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08/09/2026

¿A dónde pueden conducir los vientos de cambio en el tema Malvinas?

El gobierno endureció su posición sobre la soberanía de las Islas Malvinas, con sanciones económicas, fortalecimiento militar y una mayor inversión en defensa, mientras los movimientos geopolíticos aparecen claramente advertidos en el mapa mundial.

¿A dónde pueden conducir los vientos de cambio en el tema Malvinas?

Desde hace años, la cuestión sobre la soberanía de las Islas Malvinas se trata anualmente en el Comité Especial de Descolonización de la Organización de las Naciones Unidas, un órgano subsidiario de la Asamblea General, adoptándose una resolución específica sobre el archipiélago. El año en que comenzó la presentación fue 1965, aprobándose en dicha instancia la histórica resolución 2065, en la que se reconoció que existe una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido respecto de las islas, para lo cual se invitó a ambos gobiernos a negociar una solución pacífica, teniendo en cuenta los intereses de la población de las mismas, después de la cual hubo varias resoluciones más.

La insistencia de la presentación del tema por parte de la Argentina, año tras año, se debe a la enorme importancia tanto política como diplomática. Nuestro país procura que la cuestión sobre la soberanía de las Islas Malvinas permanezca activa en la agenda internacional, de modo que la ONU siga reafirmando tres elementos centrales: que existe una disputa de soberanía, que las partes en conflicto son la Argentina y el Reino Unido y que debe buscarse una solución negociada. De hecho, las resoluciones de la Asamblea General se encuentran registradas en la documentación de las Naciones Unidas. Entonces, lo que hace la Argentina es mantener activo y explícito su reclamo para que la ONU continúe reconociendo que existe dicha disputa. Si no impulsara la resolución del Comité de Descolonización, podría debilitarse jurídicamente su posición, ya que en lo que concierne a este tipo de situaciones, es importante sostener consistentemente una conducta por parte del Estado que reclama, para evitar una interpretación de abandono de su parte.

Ahora bien. Vale la pena apuntar a lo siguiente: para la ONU, en el caso Malvinas, el tema no se resuelve preguntándole a los isleños si quieren ser británicos, tal como pretende el Reino Unido a través de lo que sería la aplicación de la autodeterminación de los pueblos, ya que aquí aparece justamente la diferencia con el concepto de integridad territorial, corazón jurídico de la discusión. En la sesión de este año, entonces, se trató nuevamente la cuestión y se reiteró el llamado a la Argentina y el Reino Unido para reanudar las negociaciones pertinentes. El presidente Javier Milei, en su alocución en cadena nacional, sostuvo, en este sentido, que los isleños son una “población implantada”, por lo que no tienen un derecho legítimo a la autodeterminación, rechazando por inválido el argumento basado en los referendos realizados en las islas. Tras señalar que “la causa Malvinas no pertenece a un gobierno ni a un partido político”, sino que “es una causa nacional”, afirmó que la Organización de las Naciones Unidas reconoce que existe una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido y ha llamado reiteradamente a ambos países a resolverla mediante negociaciones bilaterales y pacíficas. Y desde este argumento, podemos volver circularmente al inicio de la editorial para comprender el mecanismo utilizado en el organismo internacional año tras año.

Lo más concreto consiste en que, más allá del reclamo histórico, el motivo inmediato giró sobre el avance del proyecto petrolero Sea Lion, operado por Navitas Petroleum y Rockhopper Petroleum. De la mano de su afirmación sobre que la Argentina no va a permitir su explotación, prevista para los próximos meses, sin su previa autorización, Milei anunció sanciones más duras contra las empresas. De hecho, el avance para denunciarlas penalmente, por medio del canciller Pablo Quirno, con el patrocinio del Procurador del Tesoro de la Nación, explicitándose que “constituye una acción concreta para proteger los recursos naturales y velar por la soberanía de la República Argentina sobre las Islas Malvinas”, es el paso que pretende consolidar la posición del gobierno. El primer mandatario también ordenó darle prioridad a los fondos para la Base Naval Integrada en Tierra del Fuego y otros proyectos que garanticen la seguridad nacional, en consonancia con un proyecto de ley de defensa de la soberanía nacional.

Ahora bien. Hubo un giro importante y notorio respecto del tema de las Islas Malvinas por parte del presidente Javier Milei. El año pasado ponía el acento en que los isleños eligieran la Argentina. Durante el acto del 2 de abril, dijo que “anhelamos que los malvinenses decidan algún día votarnos a nosotros”, explicando que lo que quería manifestar era “hacer de la Argentina una potencia tal que ellos prefieran ser argentinos y que ni siquiera haga falta la disuasión o el convencimiento para lograrlo”. Esta afirmación podría traer confusión al emparentarla con la “autodeterminación de los pueblos”. Ahora ha sido bien claro en denominarla “población implantada”, lo cual cambia radicalmente los términos de la ecuación planteada, además de declarar inválidos los referendos en las islas. Si bien no son declaraciones incompatibles, el giro político es notorio y contundente, profundizándolas con las sanciones económicas, el fortalecimiento militar, la seguridad nacional y la explotación petrolera.

¿Cuál es el contexto internacional en el cual se producen las declaraciones de Milei? Hace aproximadamente tres semanas, el embajador norteamericano en nuestro país, Peter Lamelas, manifestaba que la posición de neutralidad de los Estados Unidos sobre la soberanía no había cambiado. Pero el presidente Donald Trump dijo recientemente que se encuentra “revisando” esa posición, poniendo en duda hasta dónde el Reino Unido estaría dispuesto a defender nuevamente las islas. Hace unas horas, el presidente Donald Trump mantuvo una conversación telefónica con el primer ministro británico, Andy Burnham. De acuerdo con la información brindada por el portavoz de Downing Street, solamente hablaron sobre el conflicto en Medio Oriente y la guerra entre Rusia y Ucrania, en la que coinciden en su apoyo a este último país. Por ahora no trascendió que se hubiese hablado sobre el tema Malvinas. Pero no creo que esta cuestión termine acá entre ambos mandatarios, aunque conservando esas prácticas diplomáticas que caracterizan la histórica y buena relación bilateral. De hecho, y buscando otorgar más identidad a su posición, el gobierno británico reafirmó, hace poco, que “no hay duda” sobre su soberanía en las islas, que “las Islas Malvinas son británicas mientras así lo deseen sus habitantes”, y que el Reino Unido también apoya el derecho de las islas “a desarrollar sus recursos naturales para su propio beneficio económico”, haciendo referencia a que no era la primera vez que los argentinos llevaban a cabo “amenazas económicas”.

Entonces, separando lo que puede ser una oportunidad diplomática de la política, Trump debería pasar de la tradicional postura de los Estados Unidos de neutralidad a un respaldo expreso de negociación bilateral entre la Argentina y el Reino Unido. Esta medida reforzaría lo que las Naciones Unidas vienen reclamando desde la Resolución 2065, tal cual expliqué anteriormente, pero, claro está, no modificaría jurídicamente la soberanía. Ahora bien, si los Estados Unidos dejasen de respaldar políticamente la posición británica, y ejercieran presión sobre Londres para que se siente a negociar la soberanía, podríamos considerar que se produciría un giro geopolítico importante. Un exembajador ante las Naciones Unidas, Ricardo Lagorio, lo resumió de la siguiente manera hace poco: mientras el Reino Unido no acepte negociar la soberanía, la situación jurídica y material de las islas no cambia. Y vamos por más en las hipótesis. Si Estados Unidos reconociera expresamente la soberanía argentina sobre Malvinas, sería un triunfo diplomático enorme para nuestro país, considerando que el Reino Unido es su gran aliado histórico, aunque hoy tengan algunas diferencias, pese a su calificación de Brexit, que lo aleja de la Unión Europea, siendo conocidas las diferencias que Trump sostiene con los países europeos. Pero ese es otro tema.

A ver. El reconocimiento de los Estados Unidos sobre la soberanía argentina no implicaría una transferencia de las islas a nuestro país, ya que el Reino Unido sigue administrándolas, mantiene presencia militar y recientemente hizo referencia a su posición “inquebrantable”, haciendo alusión a que las islas continuarán siendo británicas mientras sus habitantes así lo quieran. En realidad, el verdadero punto de inflexión no sería que Trump dijera que “las Malvinas son argentinas”, porque no alcanzaría, aunque sería importante, como aclaré anteriormente. La presión sobre Londres para negociar sería una modificación más significativa en el tablero diplomático de Malvinas. También se sumó un ministro de Israel que definió a las Malvinas como “territorio ocupado” y le pidió a Netanyahu que reconozca la soberanía argentina. Los movimientos geopolíticos aparecen claramente advertidos en el mapa mundial. Eso sí. Nosotros, como país, debiésemos ser claros en nuestra oferta para con los isleños.

El pensamiento de Milei reflejado en la cadena nacional sería esencialmente el siguiente: la Argentina alineada con Estados Unidos, teniendo en consideración la creciente importancia estratégica del Atlántico Sur y la Antártida, sumado al fortalecimiento económico y militar argentino, un relativo debilitamiento británico tenido en cuenta en la ecuación del presidente, traería mejores condiciones futuras para negociar Malvinas. A esto se suma el tema del petróleo, con un endurecimiento de las sanciones, el anuncio de una mayor inversión en defensa y en la base naval de Tierra del Fuego, para sacar a Gran Bretaña del “status quo” en el que se venía manejando hasta ahora. Él mismo afirmó que los “vientos de cambio” están favoreciendo el reclamo argentino.

Por María Belén Aramburu

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