¿Qué alianzas se barajan en la provincia de Buenos Aires? ¿Son posibles?
Aunque el escenario político bonaerense empuja a las fuerzas a buscar alianzas, las tensiones internas, tanto en el oficialismo como en la oposición, amenazan con fragmentar el voto.
En primer lugar debo aclarar que el panorama para la construcción de alianzas está complicado en la provincia de Buenos Aires. Como un espejo en el que se reflejan las internas partidarias y entre los espacios políticos, este distrito no es ajeno a las peleas entre los principales dirigentes y referentes nacionales que traccionan y ahuyentan el voto a la par de sus discusiones que se alejan de los conflictos que atraviesa la ciudadanía, o sea el electorado, en su trajín diario.
Ensimismados en sus enfrentamientos personales e ideológicos, los políticos debiesen prestar más atención a los problemas de la gente cuando éstos se quejan, principalmente, y hasta lo hacen públicamente a través de medios y redes y por medio de denuncias, de la inseguridad, tanto en las calles como en sus domicilios y lugares de trabajo, reclamando la mayor presencia de patrulleros y policías y responsabilizando a las autoridades a cargo de brindárselas, desde el gobernador Axel Kicillof, hasta el presidente Javier Milei y, en menor medida, la que le atribuyen a Patricia Bullrich como Ministra de Seguridad, según las encuestas disponibles. Éste y otros temas de preocupación debiesen estar en la mente de los dirigentes de tal modo de satisfacer las necesidades de la población con políticas públicas dirigidas a tales propósitos, más allá de sus objetivos de triunfos electorales.
Esta desvinculación de la política con la realidad de la gente está generando una cierta apatía respecto del voto que, de todas maneras es obligatorio. Así como en la Ciudad de Buenos Aires la confrontación entre los principales partidos, el PRO que gobierna el distrito, La Libertad Avanza y el peronismo se dividen en tercios, cuya pulsada puede torcer el brazo de cualquiera de los tres, mientras van asomando la cabeza alternadamente al ritmo de las vertiginosas encuestas ante la proximidad de una elección desdoblada, en la provincia también se los ve pisándose los talones en la pelea por el primer puesto.
¿Cuáles son las alianzas probables? Una es la de La Libertad Avanza con el PRO. Algunos referentes de ambos partidos me dicen que finalmente se va a hacer, se va a lograr. Otros no están tan seguros. Aunque todos concuerden en que la lógica indica que es más conveniente una alianza, al menos puntualmente en el distrito gobernado por el peronismo, las marchas y contramarchas indican que las desavenencias los superan a la hora de una determinación. De ahí siempre la atención que concitan los dimes y diretes entre presidente Javier Milei y Mauricio Macri, y las reuniones, como ser el encuentro de los libertarios, con el primer mandatario presente, con referentes habituales representados por Diego Santilli y Cristian Ritondo.
“Los dirigentes que tenían precio ya fueron comprados, los que quedamos tenemos valores”, espetó el ex presidente Mauricio Macri apuntando a los del PRO que están más cerca de afiliarse a La Libertad Avanza que consensuar dentro de su propio partido, aunque ya varios se pasaron expresamente de bando, y al presidente y su entorno, por estimular los pases. Y aunque algunos toman distancia de las palabras y postura de Macri, por lo bajo te dicen que lo que más le molesta al titular del PRO, es que cree que le ha dado un apoyo enorme al gobierno en el tratamiento parlamentario de sus proyectos de ley, sobre todo en momentos cruciales en que se temía el naufragio, mientras que en el gobierno de Jorge Macri en la Ciudad de Buenos Aires no han contribuido a la sanción de ninguna ley considerada como muy importante, tal como la del presupuesto para su ejecución durante este año. Es así que ambos partidos van por separado en estas elecciones legislativas del distrito que, por más que sean de medio término van a marcar la cancha basándose en el desenlace que tengan, y contribuyendo a establecer quién tiene el mayor peso en el distrito, de cara a acuerdos en el Congreso y a futuro para las presidenciales. Pero para estas últimas falta más tiempo. Sigamos con las legislativas de la provincia de Buenos Aires.
Por más que Javier Milei haya respondido que deberían “mostrar la factura“ aquellos que supuestamente fueron comprados para pasarse de filas según palabras de Mauricio Macri, el ex presidente dejó en claro, en oportunidad de la reunión en Mar del Plata con referentes del partido, ámbito en el que las expresó, que “estamos abiertos a una conversación que esperemos evolucione en la dirección correcta”, abriendo las puertas a “un acuerdo institucional” e incorporando a “un sector del radicalismo”, en vistas a “gobernar la provincia en 2027”. Milei también busca y materializa reuniones para acordar, incluso en la Casa Rosada, pero hasta ahora no ha habido un lanzamiento formal que ponga en evidencia una alianza, con el costo de una dispersión en el caudal de votos, tal como se prevé ocurrirá en la Ciudad de Buenos Aires, recordando que habrá otros candidatos, cercanos a sus ideologías, que restarán a las filas de ambos partidos como lo son los dirigentes Horacio Rodríguez Larreta y Ramiro Marra. Y con Leandro Santoro, de buena performance en las elecciones pasadas para Jefe de Gobierno, que está concitando la atención del electorado porteño, entre los tercios en que éste principalmente se divide, visto como una rareza en este territorio, para un dirigente de extracción peronista.
El peronismo, a su vez, teje alianzas en la provincia. Su gobernador, Axel Kicillof, se ve a sí mismo, así como otros lo perciben del mismo modo, como el líder de un peronismo que pretende seguir gobernando y teniendo poder en el distrito, con el firme objetivo de llegar a la Casa Rosada en 2027. Para ello Kicillof debió enfrentarse a la titular del Partido Justicialista, Cristina Kirchner, quien cuenta con un núcleo duro de adhesión, así como de una fuerte imagen negativa que la acompaña como una sombra. Ni se miran a los ojos, porque de hacerlo, saltarían chispas capaces de encender una fogata que derivaría en un fuego incontrolable. Ambos lo saben. Pese a ello, tanto los diputados provinciales que apoyan al gobernador, como los que están del lado de Cristina, coincidieron, junto con los de la oposición, en suspender las PASO en el distrito. Lo que no pudieron acordar fue el desdoblamiento de las elecciones que se concretó por decreto del Ejecutivo para el 7 de septiembre, siendo las nacionales el 26 de octubre, tema altamente cuestionado por la ex presidenta.
La interna entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof conduce a ambos dirigentes a disputarse el poder del distrito más numeroso en población del país y con más peso para marcar el rumbo de las próximas elecciones. El Ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires, Carlos Bianco, si bien aclaró en una entrevista que nunca lo escuchó a Kicillof referirse a la pretensión de un cargo, como el de presidente, con sus ojos puestos en el gobernador a través de la función que ejerce, lo proyecta como presidenciable, embanderándolo con la titularidad del partido, dejando en claro que “quien sea presidente o presidenta en 2027”, pensando claramente en su jefe, obviamente, “además deberá conducir al peronismo”.
Sin haber podido, y seguramente querido, consensuar con Cristina Kirchner, Kicillof está tendiendo redes para armar una alianza alternativa. Sabe, igual que la ex vicepresidenta, que un acuerdo entre ambos sería lo mejor, pero la disputa por el poder los aleja cada vez más. Dicha distancia lo obliga al gobernador a buscar cercanías, ya que, al fin y al cabo, con o sin internas, el que tiene que seguir gobernando el distrito hasta el final de su mandato, es él. El Movimiento Derecho al Futuro, espacio que se ha aclarado es netamente provincial, además de a los seguidores de Kicillof, nuclea al Frente Grande de Mario Secco, al Partido Solidario de Carlos Heller y a Unidad Popular de Claudio Lozano, además de sindicatos y organizaciones sociales y otras agrupaciones políticas, pretendiendo sumar la mayor cantidad de voluntades posible. Al momento de armar las listas, temen que esta disputa llegue a debilitarlos si no cuentan con dirigentes afines para enfrentar a Cristina Kirchner, su hijo Máximo y La Cámpora y el ex Ministro de Economía, Sergio Massa.
Así como el peronismo en sus distintas vertientes brega por la unidad y la proclama cada vez que puede, más como un deseo que como una realidad tangible, los libertarios y el PRO también hacen lo propio sin haber alcanzado aún acuerdo alguno. En la provincia de Buenos Aires, la legislatura local pondrá a consideración un proyecto para habilitar las elecciones indefinidas que, si bien no corre para los intendentes, sí lo hace para diputados y senadores, concejales municipales y consejeros, en el cual se muestran de acuerdo Axel Kicillof y el kirchnerismo, un tanto arriesgado me atrevo a decir, por sus implicancias, que pueden jugar tanto a favor como en contra, pero que revisten sesgos de abroquelamiento en el poder para cargos electivos. Esto indicaría que, para algunos asuntos, que deben lograr el consenso parlamentario, se ponen de acuerdo.
Todos se encuentran en la misma encrucijada. Para aliarse deberán ceder algo en pos de una negociación conducente y lograr el tan conocido “win-win” en el que todas las partes ganan. De no hacerlo, verán las consecuencias de la segmentación y dispersión de votos afines que los puede conducir a una derrota frente a las fuerzas oponentes. Es de igual modo para todos, sin distinción de partidos ni ideologías. Los primeros resultados de las elecciones más próximas en el tiempo, las del 18 de mayo en la Ciudad de Buenos Aires, permitirán vislumbrar las consecuencias de ir con cada partido o facción por su cuenta.
Entonces, y volviendo al interrogante del título de esta editorial, ¿las alianzas son probables en la provincia de Buenos Aires? Desde ya, pero habrá que ver si son posibles. En la Ciudad de Buenos Aires no pudieron ser. ¿En la provincia lo lograrán? A todos les surge, por igual, la prisa por las definiciones. Y todos saben que, más allá de sus diferencias, ir unidos a las elecciones los fortalece.
Por María Belén Aramburu
24.5ºc