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07/04/2025

¿Qué significa para el gobierno el rechazo de las candidaturas de García Mansilla y Lijo?

¿Se tuvieron en algún momento los votos necesarios para confirmar las designaciones en comisión de los dos candidatos a ministros de la Corte?

¿Qué significa para el gobierno el rechazo de las candidaturas de García Mansilla y Lijo?

La Corte Suprema seguirá funcionando con tres miembros: Horacio Rosatti, Carlos Rosenkratz y Ricardo Lorenzetti. Desde el gobierno trascendió que no habrá más candidatos que sean designados como ministros de la corte en comisión. ¿Qué dejó como aprendizaje la renuncia de Manuel García Mansilla y como consecuencia la caída de su candidatura y la de Ariel Lijo?

¿Se tuvieron en algún momento los votos necesarios para confirmar las designaciones en comisión de los dos candidatos a ministros de la Corte? Este es un tema fundamental a la hora de tomar decisiones que conllevan asegurarse la cantidad de votos imprescindibles para que un proyecto, sea cual fuese, transite un trámite parlamentario que obtenga como resultado la votación positiva de las voluntades que se proclamen a favor de los designios gubernamentales. Si bien podía expedirse una Cámara al respecto, por tratarse de un decreto, en lugar de ambas si se hubiesen presentado como propuestas por el Poder Ejecutivo, en un rumbo considerado constitucionalmente tradicional, cuestión administrativa sobre la cual desarrollé en otra editorial de @Haceinstantes, la exigencia de los dos tercios de votos a favor fue superada por los negativos. ¿Qué pasó?

Al oficialismo no le alcanza por sí mismo lograr la cantidad de votos que requiere para la aprobación de un proyecto propio. En un principio porque la elección que llevó a Javier Milei como presidente mostró, en su esencia, a un partido que no contaba con gobernadores propios y con muy pocos legisladores de La Libertad Avanza, para lo cual se valió de aliados, principalmente del PRO. Los libertarios crecieron en número a la par de su gestión, pero esperan ampliar su caudal de afiliados y votantes en las próximas elecciones. Al gobierno de Milei le es crucial ampliar su base de legisladores en el Congreso para evitar que naufraguen sus proyectos. Siendo complicado autoabastecerse del número necesario para lograrlo, al menos no necesitar tanto de los vaivenes de los aliados le es importantísimo.

Las próximas elecciones muestran sus falencias en ese sentido. Las de la Ciudad de Buenos Aires porque La Libertad Avanza y el PRO van por separado atomizando las elecciones como expliqué en su oportunidad, y las de la provincia aún sin definir por el momento, están corriendo la misma suerte. Una oposición a la vez tan fragmentada como débil les da más chances, pero no el éxito asegurado cuando se dispersan las fuerzas. De esto nadie se está haciendo cargo, hasta que lleguen los resultados de las elecciones. Porque si bien el gobierno aprendió a negociar, con gobernadores y legisladores a la par, hasta algunos aliados, los suficientes para derribar las candidaturas de García Mansilla y Lijo, jugaron en contra. Al académico le fue peor. El juez federal que pedía una licencia tuvo tantos rechazos como adhesiones, pero las primeras lo hicieron volcar antes de tiempo.

Manuel García Mansilla debió renunciar. No le quedaba otra, aunque el gobierno después de haberle dado la mano con fuerza, se la soltó con el mismo ímpetu al anticipar el resultado y más aún al conocerlo, haciendo saber que la decisión que tomase iba a ser absolutamente suya, intransferible. Ambos quedaron sujetos y atados a los votos que no se pudieron juntar. El PRO de Mauricio Macri apoyó a Milei, pese a no estar de acuerdo con el procedimiento. Obviamente los que son más libertarios que del PRO, también lo hicieron. Pero el resto no apoyó los nombramientos en comisión por decreto. Y lo mismo hicieron los radicales y los de la Coalición Cívica. Muchos de los que en otras oportunidades estuvieron con el gobierno, en este caso le dieron la espalda. El peronismo también fue dividido, pero jugó más en contra de García Mansilla. Había más simpatizantes para Lijo. Pero la contundencia del rechazo reveló la importancia de la composición del Congreso de cara a las elecciones de medio término de este año. Aquí se puso sobre la mesa el rol de cada uno de los probables ministros cuando las causas judiciales de Cristina Kirchner están apeladas a la última instancia judicial de la Corte y, las que aún no, hacia allí llegarán indefectiblemente.

Otro aprendizaje proviene del cómo. El ex presidente Mauricio Macri optó, al comienzo de su gestión, por la designación por decreto de dos de los actuales miembros de la Corte Suprema de Justicia: Rosenkratz y Rosatti. Debió recurrir al Congreso y aprender de esa experiencia. Muchas veces éstas son de carácter intransferible cuando de advertencia hacia alguien se refiere. En este caso Macri no pudo convencer a Milei de lo que él mismo atravesó en esa instancia para que tomara conciencia de que el camino era otro. Este paso fue el que generó el mayor de los rechazos. Hasta se lo calificó de baja institucionalidad. Milei conocía el terreno en el Poder Legislativo. Pero pensó que con el voluntarismo podía lograr convencer a quienes podían actuar en pos de la ampliación en dos del máximo tribunal judicial, ya que sabía que estaba muy jugado, jugadísimo, enviando los pliegos con sus propuestas.

Al número de legisladores propios, con la suma de posibles aliados, el quién es quién en las candidaturas para llevar a cinco los miembros de la Corte Suprema, se añade la forma, por decreto, que generó una consecuencia que se volvió previsible en los últimos días, pero a la que se pretendió revertir de todas las maneras posibles para ser evitable. El gobierno tuvo su propio análisis al respecto, que emitió a través del envío de un comunicado, en el que explicaba que lo acontecido en el Senado, a propósito de la votación en contra de las candidaturas de Manuel García Mansilla y Ariel Lijo, se debió a “motivos meramente políticos y no por cuestiones de idoneidad”. Quizás los puntos anteriores resulten esclarecedores desde cualquier posición en la que cada uno se ubique.

La Cámara Alta se movió rápidamente, logró quórum y sesión. Y el rechazo de las candidaturas. Por los motivos anteriormente expuestos, por uno, por los dos o por los tres juntos o separados, el gobierno de Milei se quedó sin sumar a los dos candidatos propuestos, y la tensión generada en el Congreso quedará como expresión de la antesala de las próximas elecciones, siendo que la intención del gobierno es la de renovar bancas, cuantas más mejor, a su favor.

Por María Belén Aramburu

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