El gobierno atento a una díscola Patricia Bullrich, aliados indecisos y la oposición
La interna libertaria está latente. Aunque se exprese desde el gobierno que solo se trata de diferencias y se le reste importancia, este alberga estratégicamente la idea de la conservación de una dirección única, al igual que de un discurso consensuado y esbozado que permita tener su correspondiente y genuina expresión unívoca hacia adentro, pero especialmente hacia afuera. Ocurre que una figura de peso político, que mide bien en las encuestas, que resignó su candidatura presidencial en una segunda vuelta, no solo debido a que los votos no le alcanzaron para arribar a la cumbre del poder, sino porque, ante la evidencia numérica y por temor a que triunfase el kirchnerismo, cedió los puntos obtenidos, con acuerdo de su entonces partido de pertenencia, el PRO, para apoyar a su contrincante, un outsider ubicado en un lugar más extremo de la derecha y el liberalismo, se anima a objetar acuerdos libertarios previamente pactados en la mesa chica. Claro está que estamos haciendo referencia a Patricia Bullrich.
Bullrich logró conservar y hasta sumar poder desde el lugar donde se la ubicó dentro de la estructura de La Libertad Avanza. Así es que, primero como Ministra de Seguridad, implementó teoría y acción políticas para destacarse en su función y, de este modo, ganar ventaja en el distrito que la llevó a un cargo electivo como senadora en representación de la Ciudad de Buenos Aires. En la Cámara Alta manejó y maneja los hilos del bloque con la seguridad de quien se planta ante adversarios a la vez que busca negociar con ellos, a sabiendas de cuáles son los límites que marcarán la falta de acceso a la sanción de los proyectos de ley del Ejecutivo, levantando su voz para declamarlos ante su partido.
A la senadora Bullrich el gobierno no la llega a descifrar completamente. Los libertarios, a quienes ella pertenece como espacio político hace un tiempo ya, saben que quiere ir por la hipótesis de máxima, la presidencia de la Nación, no habiendo quedado conforme con ella misma en su afán de haberse puesto el objetivo no alcanzado en 2023. ¿Pero por qué no ir por él en 2027? ¿Qué le permitiría sostener dicha meta? Las cifras brindadas por las consultoras, que si bien no le alcanzarían en su totalidad, luego podrían negociarse mejor de obtener un resultado favorable, tal como ella misma se atrevió a hacer hace casi tres años en un resultado que la dejó al margen de la carrera en su postulación. De hecho, a nadie le bastan por sí solos los números pronosticados. ¿Pero una eventual postulación de su parte sería contradictoria con su estado de pertenencia política? Porque si algo está claro en La Libertad Avanza es quién se va a postular como candidato, lo cual lo coloca en ventaja respecto de sus contrincantes, que todavía están buscando una definición al respecto. Sin conformarse con una Jefatura de Gobierno del distrito que le dio tan generoso porcentaje de votos a favor como senadora, de siquiera existir esta posibilidad que aún no cuenta con certezas en un plano de conjeturas de probables pero no seguros acuerdos con el PRO, ¿iría por una candidatura a la vicepresidencia en una eventual fórmula con Milei? En el gobierno no lo saben, porque ni siquiera saben si eso podría ser posible.
Ni siquiera en La Libertad Avanza, y ante manifestaciones recientes de supuesta independencia, como las expresadas en las redes sociales, cantando un tema de Lali Espósito, cantante enemistada con Milei, enemistados ambos, digamos, sumadas a los anteriores enfrentamientos con el exjefe de Gabinete, Manuel Adorni, por poner un ejemplo, conocen la dirección de la ruta que comenzó a transitar la senadora Bullrich. No pueden descifrarla. Ella formaba hasta hace poco parte de la mesa chica que toma las decisiones, teniendo en consideración que es clave en el Congreso para dar curso a proyectos de Milei que pretenden un tratamiento parlamentario lo más rápidamente posible para sacar leyes durante el periodo de campaña electoral que apuntalen al gobierno y lleven a La Libertad Avanza a ubicarse en un lugar privilegiado dentro de las opciones con las que el electorado cuente para llevarlo a la reelección.
Además de entonar una canción de Lali, y sin tapujos ni medias tintas, tal como suele moverse políticamente Bullrich, conocedora de todos los espacios y terrenos, dijo basta en algunos puntos que consideró no tenían sustento como para ser negociados en el Poder Legislativo, y se le plantó a Javier Milei, Karina y cualquiera que se le pusiese delante. Cuestionando las modificaciones en las partidas de discapacidad contempladas en el proyecto de Presupuesto 2027, instó a revisar las cláusulas que afectan a este sector. Algunos libertarios salieron a defender el proyecto en pos de continuar sosteniendo el caballito de batalla por excelencia del presidente y su gobierno, de acuerdo con su plan económico, el déficit cero, por lo que cualquier reasignación de fondos para este rubro debería contar con su contrapartida explícita y fundamentada de fuentes de recursos. “A mí me sorprendió porque, estando en la mesa política, el tema no salió a la luz; cuando uno es jefe de bancada y no se entera cómo van a venir las cosas, o quedás como una tonta o como que los engañás”, dijo Bullrich, demostrando que tiene claridad sobre qué se puede y qué no negociar con el resto de los bloques de legisladores.
Pero no es solo el conocimiento que tiene sobre los procesos legislativos en marcha lo que está en juego. Ha quedado afuera de las decisiones políticas que hoy son tomadas por el presidente en conjunto con Karina Milei, el jefe de Gabinete, Diego Santilli, y los Menem, Martín y “Lule”. Con este proceder ajeno se siente no solo marginada, sino ajena a la información que le correspondería tener como jefa del bloque libertario, de modo tal de actuar rápida y eficazmente para las acciones que deberían ser adoptadas en pos de los proyectos de un programa político y económico en el que cree, y por ello sostiene y apoya, en términos generales. Dije bien. Apoya al programa, que no implica necesariamente hacerlo con quienes lo lideran. Y ahí aparece ella sosteniéndose a sí misma, en su pretensión de, al menos conservar, aunque también incrementar, el poder político básico que le otorgó el caudal del 26% del electorado que luego acompañó a Milei en la segunda vuelta.
Javier Milei le bajó el tono a los desplantes de Bullrich, aunque no le pasen inadvertidos. A estas diferencias conceptuales prefirió llamarlas “matices de opinión”. Pero lo que menos le hace falta es tener una guerra puertas adentro de su propio partido y, quizás, a una adversaria que lo quiera enfrentar en una interna o en unas PASO que el gobierno intenta suspender o eliminar respecto de su obligatoriedad, según sean las posibilidades de su alcance de negociación, y con el plazo determinado por la Corte Suprema para fin de este año para una reforma electoral, habiendo remarcado la “inconveniencia de reformas electorales durante los años electorales”. La respeta y muchas veces soslaya las diferencias que puedan tener, aunque a su hermana le parezca mejor marcarle la cancha y seguirla de cerca.
El desenvolvimiento de la economía es lo que pone en vilo al gobierno. Pero también atentos a los aliados y adversarios. ¿Por qué? Porque el éxito o fracaso del plan económico es determinante en la carrera a la reelección de Milei. Es el mayor compromiso que tiene con sus votantes. Y ese es el rumbo adoptado por el presidente y su gabinete. Mientras, el PRO, quien también mira de cerca el comportamiento de las variables económicas, juega con la candidatura de Hernán Lacunza, mientras mantiene latente la de su titular, Mauricio Macri. Los gobernadores aliados fueron invitados a la Argentina Week que se celebrará en París, que, con dudas sobre la certeza de su alianza con el gobierno, se dispone a atraer inversiones a sus respectivos distritos. La oposición, por su parte, aún desconcertada en su incierta unidad, tiene la voz sostenida unilateralmente desde su espacio, de Axel Kicillof, quien decidió en las últimas horas mostrar cierto acercamiento con la expresidenta Cristina Kirchner y con La Cámpora, sin desistir de su ambición presidencialista, sino más bien proclamándola.
Por María Belén Aramburu