Editorial HI
05/01/2021

El sano equilibrio entre salud y recreación

El problema del coronavirus y las vacaciones en Argentina...

El sano equilibrio entre salud y recreación
L

legó el principio de un nuevo año y en la psiquis individual y social, existe una suerte de relajación que estaría vinculada con la necesidad de un comportamiento más acorde a una finalización de la pandemia que a una continuidad de la misma. Pero ésta, lejos de terminar, aparece con novedades como la mutación del virus, su mayor virulencia en algunos países como Inglaterra y Sudáfrica, y con menor intensidad en Brasil, aunque de todos modos presentando una variación, y su aparición transformada en algunos casos en la ciudad de Buenos Aires y la provincia homónima.

 

Las mutaciones del virus y su multiplicación en los países europeos cuya mirada dirigimos no sólo por el comportamiento adoptado por el propio virus, sino también por una cuestión estacional ya que atravesaron el verano y nosotros estamos haciendo lo propio con las consecuencias de una mayor circulación de personas por nuestro territorio, pocas precauciones y crecimiento de contagios, aunque contando con la aparición y aplicación de vacunas contra el COVID19, por el momento en una sola versión, la rusa, y con sólo 300.000 dosis, trae aparejado un análisis exhaustivo de medidas a tomar, tanto en el orden individual como social.


Las imágenes de 400 jóvenes en Pinamar en una fiesta a pura música y baile, son sólo una muestra del descontrol de otras cuantas fiestas y reuniones que en la clandestinidad buscan satisfacer deseos grupales de diversión, exacerbadas en su programación y ejecución por el encierro del 2020 como consecuencia de la pandemia, el padecimiento de la falta de vínculos presenciales, abrazos, conversaciones cara a cara, inherentes a la sociabilidad, cuestión esencial del ser humano, el desenvolvimiento relacional como si el inicio del año le hubiese dado un corte a lo vivido el año anterior y estuviésemos en una etapa más benigna, sin COVID19, con una parte de la población, la más vulnerable, vacunada y exenta de contraer enfermedad alguna vinculada a este virus. Una ilusión que quizás signifique escaparse de una realidad dura, concreta, que implica continuar con una situación semejante y no se sabe si peor de venir un llamado rebrote o segunda ola como ocurre en Europa.


Durante el verano europeo se vio una relajación muy grande por parte de su población que, por habitar países pequeños en sus dimensiones territoriales, viajó de un estado a otro, sin tomar las debidas precauciones, contagiándose el virus con mayor asiduidad y especialmente en los lugares en los que éste mutó, observándose una mayor virulencia en algunos casos. Nuestra atención puesta en el viejo continente nos advierte sobre la alta probabilidad de una segunda ola ante el aumento de los casos en nuestro país.

 

El verano, las vacaciones, el cansancio del año transcurrido que en muchos casos se convirtió en stress, las ganas y por qué no también la ansiedad que la pesadilla de la pandemia termine, son un cocktail peligroso para esta época en que los casos aumentaron ostensiblemente mientras se espera la llegada de vacunas que completen las dosis necesarias para la cobertura de los sectores más vulnerables mientras se mira a qué país se le compra y a cuál no.

 

Si bien en nuestro país se piensan medidas más restrictivas, ya sea al menos nocturnas, en una franja horaria que iría de 22 hs a 6 hs como se venía implementando en algunos lugares en Europa a la vez que se habilitaban o dejaban de habilitarse algunas actividades a la par de la situación epidemiológica de la cual se tratase, algunos van tomando conciencia de lo que podría suceder si las palabras del presidente Alberto Fernández que resonaron fuertemente en los oídos de los argentinos, “el riesgo de que todo vuelva a paralizarse existe”, se llevan a cabo con medidas concretas, sobre todo en las zonas de mayor concurrencia turística como lo es actualmente la Costa Atlántica.


La franja etaria de los más jóvenes, aunque no todos, por supuesto, es la que menos adopta medidas de prevención como lo son la utilización del barbijo, la distancia social y el uso de alcohol en gel. Saben que de contagiarse, el riesgo que corren de una severidad de la enfermedad es mínima y que se encuentran a resguardo, por su edad y su sistema inmunológico, de no presentar comorbilidades, de necesitar un respirador, una internación o llegar al extremo de la muerte. Sin pensar en los contactos más estrechos con sus familiares, a ellos los ponen en peligro en la convivencia diaria, hacen una vida bastante cercana a la normal.


Hay quienes apelan a la responsabilidad individual, ya sea que lo hayan sostenido desde el minuto uno de la pandemia, o desde ahora en que temen haya un rebrote o segunda ola y cuidan su salud y la de sus seres queridos y/o por el temor que les genera saber que se podría volver a medidas restrictivas que impidan vivir una cuasi vida normal a la que se estaban acostumbrado, regresando varios casilleros para atrás.


El gobierno nacional, más allá de las recomendaciones de epidemiólogos e infectólogos cercanos al presidente Alberto Fernández, se encuentra hoy en una encrucijada respecto a qué medidas adoptar. Los gobiernos de todos los distritos también y aún más los de los municipios en cuyos balnearios el alcohol y las fiestas se multiplican aunque intenten ser controladas por sus jefes comunales.


Tanto el presidente Alberto Fernández como su jefe de gabinete Santiago Cafiero en su rol de coordinador de estrategias con los distritos, saben que más allá de los ejemplos en países europeos y otros de la región, resultaría muy complicado establecer una normativa bajo la cual se establezcan cierres de actividades que hoy están permitidas, más aún en pleno verano con altas temperaturas y en período de vacaciones. Los jefes de distritos temen una explosión social y económica después del hartazgo de 2020 si, con el marco que pueda fijar el gobierno nacional, deban aplicar cierres aunque sea temporarios. La situación más compleja correría en este sentido en el AMBA para Horacio Rodríguez Larreta y Axel Kicillof, sobre todo para este último que, excediendo el ámbito geográfico del conurbano concentra los desplazamientos internos y de turistas en especial en la Costa Atlántica. Tal es así que el gobernador Kicillof acaba de acordar con los intendentes de la costa la intensificación de medidas de prevención dejando de lado la aplicación de medidas restrictivas.


Otro tema a resolver es el de los turistas que se encuentran en el exterior y sus cuidados, de dónde provienen y cómo se los controla de manera estricta para evitar la propagación de contagios, especialmente si regresan desde Gran Bretaña.


Vía Wap se están difundiendo saludablemente manera de cuidarnos frente al coronavirus remarcando la distancia social, el lavado de manos, el uso de alcohol en gel y la utilización del barbijo. Esto contribuye a aumentar el sentido de responsabilidad individual y familiar.
 El aumento de los casos preocupa y mucho cuando la población que podría resultar la más afectada no se encuentra vacunada contra el COVID19. Sólo un pequeño porcentaje recibió la primera dosis de la vacuna rusa.


La más eficiente y eficaz manera de cuidarse y cuidarnos es la prevención. Los cuidados anteriormente mencionados, estar atentos en los encuentros entre personas con las indicaciones que se dieron acerca de los espacios abiertos y en los cerrados habilitados, con la distancia social correspondiente y el uso de barbijos además de la higiene frecuente de nuestras manos, el cumplimiento estricto y necesario de la cuarentena en los casos positivos, el testeo y todo tipo de prevención que colabore a no contraer la enfermedad hoy más que nunca se vuelven imprescindibles.


El sano equilibrio entre salud y recreación es el que debe imperar hoy.

 

Por María Belén Aramburu

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