Buscando semejanzas con Trump, ¿qué espera Milei de su relación con él?
Milei lo tiene como un referente y a la vez como un par. Quizás el presidente argentino se esté entusiasmando por demás.
Quizás el presidente Javier Milei se esté entusiasmando por demás con Donald Trump, de quien se conoce aplica el proteccionismo a los bienes y servicios norteamericanos para el bienestar con el objetivo de cuidar el campo, la industria y el empleo de su país. Pero Milei suele entusiasmarse, y mucho, con lo que Trump significa para él y lo que representa para el resto del mundo.
Javier Milei lo tiene como un referente y a la vez como un par. Ambos primeros mandatarios de países que, aunque con un poderío ostensiblemente diferente, sacaron a sus ciudadanos, gracias a su voto, del progresismo, o un sistema más parecido al social demócrata que para el argentino tiene una perspectiva diferente desde su mirada, para pasar a un régimen liberal. Ciudadanos cansados de la marcha de la economía en sus respectivos países le dieron una segunda oportunidad a Donald Trump, siendo que en el período anterior mostraron su desconfianza hacia él depositándola en el demócrata Joe Biden y la primera, el pasado año, a Javier Milei, un desconocido, también disruptivo y eufórico, que no cuida las formas, al igual que Trump, pero que, para muchos, vino a rescatar a la gente de las garras del progresismo del kirchnerismo.
Así como Trump amplió su base de votantes más allá del núcleo duro de republicanos que no votarían a otro que no fuese un dirigente emergente de ese partido, Milei también lo logró sumando la adhesión de los votantes de Juntos por el Cambio, con el visto bueno del PRO principalmente, en especial de Mauricio Macri y Patricia Bullrich. La extrañeza que causó en los demócratas la inclinación del voto de buena parte de los considerados marginales, ya sea afroamericanos o latinos, le dio la chance a Trump de extender su caudal de votos, así como los excluidos del sistema, sobre todo entre la población joven, lo hizo con Milei.
Mientras Donald Trump cuenta con el Congreso, entre el Senado y la Cámara de Representantes a su favor, Milei no puede decir lo mismo. Mediante una negociación permanente, sobre todo con su principal aliado, el PRO, y el titular del partido en particular, Mauricio Macri, va sancionando las leyes que necesita para su programa de gobierno. La cumbre partidaria en la sede de la calle Balcarce resolvió que, pese a las diferencias con La Libertad Avanza, son más las coincidencias que implicarán apoyar al gobierno, dándole la espalda a los proyectos que presente la oposición, sobre todo en momentos como estos en que Cristina pretende rearmar el Partido Justicialista liderándolo, sin dejar de impulsar los temas propios como la Ley de Ficha Limpia y la democratización sindical, este último en pleno conflicto con Aerolíneas Argentinas.
Si hubiese ganado Kamala Harris, la relación con la Argentina hubiese sido buena, como hasta ahora lo ha venido siendo bajo el gobierno de Joe Biden, ya que a nuestro país le interesa que la relación con Estados Unidos prospere y viceversa. La relación con la que se ha venido desempeñando como vicepresidenta hubiese estado dentro de los buenos términos, incluyendo las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional, organismo en el que Estados Unidos tiene el mayor peso dentro de su directorio. Para Javier Milei hubiese sido una continuidad de la gestión anterior, con la salvedad de que el triunfo de Donald Trump lo coloca de modo subjetivo, esperando de su parte pase al objetivo en lo que concierne a la mirada del mundo, para ocupar un primerísimo plano en el orden global de partidos y gobiernos de derecha, de acuerdo con sus expectativas. Conocer más sobre lo que sucedió con Kamala Harris es comprender en profundidad la política norteamericana y el contexto internacional que vendrá. Harris quedó en un lugar mucho menos considerado respecto de los intereses de la población y calidad de vida promedio de los norteamericanos, basando su discurso en slogans partidarios más ideológicos y alejados de las necesidades imperantes, sin poder desprenderse de la sintonía de pertenencia a un presidente que mostró debilidades y se perdía mentalmente en sus discursos como lo fue Joe Biden. Haberlo criticado hubiese sido como criticarse a sí misma habiendo formado parte de su gestión como vicepresidenta. Bien distinta fue la postura que adoptó nuestra vicepresidenta, Cristina Kirchner, cuando se enfrentó a su propio gobierno, del que formaba parte junto con Alberto Fernández, por ella misma proclamado, eligiendo al candidato sucesor, el ex Ministro de Economía, Sergio Massa, e intentando diferenciarse de la gestión de Fernández, refugiándose en el Partido Justicialista, el kirchnerismo y La Cámpora. Hoy, ambas vicepresidentas son oposición en sus respectivos países. De esta manera, la que será la oposición demócrata en Estados Unidos deberá recomponer su relación con sus votantes, reestructurando y dando vida al partido luego del desgaste del gobierno de Joe Biden, tanto como Cristina intenta hacerlo desde la presidencia del Partido Justicialista, ambos con la intención de recomponerse a la espera del próximo turno de las elecciones legislativas y las presidenciales.
El ciudadano norteamericano votó con el bolsillo, reparando en la economía, exigiendo un cambio que creen ver será materializado y sostenido en el tiempo por Trump. Milei, como economista, brindó en campaña un discurso esperanzador explicando su plan económico, comprendido por algunos mientras que por otros no, a la vez que lo votaban, diferenciándose claramente del kirchnerismo y progresismo. En ambos casos se votó, además de haberlo hecho el electorado cautivo, a cambiar el status quo, y a que se logren mejoras en la economía. Por este motivo, tanto Milei como Trump fueron apoyados por propios y muchos de los ajenos que les garantizaron el triunfo.
Javier Milei está feliz, exultante diría, de viajar a los Estados Unidos con la posibilidad de reunirse con Donald Trump en lo que será la asistencia a otra cumbre de conservadores. Durante la Conferencia de Acción Política Conservadora que se llevará a cabo en Florida, en un octavo viaje a ese país, Milei espera palabras alentadoras que serían respondidas efusivamente por el primer mandatario, yendo por la foto junto a él, principalmente en una reunión individual en Mar a Lago, mansión de descanso que el empresario nuevamente devenido en presidente, tiene en la misma localidad.
Rápido de reflejos y preparándose para su viaje y próximo encuentro, Javier Milei ya tiene al embajador que reemplazará en sus funciones a Gerardo Werthein, hoy flamante Canciller, y como tal, ministro del gabinete del presidente. Alejandro “Alec” Oxenford, conocido empresario tecnológico, fue nombrado para ocupar dicho cargo en Washington, acompañando la decisión con las medidas de purga en la Cancillería, luego del voto de Diana Mondino en contra del bloqueo de Estados Unidos a Cuba, siendo otro gesto para con su par norteamericano. Mientras esto sucede aceleradamente, Trump está eligiendo quiénes serán los y las que lo acompañen en su gestión. A Milei y sus ministros se les iluminan sus ojos cuando trascendió que podría nombrar como Secretario de Estado al senador Marco Rubio quien, experto en política exterior, se ha manifestado en la misma línea dura de Trump con los gobiernos de Venezuela, China, Irán y Cuba, al igual que el presidente argentino.
¿Mauricio Macri tendrá algún rol sin ser embajador? Se conoce la relación entre Trump y Macri que, se dice, viene del padre del segundo, Franco, en oportunidad de generar sendos negocios en el país del Norte, vínculo continuado por el propio Mauricio, que influyó en una muy buena relación entre ambos cuando coincidieron sus mandatos. Aunque sin haber sido incondicional, pese a que ésta es la pretensión de Milei en un futuro vínculo a construir, el tiempo seguramente le permitirá comprender en qué términos será, más allá del apoyo que le brinde, ya que la incondicionalidad no es la marca de este tipo de relaciones, por más que se la pretenda. Creo que a Mauricio Macri le gustaría interceder de ser necesario y probablemente lo vea en más de una circunstancia, incluso como titular de su partido y en base a la amistad que los une. Lo cierto es que, intentando prescindir de Macri, tal su proceder en circunstancias de trenzas y desbordes en el ámbito legislativo, quizás lo necesite para mediar, incluso para entender mejor alguna que otra situación que se le presente más adelante, tal como el ex primer mandatario lo ha hecho para sumarle votos en ocasión de las elecciones presidenciales y del apoyo a la Ley Bases entre otros procesos y trámites parlamentarios de envergadura.
La relación que sí mantiene Milei, es absolutamente incondicional con los Estados Unidos y es la que pretende mantener de tal modo, al igual que con Trump, salvo que algún tema estalle y vuele por los aires que, de haber un inconveniente, se supone se suscitará tal escenario. Además del nombramiento del embajador y los pedidos de renuncia a todos los secretarios y subsecretarios que acompañaron a Mondino en sus funciones, otra serie de medidas se vienen aceitando de antemano como, por poner un ejemplo, será el cuadro de situación en que quede envuelta la empresa Aerolíneas Argentinas y la relación con los sindicatos rebeldes, que quedarán pública e internacionalmente expuestas, como antesala del próximo encuentro entre ambos durante esta semana.
Si bien sus modos discursivos coinciden en sus formas, Javier Milei debiese saber por estas horas que, más allá de su entusiasmo por sus similitudes y coincidencias en un mismo foro de conservadores, Donald Trump no se moverá ni un milímetro de lo que lo pueda alejar de hacer de los Estados Unidos un “país grande otra vez”, como lanzó en su campaña, “Make America great again”, protegiendo sus sectores productivos como lo ha hecho anteriormente. Queda una gran incógnita que se verá cómo se resuelve en los meses venideros: ¿Trump ayudará a Milei a triunfar en las elecciones legislativas de 2025?
Por María Belén Aramburu
14.7ºc