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09/06/2023

El club de la pelea, por Nacho Girón

El cuarto oscuro está a la vuelta de la esquina pero los espacios políticos tradicionales hablan entre ellos y están en su peor momento en años.

El club de la pelea, por Nacho Girón

En este mes de junio en el que la dirigencia argentina tiene que poner primera para la campaña electoral que terminará con un nuevo presidente en el país en un contexto muy pero muy delicado a nivel económico y social, esa misma dirigencia está cada vez más lejos de la sociedad y cada vez más cerca de quedar enfrascada en disputas internas y peleas de ego.

El cuarto oscuro está a la vuelta de la esquina pero los espacios políticos tradicionales hablan entre ellos y, me hago cargo de lo que digo, están en su peor momento en años.

El Frente de Todos, que está promediando un gobierno horrendo por donde se lo mire y que no tiene fuerza ni para juntar en una mesa a sus propios fundadores, está perdido a un nivel desconcertante. A saber:

- No definió candidatos y no tiene ningún delfín que logre asegurar una victoria.

- Ni siquiera sabe si van hacia una primaria populosa, una primaria cerrada o si habrá una fórmula de consenso.

Del otro lado, Juntos por el Cambio parece burlarse de su propio nombre: quizás sigan queriendo el cambio, pero juntos no están seguro. Y mientras hace tan solo unos meses parecía que ganaban caminando, hoy esa alianza está al borde de implosionar. A saber:

- Las peleas públicas fueron de menor a mayor y el vínculo entre Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich es más tóxico que nunca.

- No hay acuerdo sobre cómo seguir, a quiénes incorporar o qué va a pasar hacia adelante… y la última reunión que hicieron hace horas duró apenas 8 minutos y cerró con demasiada tensión.

- Por último, el PRO, la UCR, la CC y aliados varios ven cómo la controvertida figura del ascendente Javier Milei les araña votos que antes eran propios.

Y todo, si me permiten este agregado, mientras uno y otro lado de la grieta no baja a la tierra UNA sola propuesta concreta para lo que viene.

A todos ellos quizás les alcance un dato para despertar de su peligrosa modorra: en el último mes, según las principales consultoras en opinión pública, más del 60% de los habitantes de Argentina sienten enojo/bronca y cerca de un 35% tristeza/desánimo por la situación del país. O sea, valores muy pero muy altos que se ubican dentro de los máximos históricos.

Ahí está el presidente Alberto Fernández destacando en un acto oficial que su gobierno no enriqueció a los amigos, no pide coimas, no presiona a periodistas y no tiene ministros corruptos. Un mensaje que cumple el doble objetivo de hablarle tanto a Mauricio Macri y la oposición… como a las gestiones kirchneristas anteriores.

Ahí está CFK, hundida en el fracaso de la gestión que ella misma designó pero de la que no se quiere hacer cargo aunque formalmente sea la vicepresidenta del hombre que denosta. Y con el fantasma de eventualmente poder cosechar hoy el mismo magro porcentaje de votantes que depositaron a su esposo en la Casa Rosada allá por 2003. Entonces, divide para poder reinar.

Ahí está Sergio Massa, amenazando cada menos veladamente que si el candidato no es único… y que si ese candidato único no es él… pega el portazo en Economía y explota todo. Un nuevo capítulo del operativo “tensar la cuerda” que había iniciado la propia Malena Galmarini cuando se hizo eco en sus redes sociales de un mensaje que decía: "Massa se queda hasta el final, porque el final es cuando se vaya Massa”.

Ahí está Mauricio Macri, visiblemente golpeado por ya no ser del todo el patrón de su propia estancia; sin un caudal de votos  propios que le permitan presentarse y ganar una nueva presidencia, sin unidad interna en su espacio amarillo y sin certeza de cuántos de los suyos lo quieren jubilar o no. Un Macri que asoma la cabeza a la arena pública para bajar mensajes de espanto (no desdoblemos en CABA o no incorporemos a Juan Schiaretti) pero con menos músculo que hace un tiempo.

Ahí está Horacio Rodríguez Larreta, obsesionado con la idea de que éste tiene que ser su turno… pero despreocupado por las consecuencias que podría traer tirar tanto de la cuerda en el sector político que él también fundó. Un Larreta que ya no está tranquilo, que ya no gana caminando y que hasta pareciera ser candidato del espacio equivocado.

Ahí está Patricia Bullrich, otra tiradora de cuerda profesional, disparando munición pesada a los que antes eran aliados y acercándose sin mucho disimulo al eventual futuro aliado llamado Javier Milei, que a su vez ve cómo algunos de los suyos abandonan el barco y otros se quedan pero conscientes de la estructura política precaria que todavía acompaña al liberal.

Así, queridos amigos y amigas, podría seguir todo el día: porque la dirigencia, como leí ayer en las redes, está en un culebrón auto destructivo. Con la hora de las definiciones electorales a la vuelta de la esquina, un verdadero CLUB DE LA PELEA.

La inflación, la guita que no alcanza, los recortes en nuestra economía familiar, la sensación de que ya no se puede planificar nada, la inseguridad y otros largo etcétera de dramas son problemáticas graves que nuestros líderes, encerrados en sus disputas interinas, parecen no estar viendo. Una pésima manera de “celebrar” los 40 años de nuestra democracia…

Nacho Girón

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