Se vienen días de difíciles negociaciones de Milei con el Congreso
La mesa política del gobierno se prepara para dar pelea en los duros días que se avecinan, con negociaciones contra reloj, tensiones por el capítulo tributario y un Congreso convertido en una sala de malabares.
La mesa política del gobierno logró reunirse. Javier Milei y sus integrantes darán pelea en los duros días que se avecinan, cargados de negociaciones para poder lograr la sanción de los proyectos de ley en mente, ya anunciados y esbozados en líneas generales el año pasado. Con la clara premisa de someterlos a un debate legislativo lo más rápido y expeditivo posible, intencionará, desde el punto de vista político, alcanzar otro logro que respalde aún más la gestión del Ejecutivo, plebiscitada satisfactoriamente tras el resultado de las últimas elecciones y, por el otro, mostrar en el plano internacional la solidez suficiente que se requiere para el ingreso a los mercados de considerarlo necesario, además del backup que Milei exige para su sostén como líder representativo de la derecha en el mundo, públicamente respaldado por su par norteamericano, Donald Trump.
Hace poco, en el mes de diciembre pasado, el gobierno tuvo la buena experiencia, por un lado, de sacar el presupuesto para su ejecución este año, cuestión que no le fue nada fácil, ni a este ni a otros gobiernos, que debieron arreglarse mediante la prórroga de anteriores, y la mala de haber resignado el capítulo 11, tema sobre el cual me referí en una editorial de @Haceinstantes, que versaba sobre la derogación de leyes concernientes, entre otros ítems, al financiamiento universitario y la emergencia en discapacidad, que acaba de ser reglamentada. En la oportunidad de darle tratamiento parlamentario al proyecto de reforma laboral, que será la próxima semana, el capítulo tributario es el que, como lo fue el 11 en el presupuesto, traba las negociaciones con los legisladores, ya sea que se trate de los legisladores de la oposición, o incluso de los dialoguistas más dudosos, que van zigzagueando sus definiciones a la vez que sus acuerdos y desavenencias con el presidente y los funcionarios de su gabinete.
Una vez más, los jugadores son puestos al ruedo. El Ministro del Interior, Diego Santilli, trabaja contra reloj en estas últimas horas. Es que debe llevar definiciones a Milei y su entorno y, entre ellos, principalmente a la Secretaria General de la Presidencia, Karina Milei. Para llegar a la mesa política, apenas más ampliada que la mesa chica, debe tener resuelto satisfactoriamente el intercambio con los mandatarios provinciales y los senadores que a ellos responden, a la vez que dar luz a las asperezas planteadas que impedirían convertir en ley un proyecto que compromete al presidente. El trabajo de Manuel Adorni como jefe de gabinete, pero también en su función de vocero de los actos de gobierno, los pone a ambos en una delicada situación cuando de traer resultados exitosos se trata. Y aquí se pone en movimiento la ficha de un importante funcionario, de quien por este momento depende la determinación de resolver qué decisión tomar con el tema conflictivo en cuestión.
Es Luis “Toto” Caputo, el Ministro de Economía, quien puede destrabar, con una orden, si se incluye o no un apartado cuyo contenido involucra al impuesto de Ganancias para las empresas. Si bien su rol también es político, prefiere ceñirse a los números que atañen al presupuesto aprobado, de acuerdo con la continuidad que el gobierno pretende otorgarle a su política económica. Tal como sucedió con el presupuesto, nadie quiere quedarse con el sabor amargo de resignar un tema que para el ala económica es muy importante, pero que, si bien se cuenta con los votos necesarios para la media sanción en el Senado, según el sondeo y las negociaciones de la fiel representante de Milei en la Cámara Alta, también presente en la mesa política, la senadora Patricia Bullrich, podría naufragar si algún que otro voto se le dispara en contra.
El titular de Economía tiene en consideración otras presiones políticas que parten de aquellos que también se reunieron en dicha mesa: el asesor Santiago Caputo, el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, y Eduardo “Lule” Menem. Quizás este apartado se pueda tratar más adelante cuando se desarrolle a pleno el debate de la reforma tributaria. La lapicera la tiene Caputo, el Ministro de Economía, quien está pensando en las alternativas que tiene, que no son muchas para ser sinceros, y que se deben ajustar, cualquiera de la que se trate, al programa económico en curso del gobierno, ya que también algunos gobernadores plantean la baja de impuestos para las medianas empresas, que se están quejando por las implicancias que sobre su sector pesa a la hora de producir y vender, a la vez que para obtener materia prima y sostener intacta la cadena de pagos a y de sus proveedores. El difícil contexto para contentar y convencer a todos ha convertido al Congreso en una sala de malabares para los que, en representación de Milei y los libertarios, defienden el proyecto tal como está escrito.
En medio de todo este escenario, los gobernadores opositores más duros con el gobierno quisieron reunirse en una cumbre que terminó fracasando en su propio inicio. Entre ellos se encontraba la expresión más acérrima de la oposición: el primer mandatario bonaerense, Axel Kicillof, que podría competir contra la candidatura de Javier Milei para competir por un segundo mandato en 2027. La CGT quería discutir el proyecto en el mes de marzo. También le fue negado. Mientras esto acontece, distintas agrupaciones sociales y sindicales protestan fuera de la sede del Congreso en la Ciudad de Buenos Aires, para replicar sus acciones de disconformidad respecto a la reforma laboral, en las ciudades capitales del resto de las jurisdicciones provinciales del país. En paralelo al debate parlamentario, el paro y movilización de la CGT y de ATE están garantizados.
A la certeza de la senadora Patricia Bullrich sobre la obtención de los votos necesarios para sancionar el proyecto de ley en la Cámara Alta la próxima semana, se suman las divisiones internas del peronismo que están sumando escisiones dentro del bloque legislativo. Los interbloques actúan independientemente de sus adhesiones políticas, jugando tanto a favor como en contra del oficialismo y de la oposición a la que pertenecen; prueba de lo cual es que algunos gobernadores se separaron del tronco que los nucleaba para tomar sus propias decisiones en cuanto a su voto en el Congreso, mientras otros lo están evaluando por estas horas, lo cual deriva en una sustancial merma de poder de quien preside el bloque, José Mayans. Se trata de Convicción Federal, cuyos integrantes han estado reunidos con Diego Santilli. Osvaldo Jaldo, gobernador de Tucumán, Raúl Jalil de Catamarca y Gustavo Sáenz de Salta entendieron el movimiento de fichas que puede variar para uno u otro lado, dependiendo de los intereses que defienden y pertenecen a sus respectivas provincias. Si algo está claro es que tanto ellos como otros mandatarios y sus legisladores distritales no responden a Cristina Kirchner, reemplazada en la presidencia del Partido Justicialista, luego de su condena a prisión domiciliaria, por el propio senador Mayans. Otro elemento a tener en cuenta es la presidencia de la Cámara de Senadores ejercida por la vicepresidenta de la Nación, Victoria Villarruel, quien, distanciada de Javier Milei y los libertarios, a veces mostrándose simpática, considerada y cercana al titular del bloque peronista, puede meter ese tanto en contra tan temido por el gobierno si la situación se presentase y ameritara su intervención ante un posible, hoy nada probable en el contexto planteado, desempate.
Las negociaciones continuarán en el transcurso de los días por venir, por lo que los tironeos entre el ala política y la económica, integradas en la mesa política gubernamental, continuarán hasta obtener una definición que no se demorará más allá del debate parlamentario de la reforma laboral.
Por María Belén Aramburu
24.5ºc