Editorial HI
18/03/2021

La vida en pandemia sin vacunas y cerca de la segunda ola, por María Belén Aramburu

La vida en pandemia sin vacunas es complicada aunque todos nos hemos habituado, algunos más, otros menos, a vivir en medio de ella con las restricciones que fueron surgiendo, incrementándose unas y debilitándose otras.

La vida en pandemia sin vacunas y cerca de la segunda ola, por María Belén Aramburu
Autor: María Belén Aramburu
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a falta de vacunas en nuestro país y el mundo, por su producción y distribución, trae aparejada un serio problema de salud. En la Argentina las dosis escasean más en algunos distritos que en otros, según denuncian por ejemplo en la ciudad de Buenos Aires que no contará con vacunas para este fin de semana si no llegan nuevas dosis, siendo su estimación de vacunación para junio o julio de todas las personas mayores de 60 años además de las que tienen enfermedades que agregan riesgo al Covid19. La provincia de Buenos Aires, a la que se señala con la mayor cantidad de dosis disponibles salió a responder a la administración de Rodriguez Larreta con el argumento de ser el distrito que recibió la mayor cantidad de vacunas en relación con el número de habitantes pero que semiprivatizó el operativo a través de la firma de convenios con prepagas y obras sociales. Lo cierto es que resulta imperioso vacunar cuanto antes a la mayor cantidad de personas posible, sobre todo a las de mayor riesgo considerando el número de vacunas disponibles en base a la cantidad de habitantes de cada distrito y dentro de esa población, los rangos etarios, de riesgo y esenciales que tienen una ponderación específica a la hora de organizar y concretar la distribución de las dosis.


 La falta de vacunas en el mundo se profundiza con la negativa a disponer de algunas de ciertos laboratorios. En Europa salvo Gran Bretaña, obviamente por ser propia, se resisten a la aplicación de la AstraZeneca, en la Argentina el gobierno planteó que hubo problemas para adquirir la Pfizer pese a que 6.000 voluntarios la testearon en nuestro país, y así con otros. Con el tiempo los países que aún no lo han hecho, podrán contar con sus propios laboratorios que les faciliten la producción de una vacuna propia para prevenir el Covid19 con sus distintas variantes, y el otorgamiento de licencias de los que actualmente la producen como lo ha hecho AstraZeneca con la suya, cuya producción para desarrollar la Covishield por medio del laboratorio indio Serum, está siendo aplicada en la Argentina.

 Chile encabeza el ranking de mayor cantidad de vacunados hasta el momento, contando con vacunas de varios laboratorios, aunque pese a su alto standard, admite haber cometido errores en la vacunación, habiendo aplicado la Sinovac a un bebé de 6 meses cuando esta vacuna no está recomendada para menores de 16 años y que 10 personas que inicialmente habían recibido la vacuna desarrollada por Pfizer y Biontech hayan recibido como segunda dosis la del laboratorio chino Sinovac. El país vecino espera tener vacunada al 80% de la población para el 30 de junio. Buen porcentaje, plausible por cierto ante la demora de otros en llegar a ese número para mitad de año.


 La falta de vacunas en un contexto en el que se prevee la llegada de la segunda ola, obliga a tomar medidas. Las últimas están vinculadas con los anuncios realizados por el presidente Alberto Fernández y la Ministra de Salud de la Nación, Carla Vizzotti, para restringir la salida y entrada de personas desde y hacia el exterior. La mayor se aplica a Brasil con el 70%, país en el que el virus apareció con la modalidad P.1 que tuvo su origen en Manaos, extendiéndose rápidamente desde esa región al resto del país y a otros mediante los viajes y circulación de personas, con la característica de mayor contagiosidad. Apareció, de manera preocupante, en la provincia de Córdoba sin ser por ahora de circulación comunitaria. Nuestro país vecino se ha convertido en temido por la aparición de esta cepa, así como lo es Gran Bretaña con la suya, con los vuelos totalmente restringidos desde y hacia ese país y Sudáfrica por la suya. Estados Unidos con la cantidad de infectados, pero a su vez siendo de los países con mayor celeridad en la aplicación de la vacuna, contando además y nada menos que con laboratorios propios de desarrollo, como la Pfizer, Moderna y Johnson & Johnson, tiene una restricción actual del 40% impuesta por la Argentina. A otros países se están restringiendo los viajes al 30%.

 Otro tema es el de la circulación interjurisdiccional. El intercambio turístico o por razones laborales o de fuerza mayor están siendo evaluadas por los distritos ante el aumento de casos, la situación epidemiológica y del sistema sanitario de cada uno de los 24 y la probable aunque no confirmada ni aparecida aún, segunda ola en nuestro país con el análisis que mantendrán las provincias y el gobierno nacional a este respecto. De este modo aparecen situaciones en las que se plantea el cierre de fronteras que por el momento se circunscribe a las terrestres, siendo que los pasos aéreos están solamente habilitados para argentinos o extranjeros residentes.

 La posibilidad de la vigencia de un turismo sanitario, una vez que los estados que tengan mayor disponibilidad de vacunas, un sistema sanitario ordenado y su población vacunada en su casi totalidad se aproxima como una oportunidad para el que pueda viajar y suministrársela en las condiciones que fije el estado receptor de los demandantes de la vacuna, recordando que, muy especialmente en tiempo de pandemia que afecta a la población del mundo entero, globalizando la enfermedad y su contagio, la vacuna es un derecho que asiste a todos, un bien social, y no una mercancía. Esto último marca una enorme diferencia a la hora de poner en práctica operativos de vacunación que deberían contemplar la solidaridad para los más desprotegidos.

Por María Belén Aramburu

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