El desafío de todos, las alianzas: ¿Qué harán Milei, Macri y Kicillof?
El PRO, La Libertad Avanza y el peronismo en sus múltiples vertientes se enfrentan a un desafío común: encontrar acuerdos que aseguren competitividad sin perder su esencia, en un escenario donde la apatía ciudadana también juega su papel.
El desafío que se viene para todos los partidos políticos, incluso para los que conformaron frentes, es el de conservar su estructura actual, la que también fue modificada por algunos por la exigencia de las circunstancias cambiantes e imperantes a lo largo del tiempo y su historia, o la de amalgamarse con otros, ya sea conservando por completo su identidad, o negociándola en pos de acomodarse a las negociaciones a llevarse a cabo con el resto.
Si bien la titular y armadora de La Libertad Avanza, Karina Milei, se muestra reticente a ceder siquiera un ápice de lo que el gobierno de Javier Milei ha logrado en modo de identidad e identificación propias, en contraposición con el modelo de doce años llevado adelante por el kirchnerismo, pareciera poco probable sostenerlo para ganar las elecciones porque cualquier negociación que se precie de tal lleva un “win win”, ganancia para todas las partes involucradas, y no para una sola de ellas. Cabe preguntarse entonces si Milei necesita una alianza o un frente común para ganar las elecciones en la provincia de Buenos Aires y, de ser así, con quién podría entablarla y bajo qué modalidad.
Bajo cualquier pronóstico en contrario, Javier Milei siempre pudo conservar la identidad del partido y la suya propia, mientras lograba apoyos de varios sectores que se fueron emparentando con él como presidente y con La Libertad Avanza. Lo hizo cuando, advertidos ambos, el ex presidente Mauricio Macri y él mismo, sobre la necesidad de un acuerdo próximo a la definición en las elecciones generales pasadas para evitar el triunfo del kirchnerismo, aunaron sus voluntades y las de sus votantes para lograr el triunfo de Milei. La incondicionalidad de Macri en su momento y su visión clara sobre lo que Milei representaba en ese entonces como un cambio que, admitió en su oportunidad, él no pudo concretar durante su gobierno, materializado en la afluencia de votantes de quien luego se convirtió en presidente, colaboró para que La Libertad Avanza tuviese su impronta intacta, la cual fue creciendo a medida que su propuesta se afianzaba.
Para el PRO de Mauricio Macri no fue lo mismo. Se convirtió en titular del partido, enfrentándose a quien se había hecho cargo del mismo con anterioridad a su gestión, Patricia Bullrich, convergiendo en un distanciamiento que, de la mano del ejercicio de una función pública gubernamental como la de Ministra de Seguridad, derivó en la afiliación de la funcionaria al partido de Milei, que era un hecho visible al que sólo le faltaba su firma. El PRO, partido en mitades que tironeaban para uno y otro lado, sigue peleando por la conservación de su identidad, la que pudo mantener mientras, por necesidades electorales, fundó un frente con la Coalición Cívica y la Unión Cívica Radical. Hoy, con el alejamiento de varios sectores de Juntos por el Cambio, el PRO de Macri sabe que debe forjar al menos una alianza electoral con La Libertad Avanza, siendo que ninguno de los dos partidos quiere ceder en nada que tenga que ver con un desdibujamiento de los aspectos que los caracterizan, pese a la comulgación ideológica y de ideas que los emparenta.
Mientras el PRO ha perdido adeptos, La Libertad Avanza los ha ganado a su favor. El primero ha quedado chico como por sí solo pretender ganar las elecciones en la provincia de Buenos Aires, eso que la supo tener toda para sí cuando la gobernó María Eugenia Vidal. Y el segundo, si bien tiene buenos números a su favor en el distrito, no quiere arriesgar ante alguna falla de las encuestas que le permita, al kirchnerismo, conservar la provincia. La alianza electoral es necesaria para ambos partidos, ninguno puede hacerse el distraído. El tema son los términos, el cómo es la cuestión.
Si bien La Libertad Avanza fue creciendo, de eso no caben dudas, la permanencia en el tiempo requiere de aliados. Si la pretensión de Milei, que hoy es muy clara, es la de consolidar el modelo económico propuesto, necesita, para ello, de varios años más de continuidad, al menos otro gobierno de cuatro años, y terminando éste con la holgura necesaria que lo lleve a su continuidad. Este concepto, claro está, es aplicable a cualquiera que busque consolidar su programa de gobierno. Siendo así, ¿necesita unirse a otros partidos? Sí, por el momento sí. El PRO es lo más parecido que encuentre en su camino de expansión. Pero el PRO se resguarda al reparo de no ser fagocitado por La Libertad Avanza. Acompañar al partido de gobierno sí, pero con condiciones, mientras pueda volcarlas y exigirlas, de lo cual dependerá de la necesidad ajena más que de la propia en vistas a las circunstancias electorales. Hasta ahora, ha venido acompañando al presidente, como claramente se ha visto, en el Congreso, aunque últimamente no sin reparos. Y a Milei, pese a la bonanza de los últimos tiempos marcada por las encuestas que vislumbran buenos augurios, se le vienen tiempos difíciles.
Convengamos que para Milei el éxito o el fracaso de su gestión de gobierno, basada principalmente en el plan económico, lo es todo. De allí en más podrá especular con lo que quiera. Pero no por el momento. Que sus proyectos prosperen cuando son enviados al Poder Legislativo es importantísimo. Que no prosperen los de la oposición, enfrentados con los principios y conceptos del gobierno, también. ¿Quiénes serán entonces sus aliados? Algunos del PRO, algunos de la Unión Cívica Radical, algunos peronistas no kirchneristas que se pasaron a sus filas. Este 9 de julio se verá, en la celebración de otro año más de nuestra independencia, si la presencia será mayor al faltazo que están pergeñando algunos gobernadores en conflicto con el gobierno por el tema de los fondos, que podría tener su reflejo en el funcionamiento del Congreso, en el plazo inmediato.
Y ¿qué pasa con Unión por la Patria? Ese frente que ahora se presenta más dividido que unido, al cual le dediqué gran parte de mi editorial anterior de @Haceinstantes, podría ser reconvertido bajo el nombre de “peronismo”. Claro que sin Perón, el objetivo sería la universalización bajo su paraguas de fundador del partido, para desprenderse de denominaciones con tendencia a la personalización e individualización, sobre todo del “kirchnerismo”. La denominación puede parecer hasta superflua, pero no lo es en un contexto de permanentes enfrentamientos, de abundancia de diseños y falta de acuerdos, y con la titular del Partido Justicialista presa y con causas judiciales por afrontar.
Como ninguno de los sectores peronistas de la provincia de Buenos Aires puede hacer nada por su cuenta para siquiera conservar el poder que devino en el segundo mandato de gobernación de Axel Kicillof, este, líder de su propio espacio, Movimiento Derecho al Futuro, junto con Máximo Kirchner, líder de La Cámpora, y Sergio Massa, del Frente Renovador, decidieron soslayar sus diferencias solo con propósitos electorales. Pero no pudieron con todas ellas. Saben que los reproches se multiplicarán de haber una derrota, y los éxitos serán interpretados por cada facción como propia, al no haber logrado superarlas. Cada uno irá por su deseo de ocupar un lugar destacado dentro de un peronismo que está a punto de desintegrarse de no ser rescatado de las egoístas intenciones de los dirigentes que lo representan. El kirchnerismo, con Cristina presa, no encontrará una fiel representación que la emule en su conducción partidaria. Su hijo Máximo no puede alcanzar ese objetivo.
¿Y la apatía? Tengamos en cuenta la apatía de parte de la ciudadanía que, pese al voto obligatorio, no se entusiasma por las elecciones, como lo ha demostrado en las últimas. Las internas de los partidos políticos, y su falta de entendimiento ante situaciones que apremian al ciudadano de a pie, quien advierte indiferencia de parte de la dirigencia, no contribuyen a tener una mirada más positiva respecto de la incidencia en la concurrencia a las urnas que, en el caso de la provincia de Buenos Aires, se multiplica por dos, siendo la primera, la local, el 7 de septiembre, ante el cuestionado desdoblamiento de las elecciones.
¿Podrían sorprendernos otras alianzas? Sí. Esto iría en desmedro tanto de La Libertad Avanza como del kirchnerismo en sus distintas vertientes en la provincia. Tengamos en consideración que las elecciones de este distrito cuentan con intendencias, éstas con sus propias elecciones, con sus jefes, los intendentes, signados por una fuerte y arraigada territorialidad que, sea quien fuese que gobierne, pretenden imponer su sello para lograr que los votantes los sigan y acompañen en sus propósitos. En este espectro del ámbito político territorial encontramos a muchos de ellos desencantados con las propuestas tradicionalmente concebidas por los partidos y frentes anteriormente señalados, habiendo trascendido su disconformidad con una búsqueda de identidad que fueron alcanzando para desentenderse de rencillas que ellos observaban desde afuera, sin tener la posibilidad de participar. Entre ellos, que ya se estaban mirando con detenimiento, para evitar futuros desencantos y, sobre todo, desencuentros, se forjó pacientemente una red, que podría llevarlos a formalizar una unión más temprano que tarde, aprovechando los períodos eleccionarios. Allí se encuentran, principalmente, peronistas no kirchneristas y radicales escindidos de Juntos por el Cambio. Ninguno de ellos va a estar con La Libertad Avanza, ni dentro ni fuera del Congreso. Ni con el PRO, ni con el kirchnerismo.
A esta altura pocos quieren ceder, pero deberán hacerlo para que las alianzas electorales, meramente electorales recalco, prosperen. Algunos mejor posicionados que otros, pero ninguno con chances reales y concretas de tener semejante diferencia numérica de votos que los distancie de tal manera de los demás, de modo de asegurarse un triunfo. Es con otros. No hay otra posibilidad que pueda contemplarse. Por estas horas los armados de las listas se presentan tan tediosos como incompatibles con los intereses de cada involucrado. Ni siquiera habrá tiempo de condicionar a aliados, ya que el tiempo apremia, y lo que no tuvo registro antes de la presentación oficial, no lo tendrá posteriormente. A afinar el lápiz entonces y apretar los dientes. No habrá mucho para decir ni para discutir, aunque sí para ensamblar.
Por María Belén Aramburu
18.8ºc