paro de 24 hs acompañado de una movilización de 12 horas para el próximo viernes, día en que se tratará en el Senado el proyecto de ley, modificado en Diputados, sobre modernización laboral. El Frente de Sindicatos Unidos se reunirá el martes para confirmar este rumbo, si se decide tomarlo. De hacerse, se extendería a 36 h. Quien lidera esta propuesta es la UOM, cuyo titular, Abel Furlán, había volcado una fuerte crítica la semana pasada con la acusación de que “yo no sé si la CGT arregló con el gobierno, estuvo negociando, claramente, porque si no, no se hubieran hecho los cambios que se hicieron”. Recordemos que se mantiene la alícuota del 6% de las contribuciones patronales a las obras sociales y la cuota a ser pagada por afiliados y no afiliados, aunque con un tope del 2% del salario mensual para el financiamiento del sistema de salud. La Asociación de Trabajadores del Estado, Aceiteros, Aeronáuticos y otros 100 sindicatos se plegarían a la medida de fuerza junto con la UOM.
A renglón seguido y, ante la inminencia de otro paro con apenas una semana de distancia, el Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, acusó al sindicalismo de vivir “una vida paralela”, añadiendo que “viven de espaldas a la gente”, lo cual “le parece increíble”, ya que agregó que “todos los días se levantan, se suben a su Audi 0 km con chofer”, motivo por el cual “no entienden bien la realidad”.
El viernes será la instancia de brindarle curso a la sanción definitiva del proyecto de ley de modernización laboral que, tras la modificación realizada en la Cámara de Diputados, con la eliminación del artículo 44 sobre licencias médicas, volverá al Senado para, de ser aprobada, tomarla en cuenta como parte del discurso presidencial en la Asamblea Legislativa que dé inicio a las sesiones ordinarias del 1ro de marzo. Para ello se prevé que el comportamiento en cuanto a la votación recorra el mismo sendero que en el inicio del tratamiento del proyecto en la Cámara Alta, por lo cual el oficialismo debería contar con los mismos aliados que en la anterior oportunidad y, la oposición, el mismo o menor número de votos que aquella vez. El gobierno, de todas maneras, descarta que esto así sea.
Y no descartemos lo que sucederá, luego del discurso de Milei, con aquel que pronunciará el expresidente Mauricio Macri, como titular del PRO, luego de una cumbre que liderará en Parque Norte. De allí saldrá un plan que contemplará una agenda legislativa que le pertenezca como partido, amén de mesas que se armarán en torno al debate de temas que conciernen a la economía, ya sea la vigente con el programa del gobierno de Milei, como la de un planteo de conclusiones propias, que lo muestre como un dirigente con propuestas claras sobre los desafíos que acerca de los temas de esta área específica debería desarrollar para alcanzar soluciones y metas de crecimiento, en interacción con todos los sectores. Para ello cuenta con la Fundación Pensar. El gran interrogante que uno se plantea es si lanzará un candidato presidencial del PRO para competir en las próximas elecciones presidenciales. En ese caso, ¿sería para que prosperase o para llegar a un acuerdo como el que se produjo en 2023?
Ambos se necesitan, pero para lograr la reelección deseada, Javier Milei lo necesita aún más todavía, hoy por hoy. ¿Podría ser el mismo Mauricio Macri candidato? ¿Y si pretende volver a ser Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, cargo que ocupó dos períodos consecutivos, y luego a través de sus delfines, Horacio Rodríguez Larreta y ahora con su primo Jorge? El distrito porteño va a ser de disputa entre el PRO y La Libertad Avanza principalmente, teniendo en cuenta que los libertarios contarían con las probables candidaturas de la actual senadora Patricia Bullrich y del jefe de Gabinete en ejercicio, Manuel Adorni. Claro que Mauricio Macri se encuentra y se encontrará con políticos que eran del PRO y ahora son conversos libertarios, mientras otros, al menos, se han pintado de violeta. Condicionado por esta situación, se cerrará aún más en su estrecho círculo de confianza, de modo de ampliarlo a quienes demuestren lealtad.
Si bien en estos momentos Mauricio Macri juega de aliado junto con sus legisladores en los proyectos importantes del gobierno, convengamos que tampoco juró fidelidad extrema al punto de ser absolutamente incondicional. Cuesta hoy verlo como un actor opositor, pero habrá que esperar al mes de marzo y al desenvolvimiento de su rol como líder del PRO, en su juego interactivo con La Libertad Avanza, Javier Milei y el resto del gobierno en su conjunto.
Lo cierto es que, con un peronismo débil, al que el electorado le da vuelta la espalda, y con el crecimiento propio de La Libertad Avanza, el presidente Javier Milei avanza con las reformas, por lo que Adorni adelantó que el 2026 “va a ser un año muy intenso en términos legislativos”, ya que el gobierno tiene “en la mesa 50 proyectos de ley” después de la sanción de la reforma laboral, considerando que esta “ya está aprobada”. Respecto de los gremios y el peronismo, aseguró que “no tienen nada para aportar”. Los primeros podrían movilizarse y parar actividades, mientras que la oposición sabe fehacientemente, y así lo manifiesta en los pasillos del Congreso, que no podrá revertir el resultado favorable al gobierno el próximo viernes, al tiempo que espera un paro y movilización de la CGT que, a su vez, se ha encargado de denostar a los gobernadores que, siendo de extracción peronista, han votado a favor del proyecto.
Por María Belén Aramburu
25.1ºc