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13/11/2023

Debate presidencial: Cómo vi a los candidatos

Independientemente de la influencia que el debate pueda tener o no en el voto, ¿Sergio Massa se mostró mucho más sólido que Javier Milei?

Debate presidencial: Cómo vi a los candidatos

Hoy los votantes se preguntan quién ganó el debate, como una pulsación de marcación de un destino que por ahora continúa siendo incierto hasta tanto se den a conocer los resultados electorales definitivos del 19 de noviembre, para lo cual restan apenas unos pocos días.

Otra pregunta de los votantes, buscando a través del debate un vencedor, es si la exposición, en cuanto al fondo y a la forma, han determinado el ganador de las próximas elecciones. Y, como se sabe que el tiempo se acorta y la prolongada incertidumbre pronto se resolverá, se tendrá al menos la certeza de saber si es Massa o Milei el presidente que la Argentina tendrá durante los siguientes cuatro años, y con él, su equipo, programa de gobierno y modelo de país.

Esto nos lleva a que, en el deseo de obtener ambas respuestas, el análisis sea más bien a título personal, para continuar con la convicción de un voto preestablecido por cuestiones ideológicas y partidarias, para cambiarlo de haberse emitido un voto en las elecciones generales que, por el devenir de los acontecimientos, pueda llevar a una nueva apuesta, y de quienes, con las mismas dudas o aquellas recientemente generadas, puedan terminar en las urnas con un voto en blanco, impugnado o anulado. Los indecisos, a su vez, podrán optar por alguna de todas estas modalidades, incluso, la de no ejercer el derecho y obligatoriedad del voto. O sea que, salvo los más convencidos, los llamados núcleos duros de los partidos y/o frentes, el panorama está abierto a múltiples posibilidades.

¿Cómo vi a los candidatos presidenciales en el debate? Independientemente de la influencia que el debate pueda tener o no en el voto, cuestión a la que me referiré más adelante, cuando concluya mis respuestas a las dos preguntas que hoy la ciudadanía se formula en busca de respuestas, Sergio Massa se mostró mucho más sólido que Javier Milei. La diferencia entre el avezado político de una trayectoria de larga data, frente al economista devenido hace dos años en político, fue notoria. De todos modos, Milei afirmó haberse sentido cada vez más cómodo a medida que iba avanzando el tiempo del reloj televisivo.

¿Cómo lo vi a Sergio Massa en el debate? Entrenadísimo, perfectamente coacheado para el debate, y con todos los temas perfectamente estudiados, para desarrollarlos, y contestar hasta los golpes más bajos, que más allá de las chicanas, no hubo siquiera muchos de los esperados para esquivar. Se convirtió en una suerte de entrevistador, haciendo preguntas de forma permanente, modus operandi que se convirtió, diría, que hasta en la modalidad más destacada del debate, ya que Milei, menos conocedor de este tipo de encuentros televisivos, entró en un juego del cual no salió, salvo en los momentos de desarrollo de los temas. De tal manera fue impuesta esta secuencia que, en un momento dado, el libertario le preguntó cuál era la pregunta, cuando el ministro terminó de exponer un tema y calló.

Pese a este ping pong de preguntas y respuestas, las primeras de Massa y las segundas de Milei, el debate se hizo pesado y hasta cansador, ya que, para la mayoría de la ciudadanía, que ha seguido de cerca las continuas apariciones de ambos candidatos en los medios de comunicación, lo que llevaron al debate, era muy conocido e híper escuchado por todos. Un poco después de la mitad de su desarrollo, los noté cansados. Massa estaba cansado de preguntar, más allá de los buenos frutos que iba cosechando a medida de las respuestas de su contrincante. Milei, si bien aceptó, y sumisamente se metió, en el rol de entrevistado y de aquel que debe obligatoriamente responder, también se cansó de pensar en contestaciones que fueran lo más acertivas posible, o que encerraran una chicana, crítica o cuestionamiento hacia su oponente. Sus respuestas eran breves, lo cual exigía a Massa a buscar otra pregunta, de acuerdo al rol en el que este puso a ambos, cuestión que a su vez, lo terminó cansando, para optar por un desarrollo breve del tema a tratar, seguido de otro breve de parte de Milei, obligando a ambos a hablar permanentemente para que no se generaran silencios que, en el marco de un debate, más que incómodos, resultan inapropiados y significan la pérdida de oportunidad de continuar exponiendo.

El primer ítem fue la economía, tema sobre el cual se esperaba un lucimiento del libertario como economista, y su gran chance de atacar al Ministro de Economía por su desempeño al frente de la cartera, con un sinnúmero de cifras objetivas para espetarle en la cara, que pasan por los índices de inflación, pobreza, reservas del Banco Central y unas cuantas más. Pero a la vista de todos, esta gigantesca oportunidad fue desaprovechada, cuando, ni bien comenzó el debate, Massa extendió un tablero de juego a su medida, donde movió sus fichas a piacere, para descolocar rápidamente a su adversario, quien se sintió obligado a defenderse, perdiendo un rol fundamental que le hubiese jugado a su favor desde el primer minuto. Ni Massa creyó que le iba a ser tan fácil meterlo de prepo en su juego, ni Milei esperaba esto ocurriese, por lo que la sorpresa los tomó a ambos, jugando a favor del ministro. Como en un ring de boxeo, Massa pegaba y Milei intentaba esquivar los golpes en lugar de atacar y contraatacar.

El juego con sus reglas, establecidas desde un primer momento por Massa, se mantuvieron en casi todo el desarrollo del debate. La única queja que estableció el jugador al que se los impusieron, fue la opción de un sí o un no como respuesta, a modo de acorralamiento, pero no la permanente pregunta a la cual este se terminó acostumbrando. Massa demostró su habilidad como político, acostumbrado a exponer, ofrecer discursos, responder en entrevistas individuales y conferencias de prensa, negociar con la propia tropa y la de enfrente, los debates y el asiduo desempeño en los diversos medios de comunicación, con la cintura que lo caracteriza. Milei, en cambio, si bien se mostró a sí mismo y, por ende, se lo vio muy natural, prescindiendo de exabruptos exagerados que hubieran provocado rechazo, transformándolos en sonrisas burlonas, fieles a su estilo, exponiendo con mayor moderación y mesura respecto de otras apariciones, fue hombre de pocas palabras, muy corto en el desarrollo de los temas, sin capacidad de respuesta para las chicanas o ataques, con escasas ganas de hablar y, si bien ganó experiencia en sus repetidas apariciones públicas, esto no le alcanzó para demostrar más pericia que su contrincante.

Massa sabía que Milei, principalmente asesorado en esta cuestión por el ex presidente Mauricio Macri, y que además este se encargó de señalar cada vez que lo entrevistaban, lo iba a tildar de mentiroso. Lo que no sabía Milei era que Massa, a sabiendas de la utilización de este calificativo, también lo iba a adjetivar a él de la misma manera, una y otra vez, para igualarlo, al menos en esta consideración.

Los recientes y los pasados actos de corrupción, de funcionarios del actual gobierno y del kirchnerismo, al igual que los números objetivos de la economía actual, bien podrían haber sido aprovechados por Milei, para preservar y captar votos antikirchneristas. Pero nada de esto fue empleado a su favor. Éstos hubiesen sido buenos puntos a tratar, cosa que los televidentes y votantes también esperaban, pero que no ocurrió, para los cuales Massa contaba con entrenamiento suficiente como para dar respuesta a cada uno y todos ellos.

A Milei le faltaron conocimientos esenciales del funcionamiento de la gestión política administrativa, y a Massa le sobraron, justamente por haber formado y formar parte de la estructura de gobierno. La gestión aporta sabiduría del manejo del quehacer diario de la política y la economía, pero para la exposición en un debate, es algo que se puede adquirir y transmitir, a través del estudio y asesoramiento de los equipos de trabajo asignados a tales propósitos, que trabajan para y con cada uno de los candidatos. La falta de información lo dejó expuesto en algunas oportunidades que no pasaron inadvertidas, pero pudieron haber sido evitadas, o superadas al menos, con herramientas que cualquier político tiene a mano, sobre todo, para ser utilizadas en situaciones de stress o de supuestos callejones sin salida. Tendrá que aprender de sus recientes errores y aprovechar este aprendizaje para la corta carrera que lo espera para llegar al final.

De acuerdo con lo expuesto en mi editorial de @Haceinstantes cabe preguntarse si el debate y las conclusiones que cada uno extraiga del mismo, condiciona o determina un resultado electoral. A favor de ambos me atrevo a decir que se mostraron como realmente son de una manera muy aproximada, genuinos, fieles a sus estilos, si bien inmersos en el contexto en el cual se encontraban que, además, era televisado. Desde mi punto de vista cada uno debe hacer su propio análisis, reitero, con los elementos de los cuales dispone, siendo uno de ellos, el contenido en cuanto al fondo y las formas del debate.

Los resultados electorales son los que definirán si hubo o no un condicionamiento o determinación en el voto, acorde con el desarrollo del debate. Y para ello habrá que esperar. Falta poco. Por mi parte considero que el votante decidido no cambia su voto. El que no es parte del núcleo duro de ningún partido político y/ o frente puede ser susceptible de inclinarse a uno u otro candidato según el debate y otras cuestiones que considerará o deberá considerar, ya que cada uno tiene un programa político y económico diferente, basado a su vez, en un sustrato ideológico y de ideas que los distingue. Y la gran incógnita pesa sobre la resolución de los indecisos sobre los que puede influir en algo su decisión, aunque quizás, algunos, por su propio posicionamiento en el espectro político, ni siquiera hayan mirado y/o escuchado atentamente el debate y sus repercusiones.

¿Alguno de los dos candidatos ganó el debate? Pregunta que se relaciona con la anterior, en busca de probables respuestas. ¿El que tiene mejor retórica es el que gana un debate presidencial? ¿El que tiene el mejor discurso? ¿El que maneja mejor los contenidos de cada uno de los temas mostrando su programa de gobierno? ¿El que muestra mejores modales? ¿El que presenta mejor aspecto en cuanto a su salud y bienestar? ¿El que se expresa mejor con la palabra, gestualidad facial y corporal? ¿El que se viste más adecuadamente? Todo esto se entrena, y para ello existe el media training que le brinda al candidato la posibilidad de mostrar la mejor versión de sí mismo y del proyecto a plasmar en pos de la ciudadanía. Algunos lo necesitan más y otros menos, pero al fin y al cabo, todos los candidatos requieren de esta información, la de manual y la personalizada, adaptada a cada cual.

Otra cosa muy diferente es lo que la gente percibe, piensa y siente, de lo que se dice y cómo se lo dice. La gente decide, en definitiva, quién quiere que lo gobierne. Y ese es el poder que, ejercido con enorme responsabilidad, tiene el ciudadano a través de su voto.

Por María Belén Aramburu

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