Editorial HI
19/07/2019

Basta de campañas sucias, por María Belén Aramburu

En cada partido político hay personas entrenadas especialmente para inundar las redes de noticias falsas.

Basta de campañas sucias, por María Belén Aramburu
Autor: María Belén Aramburu
Definamos qué es campaña sucia y qué es un insulto. Decirle a alguien que es marxista no es un insulto, y decirle que es de La Cámpora tampoco” expresó la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, defendiéndose de acusaciones pero también mostrándose preocupada por los inventos que se dijeron sobre sus hijas.
 
“Me tiene muy preocupada el grado de agresión, la campaña sucia y muy violenta del gobierno y el oficialismo” dijo la precandidata a la vicepresidencia por el Frente de Todos, Cristina Fernández de Kirchner.
 
En las redes sociales participan activamente los trolls, bots informáticos, partidos políticos, usuarios con cuentas falsas y así las agresiones se multiplican al compás de la campaña electoral. La difusión de las fake news están a la orden del día con información apócrifa, encuestas truchas, calumnias y datos inexactos.
 
Hay un vacío legal en relación con la falsa información.
 
En Brasil existe un Consejo Consultivo sobre Internet y elecciones. Se advierte a la ciudadanía que no toda la información que circula por las redes sociales es fidedigna, además de caberle una sanción a quien destruya la imagen de un candidato a favor de otro.
 
En Estados Unidos se creó una Comisión Investigadora de fake news en el Senado.
 
En la Unión Europea están evaluando la regulación de la información que circula online.
En nuestro país, la Cámara Nacional Electoral firmó acuerdos con Instagram, Facebook y Twitter, creó un registro de cuentas y sitios web oficiales de alianzas, autoridades de partidos políticos, obligándolos a entregar el material audiovisual usado en Internet y en las redes sociales, aunque se admite la dificultad de monitorear el Wap acá y en el mundo.
 
En cada partido político hay personas entrenadas especialmente para inundar las redes de noticias falsas.
 
Podemos protegernos de la información falsa dudando de las que aparecen y rápidamente se propagan, chequeando esta información utilizando un buscador.
 
Lo cierto es que en las redes se advierte fácilmente cómo los que están decididos con su voto no admiten ningún comentario adverso contra su candidato aunque sí se encargan de viralizar el que ensucie al adversario dándolo por cierto o, al menos, sin dudar de su contenido y procedencia. Aparece el rasgo psicológico de lo que se quiere creer o no, más allá de la publicación. Se da entonces un fenómeno de aglutinamiento de los que piensan del mismo modo, reforzando las fake news que luego critican si afectan sus intereses.
 
Por lo cual toda esta información falsa se da en una doble vía de expresiones manifiestas de los candidatos implicados por un lado, a través de su verbalización en entrevistas difundidas en distintos medios y la viralización en las redes sociales.
 
Lo perjudicial de la campaña sucia es que trasciende la negatividad.
 
A diferencia de la campaña propositiva que ofrece programas de gobierno a concretarse de ganar las elecciones, resaltando las virtudes del candidato y del partido al que representa y pertenece, la negativa resalta errores de los candidatos opositores como si los pusiera bajo una lupa, sin descuido de ningún desperfecto.
 
La campaña política negativa tiende a desestabilizar al adversario, no sólo por su contenido, sino también porque lo pone en una situación de defensa permanente. Debiese saber quien la propicia y emite que también puede provocar el efecto contrario al buscado. Que los votantes pongan en un lugar de víctima al atacado, que se cansen de los mensajes negativos y critiquen a quien los emita y desvíen finalmente su voto.
 
La campaña sucia no se ocupa de resaltar defectos sino de crearlos, con la intención de dañar al adversario. Busca engañar al votante y viola las reglas éticas. Recurre a la emocionalidad de los votantes. Desprestigia al adversario. Ataca sus atributos para volverlo vulnerable.
 
Que el medio justifica los fines se le atribuye a Maquiavelo en su obra El Príncipe hace ya varios años y quizás con desconocimiento de su contexto histórico y más allá de su advertencia por los manejos espurios de la política en sus tiempos:
 “... llega a ser también príncipe de otros modos, sin deberlo todo a la fortuna o valor. El primero es cuando un particular se eleva por una vía malvada y detestable al principado, y el segundo cuando un hombre llega a ser príncipe de su patria con el favor de sus conciudadanos”.
 
Creo debiese haber un consenso social, explícito si se quiere, pero se requiere sea previamente implícito, sentido y creído, sobre lo que es ético y antiético, beneficioso y perjudicial, aceptable e inaceptable, para que no rija el “vale todo” en las campañas políticas en el marco de procesos electorales que por otra parte convierten un año entero en confrontaciones de todo tipo en vistas al triunfo y derrota del oponente.
 
“No vale todo” digamos quienes no somos proclives a estas prácticas desleales y antiéticas, contribuyendo a no reenviar contenidos que llaman la atención por su falta de veracidad, sembrando la duda de las publicaciones y conversaciones que tengan este sustento, y contribuyendo al ejercicio de una ciudadanía responsable y madura que pretende vivir en un estado democrático bajo una saludable forma de gobierno republicana.
 
A lo que voy es que todos tenemos nuestra responsabilidad al poder discernir qué es cierto de lo que no.
 
Tener un espíritu crítico parte de dudar, no dar por cierto todo lo que escuchamos de parte de los candidatos y sus seguidores, y estar lo suficientemente informados como para, a la hora de emitir nuestro voto y cumplir con nuestro derecho y obligación cívicos, lo hagamos con la certeza que es lo mejor para nosotros y el bien común.
 
 
Por María Belén Aramburu 
 
 
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