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19/10/2026

El gobierno busca aliarse con gobernadores alejándolos del kirchnerismo

El oficialismo quiere impedir que se diriman internas abiertas a la ciudadanía para la elección de candidatos, mientras el peronismo sustenta hoy varias facciones que lo desbordan en cuanto a su capacidad de unidad.

El gobierno busca aliarse con gobernadores alejándolos del kirchnerismo

Habiendo comprobado que los gobernadores no son tan incondicionales como se suponía que iban a ser, por más que hayan actuado como aliados en diversas oportunidades en que el gobierno concentró sus voluntades para lograr la sanción de proyectos de ley fundamentales a sus propósitos, el gobierno no solo trata de ponerlos de su lado y a su entera disposición de ser posible, sino que también pretende espantarlos de cualquier intento de acercamiento que puedan tener con el que sería un candidato de la oposición, Axel Kicillof. Es porque es el único, con fuerza, dentro del espacio, que está en campaña. Pero puede haber otros también.

Quien manifestó la preocupación del gobierno por cualquier alianza que posibilite un atisbo de acercamiento de parte de los gobernadores dudosos de establecer una acción conjunta con la administración actual, fue el Jefe de Gabinete, Diego Santilli. “Yo creo que los que tendrían que estar preocupados son los gobernadores”, dijo Santilli, en alusión a “que el kirchnerismo vuelva, que gane Kicillof”. Se encargó de mostrarles los obstáculos que tendrían que enfrentar, tanto ellos como sus potenciales sucesores, de volver a establecerse un gobierno que daría marcha atrás con los avances alcanzados por la gestión libertaria, tales como que vendría “a revisar y retroceder a los regímenes de inversiones”.

Involucrando a los gobernadores de algunas provincias, los instaló en un cuadro de situación de vulnerabilidad en la que se podrían encontrar, si el gobierno pierde su continuidad en 2027, en manos de la oposición. Se refirió al Sur, a Chubut y Río Negro, “que otra vez avanza con la toma de tierras en Villa Mascardi”, agregando que “se ocupan campos y se cortan rutas”, trayendo nuevamente el fantasma de los piquetes, los cortes en la 9 de Julio y la quita de la coparticipación a la Ciudad de Buenos Aires. Córdoba fue otro punto de referencia, al señalar que podrían volver con la resolución 125; Santa Fe, con el narcotráfico en una ciudad como Rosario que podría quedar desprotegida; San Juan, con el proceso minero; y Salta, por el mismo motivo. Al nombrar a cada una de las provincias que podría quedar afectada por el triunfo del kirchnerismo, evidenció a cada mandatario, enfrentándolo a sus propios votantes, en circunstancias eleccionarias próximas, con el objetivo de lograr su voto a favor de la eliminación de las PASO. Aunque algunas provincias han optado por mantenerlas, de acuerdo a las leyes locales de cada jurisdicción, en la mayoría de los casos esperan una decisión del Congreso para su resolución.

A Javier Milei le conviene estar enfrentado a un candidato como el gobernador de la provincia de Buenos Aires. Siendo los dos economistas, se disputan modelos antagónicos sustentados en ideologías totalmente opuestas, que inclinan el debate de campaña en el señalamiento de las contradicciones que puedan sustentar a uno o a otro, dividiendo el campo de votantes en una polaridad que agranda una brecha que podría aglutinar a ciudadanos que se inclinen por uno u otro bando. Claro que con la salvedad de lo que podría restar la aparición de una o varias terceras fuerzas que, aunque no obtuviesen el suficiente respaldo en los resultados electorales, forzarían una segunda vuelta por la que los candidatos deberían esforzarse en sus propuestas, para acaparar la intención de voto de quienes no optaron por inclinarse a los extremos de la polaridad propuesta.

Mientras Axel Kicillof ha desarrollado una trayectoria política más larga, con sendas gestiones legislativas, a la vez que como Ministro de Economía de Cristina Kirchner y gobernador de la provincia con más peso específico del país, Javier Milei llegó como un outsider, para rápidamente ponerse a cargo del Ejecutivo. Por el antagonismo previamente expuesto, los economistas podrán exponer en campaña sus diversas propuestas, que se contrapondrán la una a la otra. Los puntos en conflicto les son útiles a ambos. Señalar las diferencias es lo que les conviene a los dos, y en términos del terreno oficialista, lo que más le conviene a Milei es presentar batalla contra el otrora kirchnerista, ahora enfrentado a su mentora, la expresidenta Cristina Kirchner.

Volviendo a los gobernadores, lo que se espera de ellos es que acompañen, entre otros, el proyecto libertario de eliminar, o al menos suspender, las PASO. Sin ellos, a La Libertad Avanza le sería imposible alcanzar el número necesario en el Congreso para cerrar un atajo que bien podría ser aprovechado por la oposición. “Los que deberían estar preocupados son los gobernadores de pensar en un retroceso; nosotros vamos en camino a lograr el proceso que los ciudadanos desean”, aseguró Diego Santilli, quien oficia de nexo entre Javier Milei y la mesa chica en su conjunto, con los mandatarios provinciales, como lo hizo en la oportunidad en que fue ministro del Interior y hoy lo continúa en un cargo más próximo al Ejecutivo, con los contactos aceitados a lo largo de su vasta trayectoria política.

De contar con las elecciones primarias, abiertas y obligatorias, La Libertad Avanza tendría un solo candidato, el propio presidente, Javier Milei, quien ya se ha postulado para continuar su gestión con un segundo mandato. Pero apareció la figura de la senadora Patricia Bullrich, deseosa de una revancha por el decidido vuelco de sus votos en 2023, para apoyar a Milei y evitar un eventual triunfo del kirchnerismo. Sus ambiciones parecen no estar aún saldadas y, de tener la posibilidad de las PASO, esta sería una vía disponible para canalizarlas. Sin ellas, las chances de quien, por el momento, podría generar una fricción en cuanto a una competencia, se darían por tierra, y de haber alguna disputa, se solucionaría puertas adentro. Con ellas, desde ya, podría exigirse la primaria abierta. El gobierno va por su inexistencia para las próximas elecciones, de modo que así quedaría zanjada esta cuestión.

El oficialismo quiere impedir, principalmente, que se diriman internas que son abiertas a la ciudadanía para la elección de candidatos, sobre todo en las provincias, en las que aparecen varios peronistas con intereses y oportunidades que los obligan a tejer alianzas con otros partidos políticos más pequeños, locales, los cuales, sin posibilidades ciertas de arribar al poder, requieren de una estructura mayor para llegar al gobierno del respectivo distrito. Una oposición fragmentada, piensa el gobierno, potencia su división, si debe someterse a elecciones que están bajo el escrutinio obligatorio de todos los ciudadanos con capacidad de emitir su sufragio. Y el peronismo sustenta hoy varias facciones que lo desbordan en cuanto a su capacidad de unidad.

A Axel Kicillof se le está sumando un Sergio Massa con pretensiones presidenciales. El gobernador de la provincia de Buenos Aires se mantiene lo más alejado posible de la expresidenta, su hijo Máximo y La Cámpora en su conjunto, aunque haya tenido algún acercamiento verbal hacia la exmandataria en relación con su condena y consecuente prisión domiciliaria. Quien ha tenido no solo una aproximación pública a Máximo Kirchner, y a Cristina en cuanto a su situación, ha sido el exministro de Economía de Alberto Fernández, quien no dudó en reunirse con Cristina en San José 1111, cuando falta poco para que sesione el Comité de Derechos Humanos en las Naciones Unidas, donde ella intenta revertir su inhabilitación para ser candidata, lo cual asimila a una proscripción. Pese a las diferencias que separan a Kicillof de Massa y los Kirchner, todos ellos exigen mantener las elecciones primarias, postura que sostendrán a través de sus legisladores en el Congreso. Es más, al respecto, Kicillof afirmó que “quieren evitar que la oposición se organice para que Milei sea reelecto”.

Por todo esto, el gobierno va por un acuerdo con los gobernadores para lograr aprobar la reforma política propuesta. Claro que, con negociaciones previas con los mandatarios para alcanzar su aprobación.

Por María Belén Aramburu

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