¿Por qué Milei, Macri y Cristina se meten en la campaña electoral? ¿Conviene?
Con las elecciones legislativas a la vuelta de la esquina, la presencia en las calles de los principales referentes políticos abre un debate: ¿hasta qué punto deben exponerse?
La primera respuesta es, por supuesto, la relacionada con la búsqueda de triunfo. Pero, ¿por qué deben involucrarse a tal punto que se vean obligados a recorrer las calles porteñas por su cuenta o acompañando al candidato cabeza de lista de su partido? No todos los casos son similares. Algunos prefieren hacerlo desde afuera de las calles, desde las redes sociales o aprovechando algún acto electoral propio y/ o del partido. Algunos otros, convengamos, no podrían estar expuestos entre la gente, por el motivo que sea. No sólo haremos referencia a las próximas elecciones en la Ciudad de Buenos Aires. La provincia tiene su propio recorrido, más allá de las indefiniciones latentes.
¿El presidente Javier Milei debiese recorrer las calles de Buenos Aires? Como algunos lo han esbozado como un interrogante refiriéndose a la conveniencia, todo como interrogante reitero, de que el primer mandatario lo haga junto con sus candidatos, en el caso de la ciudad, con Manuel Adorni, me lo planteé también, más que como una necesidad que pudiese tener el partido, como una posibilidad de intervención directa de Milei.
Creo que es arriesgado que el presidente se meta tan de lleno en la campaña, recorriendo las calles. En primer lugar porque no creo que le convenga. Quedaría demasiado atado a un resultado impredecible que, de todas maneras, aproxima a La Libertad Avanza al tercio del electorado en el distrito porteño, según las encuestas. Al titular del Poder Ejecutivo se lo requiere en su función y, con esta actitud y acción debe ser visto. Tiene la tribuna diaria, si así lo pretendiese, de expresarse respecto de los temas de campaña, de manera directa o indirecta. Y la aprovecha, sin lugar a dudas. Aunque reitero, es su gestión la que habla por sí misma, tanto sea que genere adhesión u oposición. Pero es, o más bien debiese ser, su expresión y manifestación más legítima. En las calles, correría el riesgo, además, de ser avasallado por adeptos y los que no lo son, en medio de la vía pública, atendiendo a las previsiones de seguridad agregadas a la agenda, con las consecuentes derivaciones de semejante contacto cercano con el electorado, cuerpo a cuerpo, sólo interceptado por los agentes de seguridad que responden a su cuidado personal. Agreguemos a todo esto que se trata de una elección legislativa de medio término, aunque con un objetivo de triunfo presente apuntando al futuro.
Manuel Adorni es conocido. Muy conocido, puesto que se ha venido desempeñando como vocero presidencial, con una exposición casi diaria. Este conocimiento de parte de los votantes es importante y eficaz a la hora de saber a quién se vota, o no. Y como en la ciudad hay una doble puja, la de La Libertad Avanza con el PRO que detenta el poder, para convertirse en la primera fuerza, apuntando a una construcción con el 2027 en la mira, y con el peronismo que tiene a un candidato que está pisando fuerte en el distrito, como lo es Leandro Santoro, una figura que resulta ser reconocible fortalece la lista partidaria. De obtener un buen resultado, la integración de los miembros del Poder Legislativo se transformaría en un aval para proyectos propios y rechazo de los oficialistas provenientes del partido gobernante, el PRO, de así ser considerados. Tal como ocurre en la actualidad mediante la composición vigente.
El PRO, por su parte, en las próximas elecciones de la Ciudad de Buenos Aires, siente que juega de local, luego de dieciséis años y medio de gobiernos consecutivos. Para agregar otro condimento, es Jorge Macri quien la gobierna. Otro Macri luego de las gestiones del ex presidente y de las que lo sucedieron, con su ex Jefe de Gabinete, Horacio Rodríguez Larreta, cuando aún eran uno solo dentro del partido. El PRO, al igual que La Libertad Avanza, tiene dos contrincantes: La Libertad Avanza, ya que, siendo bastante semejantes en ideologías e ideas no han convenido un acuerdo electoral, y el peronismo que, al igual que lo que le sucede al partido de Milei, se enfrenta con Leandro Santoro pisándole los talones a ambos espacios. De sumar los resultados entre los partidos afines, el PRO y La Libertad Avanza, se alcanzaría una mayoría, pero la división generada entre las propuestas y ofertas ha generado útil confusión en el electorado, que se traducirá en la dispersión que se verá en los votos. Por otra parte, dicha división, traducida en segmentación, también se verá claramente en las decisiones que deba tomar el Poder Legislativo que emane de dichas elecciones.
¿Le conviene al PRO que Mauricio Macri se meta en las elecciones recorriendo los barrios porteños? ¿A Macri le conviene? Mi respuesta a estas dos preguntas es sí. Es el distrito que gobernó durante ocho años, a los que se sumaron los ocho siguientes de su por entonces delfín, Horacio Rodríguez Larreta, quien tuvo a su vez un crecimiento propio que le sirvió para su candidatura a la presidencia de la Nación, perder en la interna, derrotado alejarse, para ahora volver con espacio político propio, oponiéndose al PRO de Macri. Las calles de Buenos Aires le son conocidas, las toma como casi propias. Apoya la gestión de su primo Jorge Macri como si fuera la de él mismo, y con quien logra prolongar la gestión del PRO, distinguiéndose de La Libertad Avanza y del segmento partidario de Patricia Bullrich y de los que considera han sido fagocitados por Milei y su entorno, en circunstancias del poderío actual de gestión libertaria. Desde estas calles obtuvo la adhesión del electorado que lo votó, y desde las cuales se lanzó, cual plataforma benévola, al Ejecutivo nacional.
La presencia de Macri es fundamental para el PRO. El ex presidente es reconocido por la ciudadanía, es un referente. Quizás, en esta recorrida, también se esté tentando con volver a ser Jefe de Gobierno de la Ciudad. Por ahora no es un tema en cuestión. La elección de María Eugenia Vidal como jefa de campaña tampoco es una causalidad. En este lado del partido se necesitan dirigentes confiables que, a su vez, sean reconocidos por el electorado. Porque si bien Silvia Lospennato es diputada nacional, no es tan ampliamente conocida por los votantes del PRO siquiera, pese a que ésta se va expandiendo mediante diversas entrevistas en los medios de comunicación. A favor de su candidatura, cabe decir que tiene una buena imagen, la de una legisladora que trabaja mucho y bien. Pero requiere del sustento de Macri, Vidal y quienes la apoyen para cautivar a la ciudadanía que irá a las urnas dentro de poco.
¿Cristina Kirchner debiese meterse en la campaña en estas elecciones? Tiene su imagen positiva en el núcleo duro del electorado peronista kirchnerista, pero una fuerte imagen negativa que aleja a algunos votantes del espacio. Pero es referente partidaria desde el mismo instante en que llegó a la presidencia del Partido Justicialista a nivel nacional. Tampoco se sabe si podría candidatearse de querer hacerlo por las causas judiciales pendientes de resolución. En la Ciudad de Buenos Aires Leandro Santoro se ha desligado de la ex vicepresidenta y su influencia. Sus mediciones para Jefe de Gobierno lo avalaron, si bien no alcanzaron para que se alzase con el Poder Ejecutivo, pero fue un empujón para el peronismo que, si bien yendo dividido, tiene un porcentaje en tercios que comparte en iguales términos con el PRO y La Libertad Avanza, y una advertencia para el oficialismo distrital y nacional.
Donde a Cristina Kirchner le gusta meterse, es en la provincia de Buenos Aires, por ser un territorio más peronista por excelencia, gobernado por el kirchnerismo, porque aún se lo considera como tal a Axel Kicillof, por más que haya marcado diferencias con ella y La Cámpora y otros dirigentes peronistas, y hasta haya formado un espacio político propio en el distrito. Allí está el reducto del kirchnerismo que fue integrado a la gestión del gobernador. Allí podría estar la plataforma de lanzamiento de una candidatura de Cristina. No en vano presentó el recurso de recusación del juez de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti, por sus expresiones en una entrevista televisiva, por considerar que “su objetivo es dejarme fuera del proceso electoral”. Siendo el distrito más grande del país, allí está puesta su atención de lleno, aunque muchos prefieran prescindir de su figura y lo que ella representa. Y como sabe ir al hueso, modificó el blanco de su oponente. Ya no es más Kicillof su adversario, a quien le permitió, por ejemplo, desdoblar las elecciones dejándolo a su propio arbitrio y más allá de su advertencia en contrario de esta decisión, sino que desvió la flecha hacia el presidente, a quien refiere en sus textos en redes sociales con su ya característico “Che Milei”.
A todo esto le sumaría, por un lado, el desconocimiento de la gente por la fecha de las próximas elecciones en la Ciudad de Buenos Aires, el 18 de mayo, para las cuales falta muy poco. Muchos no saben tampoco qué se va a votar. Además se advierte un desinterés que se refleja en una sensación constante, más allá de la constatación real de las propias elecciones en sí, de que continuamente los dirigentes políticos están en campaña, lo cual no es un buen síntoma, y de que “de nuevo hay que ir a votar”. Al menos los porteños no tendremos PASO ni a nivel local, ni a nivel nacional, dos elecciones menos. La fragmentación y segmentación también confunde al electorado y la decisión de su voto. El “todos contra todos” tampoco colabora.
Por María Belén Aramburu
22.6ºc