¿Qué significa el triunfo de Lula para Milei, Argentina y la región?
El apoyo de Milei a Bolsonaro fue suficientemente explícito como para recordarle a ambos mandatarios que la sociedad que estos dos países supieron mantener como socios comerciales hoy goza de absoluta fragilidad.
El reciente triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil significa la continuidad de un statu quo en el país vecino para la Argentina y su gobierno. De todos modos, vale aclarar que el candidato opositor, Flávio Bolsonaro, afirmó que “es imposible reconocer” esta victoria que se dio en la segunda vuelta, por la decisión que tomó un juez de ampliar en 2 horas el horario de votación, por lo cual pedirá “la anulación de las elecciones”. La consideración se basa en que “un ministro del Tribunal Supremo, por primera vez en la historia de, un exabogado de Lula, toma una decisión a petición de un antiguo socio suyo y cambia las reglas del juego a mitad de la jornada”, según las palabras del senador.
Hubo problemas con el transporte público y con las inclemencias del tiempo también, por lo cual ayer salió a la luz que los candidatos habían pedido una prolongación de la apertura de los centros de votación, algunos de los cuales ya habían cerrado cuando se dio a conocer la decisión. Lula reclamó el alargamiento horario para todo el país. Bolsonaro solo para unos estados. La justicia elevó la petición a nivel nacional. Al solicitarse la anulación, y por el motivo esgrimido, el partido de la oposición en Brasil comparó lo sucedido con las circunstancias que caracterizaron, en 2015, las elecciones en Venezuela, cuando se encontraba en el poder Nicolás Maduro. Bien se conoce el proceso por el que pasó ese país, con intervención de vendedores internacionales y, posteriormente, el cierre de la indefinición por parte de los Estados Unidos. Maduro asumió un nuevo mandato en enero de 2025 y, un año después, fue capturado en una operación militar norteamericana, a partir de lo cual se encuentra gobernando interinamente, quien era su vicepresidenta, Delcy Rodríguez. En Brasil la situación es diferente. Hay un pedido de anulación del candidato derrotado, por lo explicado anteriormente. En Venezuela hubo denuncias de fraude que quedaron respaldadas por actas electorales.
Fue voto a voto esta elección. De hecho, quedaron separados por solo un poco más del 3%. Poquísimo, muy estrecha la diferencia entre ambos, luego de que, en la primera vuelta, aunque sin alcanzarle, Bolsonaro había sido el victorioso, mientras que las encuestas también lo mostraban como ganador por un muy estrecho margen que, desde ya, era peligroso, solícito. No se esperaba el triunfo de Lula, pese a que la diferencia a favor de Bolsonaro en dichas encuestas era de apenas un 2%. En ese país, nunca un presidente que ganara la primera vuelta había sido derrotado en la segunda. Y también es la primera vez en que un primer mandatario se convierte en presidente por cuarta vez. Con este triunfo de Lula y del Partido de los Trabajadores, vendiendo a todos a cuál será la determinación que se tome respecto del pedido de anulación del proceso electoral de parte de Bolsonaro, se instaura una etapa de continuación del período anterior, no solo en cuanto a su programa político de gobierno con un plan económico ya conocido, sino también la continuidad de una relación distante entre nuestro presidente, Javier Milei, y el brasileño, además de un tablero de poder regional que desbarata los sueños del argentino y del norteamericano Donald Trump.
El apoyo de Milei a Bolsonaro fue suficientemente explícito como para recordarle a ambos mandatarios que la sociedad que estos dos países supieron mantener como socios comerciales, tanto en el plano bilateral como en el Mercosur, hoy goza de absoluta fragilidad y que, si se mantiene, es solo por la historia compartida en común en esta área y los intereses empresariales vigentes en este estricto sentido. Pero no solo el tema pasó por el apoyo de Milei al candidato opositor. Los calificativos hacia Lula dominaron las repercusiones sobre la visita del libertario al país vecino. Comunista, corrupto, zurdo, presidiario, ladrón, basura socialista, dinosaurio idiota (este último se cree que fue dirigido al brasileño también). En agosto de este año, Brasil decidió retirar a su embajador en Buenos Aires, Julio Botello, y no enviarlo de regreso. Además, el gobierno argentino le comunicó a su embajador en Brasilia, Daniel Raimondi, que reduciría las relaciones diplomáticas a nivel de encargado de negocios. Brasil aclaró en su oportunidad que no lo había expulsado a Raimondi.
Si bien se trató de una protesta diplomática y no de una ruptura formal de relaciones bilaterales, los empresarios temen por la prosperidad en materia de negocios, ya que se trata de nuestro principal socio comercial, tal como expresé anteriormente. Es la segunda economía más importante del hemisferio y la octava potencia económica mundial por encima de Italia, de acuerdo a lo consignado por el Fondo Monetario Internacional, cuestión que no desconoce, por supuesto, Donald Trump. Sobre esto detallaré más adelante. Siguiendo con la línea de pensamiento de los empresarios involucrados, al ser consultados, creen que no habrá cambios para aquellos rubros que les conciernen. Lo que esperaban eran justamente cambios, pero positivos. Incluso ven con preocupación una disminución del intercambio que ya se había reducido a raíz de estas instancias diplomáticas, a la vez que la devaluación del real, que puede continuar trayéndoles un achicamiento en las exportaciones. El acceso al mercado brasileño se había reducido, tornándolo cada vez más difícil por las trabas burocráticas y la complejidad en que se encuentran los números de la economía brasileña. Encima, el Mercosur tampoco garantiza ninguna posibilidad de crecimiento. Milei decrece la funcionalidad de este bloque, por lo cual lo ha subestimado como una vía práctica de incremento de los negocios. Tampoco se avizora un panorama fructífero de inversiones. A esto se suma que la Bolsa de San Pablo suspendió las operaciones durante 30 minutos ante la caída del 10%. Algunos operadores bursátiles calificaron el día después de las elecciones como “lunes negro”. La expectativa de muchos empresarios de un más que probable triunfo de Bolsonaro ante los resultados en la primera vuelta desapareció el domingo pasado. Es bastante improbable, por no decir imposible, que haya una recomposición en la relación política entre Milei y Lula da Silva. Y saben que con Bolsonaro hubiese sido distinto.
El contraste ideológico entre los mandatarios argentino y brasileño solo sirve por demás a Milei en momentos de encontrarse en plena campaña electoral, por la sencilla razón de que le sirve como referencia para diferenciarse. Incluso el propio Lulalo usó de ejemplo para contrastarse él con el presidente argentino durante los debates presidenciales, refiriendo a la Argentina para expresar que la pobreza había llegado al 40%, que “la gente está comiendo carne de burro” y que Bolsonaro quería aplicar el mismo modelo económico de Milei, aplicando la “motosierra” que incluye los ajustes pertinentes como la más fiel expresión de sus consecuencias. El presidente argentino va por más, en su intento de regionalizar, apoyando a candidatos y presidentes de gobiernos de derecha. A Donald Trump también le hubiese convenido el triunfo de Bolsonaro. Le pone trabas a los productos de Brasil, a la vez que busca el interés de una economía grande con soloones de consumidores, aunque le pese el camino ideológico que hoy continuará recorriendo este país, de la mano de una laula da Silva. También utiliza los extremos para posicionarse mejor ante su electorado frente a los próximos comicios legislativos en los Estados Unidos, en los que teme perder poder.
Por su parte, Lula da Silva también teme por la gobernabilidad durante el próximo período consecutivo. El Congreso tiene mayoría del Partido Liberal, por lo cual al presidente le está costando mucho sacar adelante proyectos de ley enviados por el Ejecutivo para su posterior sanción y nada sucederá en contrario mientras esta situación permanezca tal como está. El desequilibrio en su contra en el Congreso puede jugarle una mala pasada. Jair Bolsonaro tiene la pretensión de, a través de él, alcanzar la amnistía, cuestión que podría haberse producido más fácil y rápidamente de haberse entronado en el poder su hijo Flávio. Si bien las fichas no le jugaron a favor esta vez, la mayoría parlamentaria le permite seguir ilusionándose con la que podría significar su futura libertad. Y, como Lula deberá cumplir con las promesas formuladas en campaña para lograr su reelección, a sabiendas de que tendrá que hacer pasar varios de sus proyectos por el Congreso para llevarlas a cabo mediante medidas concretas, además de su objetivo de implementar su plan económico, Bolsonaro y sus legisladores ya están planeando la manera de desbaratar su recorrido en términos parlamentarios. Dicho de otro modo, forzarlo a negociar.
Para Javier Milei, Jair y Flávio Bolsonaro seguirán siendo sus aliados en la embestida que, a nivel regional, pretende, para aunar a la derecha en un solo bloque susceptible de ser mostrado al mundo en intenciones, intereses, ideología, ideas y gobiernos de derecha.
Por María Belén Aramburu
13.2ºc