Editorial HI
07/06/2022

Detrás de la salida de Kulfas del gobierno, por María Belén Aramburu

El gesto convertido en acto del presidente no solo tuvo en cuenta variables, sino a su vez la manera en que fue realizado, a sus espaldas y, supuestamente, sin haber medido riesgos para propios y ajenos.

Detrás de la salida de Kulfas del gobierno, por María Belén Aramburu
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etrás de la salida de Matías Kulfas como Ministro de Desarrollo Productivo, continúa la interna del oficialismo y del Frente de Todos. El encuentro entre el presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, luego de tanto silencio y desencuentros, los acercó, el pasado fin de semana, en un escenario afín pero a su vez cargado de tensión y escepticismo por la cercanía que entre ellos se pudiese suscitar.

El reclamo de Cristina a Alberto de “usar la lapicera” que sonó más a una orden y a un desprendimiento considerado genuino por parte de la vicepresidenta luego de su unción a la candidatura presidencial de Fernández, exasperó a más de uno, y el que, explícitamente, lo dejó expuesto, fue el Ministro Kulfas, aquel que, a criterio de Cristina se encontraba entre los “funcionarios” que “no funcionan”, y uno de los que debía ser eyectado del gobierno. Pero era de confianza del presidente, así como lo es el Ministro de Economía, Martín Guzmán, aunque en otro peldaño por su cargo, pero sostenido a rajatabla hasta el momento por Alberto.

¿Kulfas quiso ser más papista que el Papa? ¿Quiso ser más albertista que el resto de los funcionarios y en medio de la feroz interna demostrar de qué lado estaba ubicado, sin que cupiese ninguna duda al respecto? ¿Fue una invitación a los funcionarios que piensan como él en el gobierno, no por lo que dijo sino por su sintonía con el presidente?

¿Temió el presidente quedar pegado con las declaraciones en off del Ministro? Claramente sí porque aclaró que no le pertenecen, que no le son propias.¿Quiso Alberto Fernández dejar en claro que, pese a las diferencias y desagrado por expresiones de la vicepresidenta, que no tiene la intención de seguir profundizando la interna del Frente de Todos? Claramente sí. Y lo hizo echando a uno de los suyos, a uno de los ministros en los que depositaba la mayor de las confianzas, habiéndole asignado una cartera que tiene contacto directo con el sector productivo público y privado además de legisladores del Congreso y gobernadores provinciales en los casos en que esos contactos lo ameriten, cuestión que se genera en varias oportunidades. Un ministerio con mucho poder, deseado para ser ocupado tanto por kirchneristas como por albertistas.

El gesto convertido en acto del presidente Fernández, no solo tuvo en cuenta estas variables, sino a su vez la manera en que fue realizado, a sus espaldas y, supuestamente, sin haber medido riesgos para propios y ajenos, entre ellos, el propio primer mandatario luego de haber podido verse las caras nuevamente con su compañera de fórmula y de gobierno y compartido discursos, más o menos deseables, pero reunidos al fin, antes de partir a una reunión multinacional en el marco de la Cumbre de las Américas en los Estados Unidos, país de quien busca su aprobación.

“Internismo exasperante” fueron las palabras, entre otras, del entonces Ministro Kulfas. ¿Acaso no lo piensan los que trabajan codo a codo con el presidente? ¿O el mismo Alberto Fernández que debe hacer frente a su gestión y a las internas del Frente de Todos? Sí. Así lo expresan públicamente. Pero sus dichos fueron más allá de la interna cuando hizo alusión a los “subsidios nefastos” y sospechas de corrupción que involucran a funcionarios de Energía vinculados con el kirchnerismo más puro. El fondo y la forma. El presidente estaba ajeno al off del cual tomó noticia cuando se hizo público, al igual que del texto de renuncia de Kulfas cuando se fue del gobierno, ratificando todo lo anteriormente expuesto y hasta yendo por más, por más detalles sobre la construcción del gasoducto Néstor Kirchner.

El presidente aprovechó la celebración del Día del Periodista en Casa de Gobierno para señalar que “no me gustan los off (the record), las cosas dichas en secreto”, cuando en realidad sabemos, sobre todo políticos y periodistas, que no hay nada más lejos de un “off” hoy por hoy. Todo es “on” y por eso los políticos, sabiamente se cuidan en las reuniones con periodistas porque conocen de la trascendencia e implicancia de sus palabras, más allá de que a alguno algo se le puede escapar de vez en cuando en un ámbito de confianza. Y con la tecnología, la reproducción de un mensaje es instantánea e inminente, sin lugar a dudas. Así que si los “off” son “on”, la intencionalidad del mensaje de un ministro es que se publique su mensaje y el tenor del mismo, de manera directa y sin gradualismo alguno.

El presidente se despegó de las declaraciones de su ex ministro aclarando que “no me gustó lo que hizo Matías, por eso tomé la decisión que tomé. Lo que piensa Matías es lo que piensa Matías, definitivamente no comparto lo que piensa Matías en ese punto”, y lo dio por finalizado afirmando que “es un tema superado”, aunque no lo sea y porque quiere que su estadía en Los Ángeles muestre un escenario político más compacto y transparente a la hora del discurso y diálogo con primeros mandatarios del continente, en especial con el norteamericano Joe Biden.

Algunos funcionarios, por no decir todos, que trabajan junto con Alberto Fernández y hasta se han declarado albertistas, sobre todo cuando se les pidió lealtad explícita en medio de la interna del Frente de Todos, se preguntan sobre su estabilidad en su función de gobierno. Si un funcionario de extrema confianza como lo era Matías Kulfas, perteciente al Grupo Callao, semillero de cuadros políticos de Alberto Fernández antes siquiera de ser considerado para la función de presidente de la Nación, fue eyectado del gobierno, ¿qué podría pasarle al resto que en “off”, en “on”, desdibujados en su magnitud, hacen declaraciones sobre temas que conciernen a su gestión y los que son atribuibles a la interna del frente?

Tal es el desconcierto que dejó en algunos la salida de Kulfas que, quien se animó a dejarlo claro en una entrevista, fue Emmanuel Álvarez Agis cuando lamentó que se fuera de la estructura gubernamental, considerándolo el “mejor ministro del gabinete” y señalando que “si echás a Kulfas por un off y los que hacen off se van del gobierno, entonces nos quedamos acéfalos”. Fue bastante claro creo. Pero también es cierto que Kulfas metió el dedo en la llaga apuntando al sector energético ocupado por funcionarios del riñón de Cristina Fernández de Kirchner, dejando un umbral de dudas respecto del desempeño de su gestión, que ameritó que el presidente lo derivara al ámbito en el cual los dichos de Kulfas se podrían aclarar trascendiendo la política, o sea, en la justicia.

El ostracismo será la sanción más penosa y directa que recibirá Kulfas, alejándolo de los cargos públicos, en especial de aquellos que requieran de la aprobación y el sustento del Senado liderado por la vicepresidenta, y de los ejecutivos municipales, y hasta de asesoría alguna. La penitencia cae encima del ex ministro como una espada de Damocles que lo verá, o eso espera el kirchnerismo, hundirse en sus propias aguas que apestan a denuncias.

Mientras esto ocurre, el presidente pone la mira en Los Ángeles pretendiendo que la distancia geográfica también lo ubique en una sobre la interna del Frente de Todos, pero, donde lo aguarda, a su vez, un esperado apoyo en representación de los países excluidos en esta cumbre de parte del país anfitrión, Venezuela, Cuba y Nicaragua, a la vez que la mejora de la relación bilateral con los Estados Unidos, como expliqué en mi editorial anterior de @Haceinstantes. Un abordaje complejo. Como éste en el ámbito doméstico.

De todos modos, la interna continuará y el conflicto quedará sin resolverse por el momento.

María Belén Aramburu

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