Milei y el desafío de armar alianzas fuertes y sostenibles en el tiempo
El tratamiento del presupuesto nacional dejó expuestas las dificultades del gobierno para garantizar adhesiones completas en el Congreso, con gobernadores, el PRO y aliados dialoguistas marcando límites y condicionando cada capítulo del proyecto.
Durante el primer tramo del funcionamiento del Congreso, y luego de la victoria obtenida por el gobierno en las últimas elecciones, con la meta puesta en la sanción de leyes funcionales a su plan económico, el proyecto que mostró cómo se disponían los jugadores en la cancha del Poder Legislativo fue el del presupuesto nacional, que Milei necesita tanto en el plano interno como en el internacional, ya que delimita los ingresos y, en razón de ellos, los egresos correspondientes.
Las dificultades comenzaron a mostrarse a primera hora. Si bien hubo reuniones con los gobernadores, en la previa al tratamiento parlamentario que urge ser aprobado, tanto de parte del presidente Javier Milei como del ministro del Interior, Diego Santilli, ungido para tales propósitos, tal como desarrollé en detalle en editoriales anteriores de @Haceinstantes, estos no alcanzaron para lograr la deseada adhesión completa cuando se procedió a focalizar la atención en cada capítulo en particular, más allá del éxito alcanzado en la generalidad del proyecto de presupuesto. Al momento en que llegó el detenimiento en el apartado número 11 que contemplaba, por su contenido, el apoyo absolutamente incondicional al gobierno, aparecieron las trabas.
Es que el capítulo 11 del proyecto de presupuesto versa sobre cuestiones que el gobierno de plano rechazó en su oportunidad, cuando se convirtieron en leyes en el Congreso, ya sea sobre el financiamiento educativo como también de la emergencia sobre discapacidad, que son caras a los intereses de algunos gobernadores, legisladores y dirigentes políticos que no ven con buenos ojos hacer recortes en áreas tan sensibles para la mirada de la población en su conjunto, que en gran parte rechaza, según se ha demostrado. Esas leyes, vetadas por el Poder Ejecutivo, pretendían tener vigencia hasta su correspondiente derogación mediante la esperada sanción del presupuesto que así lo determinaba en su texto.
Para agregar una página más al mismo capítulo, este incluía la millonaria deuda que la Nación mantiene con la Ciudad de Buenos Aires, que trae enfrentamientos y conflictos con el PRO, siendo que este distrito es gobernado por Jorge Macri, quien ya está exigiendo el cumplimiento del respectivo fallo de la Corte Suprema a su favor. Para el Ministro de Economía, Luis Caputo, la aprobación del capítulo 11 era de fundamental importancia. Pero la historia sigue. En ese mismo apartado estaba incluida la condonación de deudas para las distribuidoras eléctricas Edenor y Edesur, que por ende quedaron excluidas de este beneficio, y la eliminación del carácter móvil de las asignaciones familiares, entre las que se encontraba la Asignación Universal por Hijo (AUH).
La aprobación del proyecto de presupuesto enviado por el o la presidente/a que hayamos tenido en la consecución de gobiernos ha sido un hito muchas veces inalcanzable que ha conllevado la prórroga del anterior para asegurarse un mínimo plan de gastos e ingresos. No es lo que debiese ser, pero esto es lo que ha sucedido. Intentando romper esa barrera, Milei pretende interrumpir una cadena de prórrogas, teniendo en cuenta que hace tres años que no se sanciona, de modo de alzarse con su propio plan de ejecución, más allá de la reasignación presupuestaria, a la que siempre se puede recurrir, a través del Jefe de Gabinete, Manuel Adorni. Pero le está resultando difícil pese al entretejido de alianzas que ha ido forjando desde que asumió el poder y a partir de las elecciones que le dieron sustento a su gobierno de parte del electorado, en una muestra más de confianza, que no deberá romper en vistas a 2027, año para el que todavía faltan dos, pero que exige un tránsito fluido en su transcurso. Y el Congreso es la gran prueba que Milei tiene por delante.
A lo recientemente expuesto se sumó algo más, que también está vinculado con el aliado más cercano e importante que ha tenido La Libertad Avanza, incluso desde antes de haber comenzado su gobierno, y en la antesala del balotaje que llevó a Milei a la presidencia de la Nación, el PRO. Hasta dónde habrá habido un consenso para que la Auditoría General de la Nación contara con integrantes propios, nadie está en condiciones de saberlo cabalmente, pero que el tema ya estaba puesto sobre la mesa es más que seguro. Y se daba por hecho. Es por ello que estalló la furia entre los dirigentes del PRO que denunciaron al oficialismo de pactar con el kirchnerismo. De esta manera se vislumbró una vez más la fragilidad de una alianza que venía maniobrando a tientas, y con la amenaza de la reconstrucción de lo que en alguna oportunidad fue Juntos por el Cambio, al menos con la Unión Cívica Radical para su actuación conjunta en el Poder Legislativo.
¿Creerá el gobierno que mediante algunas reuniones en las que la negociación de determinados temas está de por medio se garantizará la incondicionalidad en los debates parlamentarios para asegurarse el voto de los legisladores ajenos a su propio espacio? Pareciera que sí. Pero debiese saber este, o cualquier otro; algunos ya lo conocen, obviamente, por su experiencia, que no existe tal incondicionalidad. Si bien los gobernadores habían presentado sus reclamos y demandas que en teoría iban a ser satisfechas en mayor o menor medida por el gobierno, a cambio de garantizar su supuesto y esperado apoyo, tampoco iban a votar indiscriminadamente todos los capítulos del proyecto de ley que se presentaran en el tratamiento particular de cada uno de ellos. Y pusieron un límite, que fue el 11, tan preciado para el gobierno.
La relación con los gobernadores se mostró más condicionada que lo esperado, pero rindió sus frutos en términos generales. La relación con el PRO fue subsanada, aunque no completamente, ya que agregó sospechas de parte del expresidente Mauricio Macri a las ya generadas entre las dos fuerzas. Hubo que ultimar una reunión entre el Ministro del Interior, Diego Santilli, el diputado Cristian Ritondo y el titular de la Cámara Baja, Martín Menem, adonde apuntaron todos los dardos, para limar asperezas. Todo esto indica que el gobierno no tiene asegurada ninguna instancia en las Cámaras del Congreso, al menos que busque consenso y haga concesiones. Todos piden algo a cambio, que podrá ser atendido en mayor o menor medida, de acuerdo con las circunstancias.
Por el momento es más probable que el próximo viernes 26 se trate el presupuesto tal como salió sancionado en la Cámara de Diputados, continuando su trámite en el Senado, Cámara que, con el proyecto de ley de modernización laboral, quedó expuesta transfiriendo este debate al mes de febrero, calculado para el día 10, pese a la gran batalla librada por la flamante senadora Patricia Bullrich, espadín libertaria en este recinto. Pero si el oficialismo pretende incorporar nuevamente el apartado del capítulo 11, que anulaba las fuentes de financiamiento universitario y de discapacidad, tendría que retroceder un casillero para regresar a la Cámara de Diputados con las modificaciones pertinentes, y ser nuevamente sancionado en dicha Cámara, con los riesgos que esto implica y que, por el momento, el gobierno no estaría dispuesto a asumir. Además, se desconoce la impronta que La Libertad Avanza podría tener en el Senado para reinstalar dicho tema e incorporarlo nuevamente al presupuesto. Si se quiere volver a los mercados, tal cual pretende Milei, apoyándose en su ministro de Economía, Luis Caputo, el gobierno deberá mostrar fortaleza tanto económica como política.
La oposición contribuyó haciendo su parte, dentro y fuera del Congreso. Las divisiones internas hacen ruido en el Poder Legislativo, y fuera también. Máximo Kirchner se despidió de su cargo de presidente del Partido Justicialista con palabras contundentes y muy fuertes para quienes las quieran escuchar. Dijo que “a mí más que administrar berretines me gusta construir políticamente”, reclamando “una etapa de debate y discusión” para el peronismo bonaerense. Resaltó que “cada vez hay más dirigentes electorales y cada vez hay menos dirigentes políticos”, apuntando a la interna partidaria, aclarando que “yo estoy más cerca siempre de trascender que de perdurar”. Más allá de sus filosas palabras, las expuestas en la remera negra que lució en el Consejo del PJ bonaerense, que referían a “juegan a primero yo, y después a yo también”, fue una provocación más que nadie omitió.
Mientras esto acontece, el peronismo está en una búsqueda permanente de reconstrucción y de afianzamiento de liderazgos que vayan de la mano de candidatos probables a postularse en las próximas elecciones presidenciales. Deben recuperarse a ellos mismos y a los votantes que fueron perdiendo y que las elecciones nacionales legislativas dejaron al descubierto, especialmente en territorio del gobernador Axel Kicillof, sede distrital del kirchnerismo. Se dirime la posibilidad de lograr una unidad pretendida desde el kirchnerismo, aunque cuestionada desde el sector del mandatario bonaerense, quien, como ya sabemos, tiene aspiraciones presidenciales, al igual que otros que, como él, deberán postularse de continuar en esa tesitura.
Como ya se vio, el triunfo de las elecciones no asegura la incondicionalidad de los aliados, los antiguos y los nuevos, con los que se acaba de negociar, menos cuando quedaron asuntos pendientes de resolución, sobre todo de parte de gobernadores que tenían la expectativa de saldar deudas, recibir fondos, sobre todo para afrontar lo más urgente, emprender obras públicas y demás demandas de su propio electorado. ¿Construirá La Libertad Avanza una mayoría en lugar de buscar una primera minoría? Para ello deberá sostener alianzas más profundas, que impliquen bases e intereses compartidos, y que trasciendan el ámbito legislativo cada vez que se debe votar por un determinado proyecto. El timing entre la alianza posible, nunca perfecta y siempre perfectible, no ha sido alcanzado en esta instancia por el gobierno. Requiere obviamente de mayores y más profundos compromisos.
El gobierno deberá revisar acciones ya realizadas para canalizar adecuadamente las futuras, los contenidos y las formas. Aprender que la política es ciencia y arte. Que su aplicación es fluctuante, al compás de los acontecimientos presentes y por venir. Y que la experiencia hay que capitalizarla para no volver a cometer, al menos, los mismos errores.
Por María Belén Aramburu
24.5ºc