El trasfondo político detrás de la reforma laboral
Con 42 votos a favor y 30 en contra, el gobierno logró sortear el primer escollo en el Senado, en medio de escándalos, enfrentamientos, violencia en las calles y un clima hostil dentro del recinto.
Cada proyecto de ley que se presente en el Congreso tendrá su propia dinámica de juego político entre los bloques que integran las respectivas Cámaras. Cada partido deslizará sus fichas con cuidado, el que atañe al juego propio que le corresponde por pertenencia, traducido en ideologías y posturas alineadas con la conservación de su propia identidad, y el del movimiento que la circunstancia le procura para inclinarse en un sentido u otro. Será para el tratamiento que, en momentos de escribir esta editorial, concierne al debate parlamentario sobre la baja en la edad de imputabilidad y el acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea, como lo fue en las últimas horas en el Senado, acerca de la llamada “modernización laboral”, apoyada por unos y desechada y criticada por otros.
Siendo los que convalidaron el proyecto de ley de reforma laboral la mayoría, 42 votos a favor y 30 en contra, la media sanción fue obtenida en la Cámara de Senadores para luego continuar su convalidación o rechazo en la de Diputados; esta se vio obligada a superar cerca de 30 modificaciones antes de su aprobación. El gobierno logró sortear el primer escollo de varios de los que encontrará en su camino cada vez que envíe un proyecto a debatir en el Poder Legislativo. Avalado por su buena imagen seguida por un alto índice de aceptación, según indican las encuestas, no sin asuntos pendientes de resolución, el presidente Javier Milei avanza con su programa de orden político y económico, respaldado por el triunfo de las últimas elecciones.
Exitoso fue el resultado de la votación para sacar adelante el proyecto, aunque con escándalos y enfrentamientos fuera y dentro del recinto del Congreso. Por fuera, las imágenes repudiables de violencia en el enfrentamiento entre manifestantes y efectivos policiales, mientras que por dentro se vivió un clima hostil, especialmente entre quienes lideran los bandos del oficialismo y aliados, representados por Patricia Bullrich, y el del kirchnerismo, por José Mayans. Este último lideró el rechazo anunciado a la reforma laboral propuesta por Milei, al cual se sumaron los integrantes del bloque recientemente formado de Convicción Federal y los que responden al gobernador de la provincia de Santa Cruz, Claudio Vidal, reunidos en otro denominado Moveré. Hubo kirchneristas entre los participantes de la marcha que la CGT organizó para concentrarse frente a la sede del Congreso, además de militantes de partidos de izquierda, lo que multiplicó la escalada verbal y gestual entre los senadores.
Por el lado de La Libertad Avanza, la cara visible que enarboló la bandera del oficialismo fue Patricia Bullrich. Fue esta senadora la que cargó con el peso de enfrentar a la oposición, luego de las negociaciones sostenidas por la mesa chica, para la que se incluyeron asientos estables en el despacho de Martín Menem para seguir de cerca los acontecimientos dentro del Poder Legislativo y, en un palco, escenario que sirvió de centro de festejo luego de la obtención del favorable resultado, para Karina Milei, Diego Santilli y Manuel Adorni, a los que luego se sumó la ex ministra de Seguridad. El PRO acompañó, tal como había prometido, al igual que la Unión Cívica Radical, pero, conocedores del terreno, los libertarios con trayectoria en el recorrido político saben que el apoyo de hoy no necesariamente implica el de mañana para aprobar los proyectos de ley por venir. En el caso concreto del de modernización laboral, la pretensión de un tratamiento rápido para incluirlo en las sesiones extraordinarias es un objetivo fundamental para que pueda ser parte del discurso que Javier Milei pronunciará en el ámbito del Congreso el 1ro de marzo, con motivo del inicio de las ordinarias.
La oposición fue por todo cuando José Mayans, al tomar la palabra, asimiló la “ley de modernización laboral” con “un campo de concentración y de exterminio basado en la mentira”, cuando en él había carteles que indicaban que “el trabajo libera”, además de culpar al oficialismo por lo que consideró fue un “avasallamiento al reglamento del cuerpo”. Fue Bullrich quien tomó el guante para criticarlo por los “insultos y agravios contra el presidente y nuestro gobierno”, señalando que “la única persona que está presa en la Argentina es la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner”. Lo cierto es que Bullrich maneja el Senado por el lado del bloque de los libertarios y los aliados que sean funcionales a la sanción de cada proyecto, teniendo en cuenta que la vicepresidenta Victoria Villarruel, titular de la Cámara en su calidad de vicepresidenta de la Nación, se encuentra distanciada del gobierno, por lo que no fue invitada a participar de las negociaciones previas mantenidas por la mesa chica del gobierno.
El enfrentamiento entre el oficialismo y la oposición, que se ve y se verá claramente reflejado en el Congreso, ha llevado a funcionarios del gobierno, más allá de los mencionados, a formar parte de la fila que defiende a rajatabla los proyectos de Javier Milei, a aseverar que el kirchnerismo está “vacío de propuestas”, además de que han quedado expuestos a “su falta de ideas y de votos”, y que tanto este como la CGT, “van perdiendo fuerza” porque “la marcha fue la nada misma”, en palabras del Ministro de Transformación y Desregulación del Estado, Federico Sturzenegger. Fue quien también se ocupó de profundizar el detalle de los artículos del proyecto, en relación con las medidas a ser adoptadas por los empresarios en relación con los trabajadores, una vez se convierta en ley la “modernización laboral”.
En el marco de las negociaciones mantenidas con anterioridad al debate parlamentario, hubo que sacrificar algunos artículos, entre los que se encontraba el que llevaba del 30% al 27% las alícuotas del Impuesto a las Ganancias para las grandes empresas, un tema resistido por muchos de los gobernadores que fueron con este planteo a reunirse con los integrantes de la mesa chica hasta último momento. Hasta el aporte solidario debió permanecer en el proyecto, ya que en el original era eliminado en su totalidad, aunque con un tope del 2% en lugar del 4% que se cobra en la actualidad, y sin ningún plazo de finalización, como hasta ahora. Votar por capítulo fue fundamental en el ámbito de diálogo sostenido por Patricia Bullrich con los potenciales aliados, muchos de los cuales demostraron su acompañamiento. Y Diego Santilli, desde su labor de Ministro del Interior, pudo doblegar intereses de gobernadores a los que busca mantener con el voto a favor de sus respectivos legisladores en los próximos tratamientos parlamentarios. No olvidemos que falta transitar la Cámara de Diputados, pero que esta cuenta con el buen precedente de la votación del Senado a su favor, para lo cual no habrá que volver a insistir con los mismos mandatarios provinciales que ya manifestaron su adhesión a través de sus propios senadores, aunque se hayan armado más bloques e interbloques que ameritan poner el foco de la atención donde corresponde, entre los de la Cámara Baja.
El juego político, con la colaboración de los más avezados en este terreno, incluso si provienen de otras fuerzas como el PRO, ya sea que se hayan afiliado o se hayan pintado de violeta sin afiliarse aún, está siendo más conocido y mejor desarrollado por los libertarios, para los cuales la innovación e improvisación eran moneda corriente. Con aliados, y no sin ellos, pese a que su intención sea prescindir de ellos, de alcanzarse los números que los eleve en jerarquía cuantiosamente, los libertarios han logrado fabricar una maquinaria que, aun empujándola y con esfuerzo, puede sostener el programa impulsado por Javier Milei y su gobierno.
Por María Belén Aramburu
24.6ºc