Editorial HI
26/09/2019

Después del Fondo, ¿qué?, por María Belén Aramburu

La realidad es una sola: se contrajo una deuda que deberá ser renegociada.

Después del Fondo, ¿qué?, por María Belén Aramburu
Autor: María Belén Aramburu
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espués del Fondo Monetario Internacional, luego del préstamo, con el capital e intereses a cuestas representando una deuda imposible de pagar en las actuales condiciones, ¿qué viene?, ¿qué nos espera?
 
Cuando le pregunto a economistas de diversas ideologías y posturas en relación con la actitud que debiese haber adoptado el país en momentos de atravesar una crisis financiera de tal magnitud en que el mercado de capitales estaba cerrado, nadie estaba en condiciones de prestarnos dinero y se acudió al Fondo por un total de US$57.000 millones, la respuesta es variada dependiendo del lugar en el que se ubique cada uno, por lo que algunos me manifiestan que no había otra salida que endeudarse y era el crédito más barato y el único accesible y otros que hubiesen acudido a la implementación de otras acciones tal como la emisión de moneda para cubrir los baches.
 
Lo cierto es que en uno u otro caso o el que fuese, la realidad es una sola: se contrajo una deuda que deberá ser renegociada en las actuales condiciones en que se encuentra la Argentina.
 
El llamado reperfilamiento está enmarcado en otra alternativa de solución de pago de la deuda con el cambio de bonos a más largo plazo por lo que rige una ley extranjera y otra local que es la que se busca a través de una sanción de un proyecto de ley en el Congreso.
 
A esto se suma un desembolso de US$5.400 millones que no se vislumbra aparezca hasta después de las elecciones del 27 de octubre o, de ir a una segunda vuelta, después del ballotage, para saber con quién se deberá negociar. El Fondo quiere conocer a su interlocutor válido y la oposición no quiere firmar algo que le quede como parte de una herencia a la que innegablemente deberá hacer frente.
 
¿En qué puede cambiar el desembolso de los US$5.400 millones? ¿Puede traer un alivio financiero? ¿Puede servir para que el Banco Central intervenga para contener al dólar más allá del consabido instrumento de política monetaria de la utilización de las tasas elevadas? De ser utilizados para controlar un dólar en una economía vulnerable y volátil sólo alcanzaría para cubrir 13 días aproximadamente a razón de US$400 millones diarios por poner una cifra estimada de intervención, como comenté en una editorial anterior. Más, menos, no tiene largo alcance esta cifra. Desde lo numérico no es significativo. Desde lo político sí lo es. Estaría demostrando que el Fondo cumple con su parte del contrato al desembolsar este tramo. La mirada no está sin embargo en el Fondo sino en nuestro país. Pero, de recibir el dinero lo que se estaría demostrando es que hay confianza.
 
Una palabra clave para entender este tema es “confianza”.
 
Si le prestás a alguien, a una institución, un organismo o un gobierno dinero, es porque confiás en que te lo va a devolver en tiempo y forma.
 
En el caso en que el deudor no pueda devolver el préstamo en las condiciones establecidas las partes pueden renegociar. La deuda se puede refinanciar: se emite deuda a un plazo a determinar y se pagan los intereses. Se emite un nuevo bono para pagar el capital cuando llega el momento de su vencimiento y se continúa con el pago de intereses. De la confianza surge que se pueda tomar deuda a tasas más bajas. En el reperfilamiento en el que se basa el proyecto de ley que busca sanción en el Congreso, se canjea deuda que ya se emitió por otra que vence a más largo plazo. Permite también rescatar deuda en dólares y cambiarla por una en moneda local como hizo por ejemplo Brasil. La reestructuración difiere de las anteriores opciones ya que contemplaría una quita de la deuda.
 
Vastas experiencias con el Fondo Monetario sirven para ilustrar cada una de estas alternativas. Innumerables países han tomado deuda, han devuelto el préstamo o caído en default.
 
La palabra default, hablando de palabras a tomar en consideración es la temida por el Fondo y alejada del escenario por oficialistas y opositores que muestran su intención de hacer frente al compromiso contraído aunque en diferentes formas. En circunstancias de crisis nos alejaría del mercado de capitales internacional aunque algunos aseguren que ya estamos afuera del mismo siendo poco confiables para préstamos y poco previsibles para inversiones.
 
Desde que se contrajo el crédito es que se sientan funcionarios gubernamentales y opositores con miembros del directorio del Fondo, aunque con distintas responsabilidades y compromisos. No hay un cogobierno ni un gobierno de transición pero sí un resultado de las PASO con amplia diferencia a favor de la oposición que está armando una estrategia en el caso de obtener un resultado positivo en las próximas elecciones.
 

¿Qué cambiará de ser sancionado el proyecto de ley en el Congreso? Demostraría voluntad de pago, sería un gesto político de acuerdo entre sectores, alejaría del vocabulario la palabra default, no atemorizaría al mercado de capitales internacional y, para algunos empresarios sería un gesto que aliviaría el acceso al crédito para su financiamiento sobretodo a los más pequeños y asfixiados por la crisis.
 

Queda claro que después del Fondo sigue el Fondo porque hay que pagarle, con la modalidad que se acuerde. Se pagarán los intereses y el capital. Habrá que ver cuánto y cómo. Después del Fondo viene el Fondo a revisar nuestras cuentas controlando que se cumpla lo pautado para hacer frente a los compromisos y a pautas de crecimiento, déficit fiscal, inflación y otras variables. Después del Fondo sigue la inflación y los números de desempleo, pobreza, capacidad ociosa en la producción, bajo consumo y demás. Después del Fondo se deberá transitar la crisis trascendiéndola para lograr el repunte gradual de la economía que alcance a vastos sectores de la población y modifique la economía de nuestro país. Antes, durante, después y pese al Fondo somos una Nación y debemos resguardar nuestros intereses ante todo.

 

Por María Belén Araamburu

 

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