Editorial HI
29/06/2022

La diplomacia argentina por la soberanía desde la guerra de Malvinas, por María Belén Aramburu

Alberto Fernández pretende retomar el diálogo con Gran Bretaña y será otro gobierno argentino que continuará con su reclamo ante el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas.

La diplomacia argentina por la soberanía desde la guerra de Malvinas, por María Belén Aramburu
A

l primero al que le tocó restablecer las relaciones diplomáticas con Gran Bretaña luego de la Guerra de Malvinas y con el regreso a la democracia, fue al presidente Alfonsín a partir de 1984. Gran Bretaña exigía, de manera intransigente, además del cese de hostilidades, la no mención de la cuestión de la soberanía. La diplomacia argentina lo resolvió poniendo bajo “un paraguas” la soberanía de las Islas Malvinas, con lo cual se retomó el diálogo que permitió acercar a las partes.

El 3 de enero de 1984, en ocasión de cumplirse 150 años de la “ocupación por la fuerza de las Islas Malvinas, por parte de Gran Bretaña”, el gobierno argentino, siendo el canciller Dante Caputo, declaró que uno de sus primeros actos había sido el de reiterar ante el Secretario General de las Naciones Unidas, su disposición a la solución de las controversias internacionales y a entablar las negociaciones que la Asamblea General de la ONU había recomendado a través de una resolución. En la declaración, derivada de la reunión argentina-británica de Berna, se reafirmaba también la importancia que nuestro gobierno le asignaba a los intereses de los habitantes de las islas que se verían garantizados “bajo el imperio de la Construcción nacional...”

Durante el gobierno del presidente Carlos Menem se hizo famosa la política de seducción llevada adelante por su Canciller, Guido Di Tella hacia los isleños. Un documental con niños mostrando la vida en la Patagonia, miles de copias del libro “El Principito”, propuestas para que los artistas plásticos de Malvinas expusieran en el continente y, sobre todo, los recordados ositos Winnie The Poo que les fueron enviados como regalos de Navidad a los niños malvinenses pretendía hacer cambiar de opinión a los isleños sin aceptar la autodeterminación de los mismos.

Se pensó en un alquiler a largo plazo, de más de 90 años, con el reconocimiento de la soberanía argentina. Los habitantes de las islas se negaron a aceptar estos términos y se fracasó en la búsqueda de retroarriendo, semejante a la solución que el Reino Unido alcanzó con Hong Kong. Se intentó lo mismo para un lapso menor, pero el obstáculo era la admisión de la soberanía argentina sobre las islas, por lo que este tema se abordó en todos los foros internacionales a los que se asistió. Siempre bajo el “paraguas de soberanía”, se negoció un acuerdo para permitir el ingreso de argentinos a las islas, con el único requisito del pasaporte. “Si no hay vuelos no hay verduras” expresó en su momento Di Tella en alusión al desabastecimiento que sufrirían las Islas Malvinas como consecuencia del aislamiento al que las sometería el continente sudamericano.

El gobierno de Fernando de la Rúa, siguió reclamando, a través de su canciller, Adalberto Rodríguez Giavarini, en el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, retomar el diálogo para resolver el diferendo. Incluso hubo una oportunidad en que, reunido el Comité, Rodríguez Giavarini no estrechó la mano de la consejera isleña, Sharon Halford. Hubo también un incidente cuando el gobierno denunció que varios aviones británicos habían sobrevolado pesqueros argentinos cerca de las islas, a la vez que la Oficina de Pesca de Malvinas protestó porque las naves argentinas estarían en aguas británicas, refiriéndose a una zona en disputa. La diferencia quedó saldada cuando el presidente De la Rúa aseguró que el roce diplomático “no afecta para nada las relaciones” y, por su parte, el embajador británico en Buenos Aires, dijo que “las relaciones no están dañadas, siguen como antes”. Durante el gobierno de Eduardo Duhalde no hubo un cambio respecto de lo establecido en los gobiernos anteriores.

El presidente Néstor Kirchner, en el 2003, protagonizó un encuentro con el primer ministro británico, Tony Blair, en una cumbre de líderes progresistas llevada a cabo en Londres. Fue durante ese encuentro que Kirchner aprovechó para plantearle retomar el diálogo por la soberanía de las Islas Malvinas. La relación permaneció tensa y fría en ese periodo gubernamental y la Cancillería argentina continuó llevando su reclamo a todos los foros internacionales de los que participaba.

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner reiteró en varias oportunidades el reclamo argentino para la apertura del diálogo por la soberanía de las Islas Malvinas, instando a que Gran Bretaña cumpla con los reiterados pedidos que en ese sentido se vienen haciendo en las Naciones Unidas. Incluso llegó a expresar que “es inaceptable un enclave colonial en pleno siglo XXI” y que “no puede ser que en el mundo las reglas no sean iguales para todos”, siendo que el día anterior a sus declaraciones, el titulo de los diarios ingleses fue “Will not surrender the Falklands”, “No entregaremos las Falklands”. Quedó planteado el tema humanitario para que los familiares de los caídos durante la guerra pudieran viajar a las islas para inaugurar un monumento pero a cambio de la realización de vuelos comerciales a las islas atravesando el territorio continental argentino. “No hay negociaciones entre un tema humanitario y una cuestión comercial”, respondió de manera contundente la entonces presidenta.

Si bien el gobierno británico aseguró en varias oportunidades que su país tenía buena relación con el gobierno de Mauricio Macri, se encargó de señalar que la posición del Reino Unido no iba a cambiar. En su intención de avanzar sobre el tema de la soberanía de las Islas Malvinas, tras un discurso que pronunció en Nueva York ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, y luego de una charla informal con la primera ministra Theresa May, Macri había dicho que May había aceptado iniciar un diálogo bilateral que incluyese el reclamo argentino por la soberanía para luego tener que ser desmentido por su canciller, Susana Malcorra. De todos modos, la gestión de Macri se ocupó, sobre todo, en avanzar en hacer negocios, comercio e inversión con Gran Bretaña. Bajo el auspicio de la fórmula del “paraguas de soberanía” establecido en los Acuerdos de Madrid, se incorporó el inicio de identificación de los caídos en el cementerio de Darwin.

Llegamos a las declaraciones recientes del presidente Alberto Fernández en ocasión de la reunión cumbre del G7, durante la reunión bilateral con el primer ministro Boris Johnson en que el primer mandatario argentino sostuvo  que “le planteé que no hay manera de avanzar en la relación si no se avanza en la discusión de la soberanía; espero que ellos reaccionen y cambien la manera de tratar estos asuntos”. El canciller argentino, Santiago Cafiero, refiriéndose a esta conversación señaló que “el presidente lo paró en seco” y que le aclaró que “si nosotros no logramos avanzar en la discusión de la cuestión de soberanía sobre las Islas Malvinas, nada de toda la agenda que usted está planteando va a poder avanzar”. La respuesta de Boris Johnson había sido que la soberanía “no está en cuestión”, recalcando que sus habitantes “tienen derecho a la autodeterminación”.

Quedando aclarado por parte de Alberto Fernández “el pleno compromiso argentino para reanudar el diálogo y las negociaciones sobre las Islas Malvinas”, subrayando la importancia del restablecimiento de los vuelos regulares entre las islas y el territorio continental argentino, el gobierno argentino pretende retomar el diálogo con Gran Bretaña y será otro gobierno argentino que continuará con su reclamo ante el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas.

María Belén Aramburu

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