Trump se afianza en América alejándose de Europa: ¿Qué pasa con la Argentina y Milei?
Con alianzas que se fortalecen en América Latina y una visión geopolítica centrada en “America First”, Trump impulsa movimientos que buscan consolidar la influencia estadounidense en el hemisferio.
El presidente norteamericano Donald Trump se está afianzando cada vez más en América. ¿Cuáles son sus metas? Argentina, claramente, siendo Javier Milei un socio y un amigo con quien comulga con las mismas ideas e ideología. Los primeros mandatarios de la región que sostienen la misma inclinación también lo son: Santiago Peña, de Paraguay, Daniel Noboa, de Ecuador, Rodrigo Chaves, de Costa Rica, Nayib Bukele, de El Salvador, Rodrigo Paz Pereira, de Bolivia. Pero nadie como Javier Milei. Trump también tiene otras metas, tales como derribar todo aquel gobierno al que considere antidemocrático y todo aquello que atente contra los intereses de los Estados Unidos y del resto de América Latina.
Erigiéndose en el líder de América por excelencia, dictó su propia doctrina de seguridad que, principalmente, se basa en “America First”, que se articula sobre los puntos de control de las fronteras, poniendo eje en la migración como un asunto estratégico de seguridad interna. Para ello pone su piedra fundamental en la famosa Doctrina Monroe que, proclamada por el presidente James Monroe en 1823, declara que cualquier intervención en América sería vista como un acto hostil, estableciendo la esfera de influencia de los Estados Unidos en el hemisferio occidental, oponiéndose a cualquier injerencia del continente europeo bajo el lema “América para los americanos”. Puede incluso llegar al intervencionismo; ya lo veremos más adelante. Este concepto es sumamente relevante para la geopolítica actual, ya que la interpretación más reciente de dicha doctrina contempla la influencia que puedan tener potencias extracontinentales en Latinoamérica, como una amenaza a la seguridad de los Estados Unidos, poniendo la mira tanto en China como en Rusia. Mientras algunos la consideran una medida producto del ávido imperialismo norteamericano, para otros es vista como una segura defensa de la soberanía continental frente a Europa y Asia.
Acá entra en juego a quien ha encontrado como su mejor aliado en la región: el presidente Javier Milei. Tal es así que Trump lo apoyó a ultranza contra viento y marea en momentos en que, a través de un swap, le fueron otorgados a la Argentina US$ 20.000 millones sumados a unos también cuestionados US$ 20.000 millones de la banca privada norteamericana. Las críticas internas, provenientes en su gran mayoría de los demócratas y de medios de comunicación opositores a su gobierno, le llevaron a aclarar el motivo por el cual se le prestaba dinero a la Argentina y se compraban pesos a cambio de dólares: “Se está muriendo, no tiene dinero, no tiene nada, y está luchando muy duro por sobrevivir”, agregando, mirando fijo a los ojos de la periodista que le consultaba sobre este tema: “¿Sabes lo que eso significa?”, poniendo énfasis en la gravedad del asunto en cuestión, para repetir sobre nosotros: “Se están muriendo, ¿está claro?, se están muriendo”. Hubo republicanos que le marcaron la cancha a este respecto, recordándole su promesa de campaña de “America First”, pese a lo cual, y sin inmutarse, lanzó su propia doctrina de seguridad basada en la de Monroe.
Con Milei fue más allá. Aclaró, hace apenas instantes, que “apoyé a Milei, él estaba perdiendo la elección, lo respaldé y ganó de manera aplastante”. Se refiere al contexto en el cual al libertario, luego de haber sufrido una fuerte derrota en las elecciones locales en la provincia de Buenos Aires, por una diferencia de más de 14 puntos porcentuales, se le planteaba la enorme dificultad de hacer frente a los comicios legislativos nacionales de octubre, de los cuales obtuvo un contundente triunfo que le permitió comenzar el segundo tramo de su mandato con iniciativas propias al cumplimiento de los objetivos de su programa económico. Ya en su oportunidad Trump había aclarado que si Milei perdía las elecciones, “no vamos a ser generosos con la Argentina”. Pero atribuirse el triunfo del presidente argentino fue no solo un acto de poder de parte del mandatario norteamericano, sino una demostración de fuerza en la aplicación de la doctrina mencionada.
Teniendo en cuenta que su doctrina, que es más bien pragmática, se diferencia en algunos aspectos y matices con la de su antecesor, considera que la protección de la prosperidad económica, en referencia al empleo, al comercio tanto como a los recursos, es tan importante como el logro de la defensa militar, se dedicó en varias oportunidades a resaltar el valor de Milei en tanto y en cuanto ponderó que “le ha devuelto la estabilidad a la economía de Argentina”, por lo que considera que “Javier Milei es un muy buen amigo, luchador y ganador, y tiene mi respaldo completo y total para la reelección como presidente”, porque, aclaró, “nunca los defraudará”. Su amigo, en sus palabras, es quien rescató a la Argentina de “un desastre total, con una inflación horrible causada por el anterior presidente de la izquierda radical, muy parecido a Joe Biden…”. Con eso dijo todo, resumido y bien clarito, por las dudas alguien no lo entendiese. De esta manera, y junto con el resto de presidentes latinoamericanos de derecha y centroderecha, armaría un bloque compacto, dándole la espalda a Europa y a Asia. Veamos este otro punto.
Para Donald Trump, la prioridad geopolítica es el hemisferio occidental/América Latina, orientando sus intereses, en primer lugar, al ámbito nacional. Apostando a un orden internacional menos multilateral, los aliados tradicionales de los Estados Unidos se muestran preocupados. Dejando de lado su rol de “policía mundial”, descartando su continuidad en la ambición de ser garante del orden internacional, arremetió públicamente contra Europa, siendo que la mayoría de los países son sus aliados tradicionales. Aseguró que “no queremos que Europa cambie tanto, están tomando muy mal camino”, aseverando que “queremos mantener a Europa como Europa”, en su crítica al continente por la migración masiva que lo enfrenta a la “desaparición de la civilización”. Dos factores clave impulsaron y aceleraron sus fuertes declaraciones: la que calificó como “desagradable” multa de US$ 140 millones que impuso la Unión Europea a la red social X de Elon Musk, teniendo en cuenta que tilda a Europa como “sobrerregulada”, y la guerra en Ucrania con las propuestas formuladas por Trump, de las que Europa teme Washington pretenda forzar a Kiev a entregar parte de su territorio a Rusia. Eso sí, hizo una salvedad al distinguir que “he respaldado gente que a muchos europeos no les gusta; en Hungría apoyé a Viktor Orban”, marcando una diferencia tanto política como ideológica.
En la reinterpretación actualizada de Donald Trump de la referida doctrina Monroe, Venezuela merece un párrafo aparte. Volviendo al pragmatismo del norteamericano, la implementación de las intervenciones en este escenario o el que sea será puntual y breve. La campaña militar que el gobierno de Trump lanzó en el Caribe es parte de lo que denominan Operation Southern Spear, que apunta a desmantelar lo que identifica como redes de narcotráfico y narcoterrorismo. Tomó medidas respecto del espacio aéreo sobre Venezuela, pidiendo que “todas las aerolíneas, pilotos, narcotraficantes y traficantes de personas consideren el espacio aéreo sobre y alrededor de Venezuela completamente cerrado”. Desde septiembre se han reportado más de 20 ataques a embarcaciones acusadas de narcotráfico, con al menos 80 personas muertas, según reportes oficiales norteamericanos. Reforzando su accionar, Trump expresó que no descarta operaciones en tierra y envío de tropas. Desde Caracas se ha denunciado que estas acciones violan la soberanía nacional y el derecho internacional. Pese a ello, hace unas horas ingresaron, en el espacio aéreo venezolano, dos cazas estadounidenses F-18 que sobrevolaron en tándem el Golfo de Venezuela como una demostración más de fuerza contra Nicolás Maduro, del cual Trump afirmó que “tiene los días contados”.
Todo esto ocurre mientras en Oslo, capital noruega, se espera que la líder opositora venezolana, María Corina Machado, reciba su Premio Nobel de la Paz, proveniente de la clandestinidad, por las amenazas que de Maduro recibe sobre su detención, de ser localizada. Fue el jurado quien la describió como “una mujer que mantiene viva la llama de la democracia en medio de una creciente oscuridad”.
Por María Belén Aramburu
24.5ºc