Editorial HI
27/02/2020

El coronavirus cambia nuestros hábitos, por María Belén Aramburu

“Hay que estar preparados para una pandemia” alertó la Organización Mundial de la Salud.

El coronavirus cambia nuestros hábitos, por María Belén Aramburu
E

l coronavirus llegó para cambiar nuestra forma de vida de un modo u otro, nuestros hábitos, dependiendo del lugar geográfico en el que nos encontremos.
 
Hasta ahora se conocían, según los especialistas, seis coronavirus que derivaban en enfermedades respiratorias severas, a los que se sumó un séptimo que es el que apareció en Wuhan, China. La severidad de la enfermedad ocasiona entre el 2 y el 2,5% de víctimas fatales en China y menos del 1% fuera de sus fronteras, llegando al 0,7%, muertes asociadas a enfermedades preexistentes y edad avanzada, tasa de mortalidad más baja que la de la gripe que ya es conocida. Se expenda aún más que los casos advertidos en el 2002, pero con menor cantidad de casos fatales.
 
Dado que deseamos que ningún caso sea fatal y cada uno de ellos por más explicaciones que lo justifiquen lo lamentamos, debemos aclarar que no estamos preparados para este virus ni con un tratamiento específico ni con vacuna alguna. Esto se debe a que es totalmente nuevo, para nosotros como sistema y en cuanto a que nuestros cuerpos carecen de anticuerpos para enfrentarlo, ya que proviene de una especie animal. Del animal pasó al humano y el contagio se propagó entre los humanos.
 
“Hay que estar preparados para una pandemia” alertó la Organización Mundial de la Salud. Y encendió una alerta en el mundo, más allá de China y sus fronteras, con la aparición de nuevos casos de infectados, víctimas fatales y dudosos puestos en cuarentena.
 
Por tratarse la propagación del contagio entre personas a través de secreciones o apenas gotitas que se desprenden de la tos o el estornudo de alguien cercano infectado, es que se comienzan a tomar recaudos. Desde el cierre de escuelas, suspensión de partidos de fútbol y espectáculos masivos, vuelos, transporte público y fronteras en los casos más extremos en algunos países, hasta el delivery que llega hasta la puerta de un edificio y no al del departamento para evitar contactos cercanos, la utilización generalizada de barbijos, el saludo a mayor distancia, el lavado más frecuente de manos además del uso de alcohol en gel que apareció siendo más común y cotidiano a partir de la aparición de la Gripe A.
 
Recuerdo el 2009, cuando a fines de abril llegó a la Argentina el virus de la influenza A (H1N1), conocido como gripe porcina o gripe A, por medio del contacto aerocomercial con áreas endémicas, principalmente México y Estados Unidos. Durante ese año y como consecuencia de esta enfermedad, hubo 10.000 casos en el país y 625 muertes confirmadas oficialmente.
 
Recuerdo el pánico que generó y la responsabilidad de la transmisión de información fidedigna por parte de los medios de comunicación previniendo a la población por los probables además de los confirmados contagios.
 
Más allá de las diferencias entre el coronavirus Covid-19 y la gripe A, para no detenerme en cuestiones médicas, a lo que quiero llegar es a los cambios de hábitos que se generaron en aquel entonces y los que se están produciendo ahora.
 
Si bien en Argentina no hay ningún caso confirmado de coronavirus Covid-19 y el clima imperante es el típico del verano, poco falta para ingresar en la estación otoñal e invernal con mayores probabilidades de contagio. El mundo globalizado y el traslado de un lugar a otro de pasajeros convierte al mundo entero, más allá de la zona donde el virus presenta su principio más activo, en un lugar vulnerable.
 
Los sistemas de salud del mundo están tomando previsiones, algunos hasta improvisando por la aparición de pacientes actuales y potenciales, aumentando la cantidad de camas en los hospitales, robots que se acercan a las puertas de las habitaciones de aquellos que se encuentran aislados por tratarse de casos sospechosos para traerles su comida, el aislamiento empleado ante la aparición de alguno de los síntomas de esta enfermedad y los protocolos de acción inmediata ante cualquier duda con centros de salud para asistir de manera urgente, con modificaciones implementadas sobre todo en aeropuertos, cruceros y sistemas de transporte masivos.
 
Dado que lo principal es actuar sobre la prevención, además de eficientemente en casos confirmados, la población ha comenzado a comprar barbijos que, según me han aclarado algunos médicos, protegen más a los demás de uno y viceversa, y en caso de estar infectado, haciendo hincapié en que no debería tocarse el barbijo aquel que lo utiliza. Lavarse con frecuencia las manos, usar alcohol en gel después del lavado, taparse al toser o estornudar con el brazo, advertir y avisar sobre cualquiera de los síntomas señalados, aislarse hasta detectar el tipo de enfermedad contraída y seguir los protocolos indicados, son algunas de las medidas preventivas a ser utilizadas.
 
De la actuación rápida y eficiente de nuestros sistemas de salud y la responsabilidad individual, depende evitar su propagación,
 
Las recomendaciones que en el 2009 llegaron al país para evitar aglomeraciones y concentraciones masivas ya sean públicas o privadas aún no se repiten.
 
Estemos atentos.
 
Sin alarmarse, estando informados y actuando en consecuencia.

 

Por María Belén Aramburu

 

 

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