Editorial HI
04/11/2021

FMI: Hacia un acuerdo sustentable, por María Belén Aramburu

El Gobierno busca acercar posiciones para negociar la deuda

FMI: Hacia un acuerdo sustentable, por María Belén Aramburu
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as palabras que se refieren a la sustentabilidad provienen del embajador argentino en los Estados Unidos, Jorge Argüello, quien manifestó que nuestro país pretende alcanzar “un acuerdo sustentable con el FMI”, lo que implicaría, en sus propios términos, “que se devuelva de forma sostenible en el tiempo”.

El viaje del presidente Alberto Fernández al exterior, además de remitirse al cumplimiento de la participación de la Argentina en su representación como primer mandatario en el G20, tuvo metas trazadas estratégicamente para acercar posiciones en reuniones bilaterales, o en breves encuentros en un ámbito internacional que contaba con la presencia de países que detentan el peso suficiente dentro del organismo financiero internacional como para influir en decisiones que determinarán no solamente los plazos y formas de pago, sino también la mayor o menor flexibilidad en cuanto a los movimientos de flujos financieros mundiales hacia nuestro país.

Se generó incertidumbre y hasta desconcierto respecto del compromiso que tendría la Argentina para pagar la deuda. Los antecedentes de manifestaciones contrarias a este hecho expresados tanto por la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner como por La Cámpora en su conjunto a través de anuncios públicos de funcionarios, dirigentes y militantes de esta organización política, marcaron una distancia que debió ser acortada por el Ministro de Economía, Martín Guzmán, principalmente, además de por el embajador Jorge Argüello, con la apretada antelación en el tiempo, a la llegada del presidente Alberto Fernández para participar de la cumbre de primeros mandatarios. Un Ministro como lo es Guzmán, que debe rendir cuentas a diario sobre el funcionamiento de la economía doméstica y lograr en un contexto crítico un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, dejó clara la voluntad de pago a través del reciente desembolso de casi US$400 millones, que se suman a los cerca de US$2.500 millones desembolsados durante este año y la promesa de cumplir con un pago de US$1.900 millones en diciembre.

Las palabras de Alberto Fernández de “honrar la deuda” trajeron alivio. Pero siempre hay un pero... Y éste consistió en aclarar que la Argentina va a pagar pero pide “mayor flexibilidad en plazos y tasas”. En el texto elegido para hablarle a toda la comunidad internacional, apeló a la “atención y sensibilidad” para “superar el obstáculo” en materia de endeudamiento externo con el Fondo Monetario Internacional, mostrándose proclive a “vincular parte del pago a las imprescindibles inversiones en infraestructura verde”.

Lo que quedó claro entonces es que la Argentina va a pagar pero dicho pago debe ser sostenible en base a alcanzar un crecimiento económico que supere la crisis que se está atravesando. No faltaron alusiones políticas de parte del presidente Alberto Fernández, el Ministro Guzmán y otros funcionarios y dirigentes del Frente de Todos, señalando que el endeudamiento provino del gobierno anterior de Mauricio Macri, con fines supuestamente políticos y las aclaraciones que devinieron del ex presidente de Juntos por el Cambio sobre la necesidad de contraer deuda externa para hacer frente a las obligaciones de deudas a su vez contraídas con anterioridad a su gestión. Todo esto combinado con las reuniones que se estaban manteniendo en simultaneidad con la titular del FMI, Kristalina Georgieva.

En paralelo, la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner aseguraba, en sendos actos públicos y en plena campaña electoral con los números adversos recogidos por el Frente de Todos en las PASO y su interés por remontarlos, que no había dinero para pagarle al FMI. Sin lugar a dudas, si estuviese en el lugar de Alberto Fernández, si detentase el Poder Ejecutivo, como lo ha hecho durante dos períodos consecutivos, se hubiera expresado con duros términos hacia el organismo y sus países miembros, e incluso podría haber recurrido a lo que en el pasado, cuando fue presidenta de la Nación, recalcaba como un estandarte en relación a ir sobre los principios constitutivos de la carta orgánica del organismo financiero de modo de encauzar y materializar una reforma que abarcaría a éste y al resto de los organismos a nivel mundial en un contexto que también tendiese a la reestructuración del sistema financiero internacional.

Sin embargo, y, volviendo al tema sobre la sustentabilidad, el presidente Fernández, antes de viajar, y reivindicando la figura del ex presidente Néstor Kirchner, en el homenaje que recordaba los 11 años desde su fallecimiento, y siendo el ex primer mandatario, muy combativo con el organismo financiero, a la vez que sostenedor de una postura contraria a la de contraer deuda con el Fondo tomando créditos, y estando Alberto Fernández más a tono con las declaraciones de la vicepresidenta y La Cámpora, sostuvo que “si todavía no cerramos el acuerdo con el FMI es porque no nos vamos a arrodillar por pagar una deuda”, agregando que iba a cerrar con el Fondo “el día que sepa que eso no condiciona el futuro de los argentinos”.

Siendo que la Argentina optó a través de su presidente, de acercar posiciones para negociar con el FMI, el primer mandatario logró instalar un tema que se incluyó en el análisis que realizará el Fondo a través de su directora gerente y sus miembros, la de evitar el pago de la sobretasa de los préstamos por él otorgados cuando se toma un crédito por encima de la cuota correspondiente a los aportes de un país al organismo. Y, si bien se especula con la demora que este pedido tendrá en el seno del FMI, el tema quedó instalado, incluido y será debatido.

El cuándo y cómo se va a pagar la deuda con el FMI sigue siendo una incógnita. Trascendió que podría ser en el mes de marzo del año próximo pero las fechas de negociación se han ido postergando hasta el día de hoy.

La voluntad de pago quedó explícita más allá de los vaivenes políticos dentro de la interna del Frente de Todos y las discrepancias con la oposición en medio de un año netamente electoral, quedando a su vez establecido que si bien el organismo requiere, exige y necesita de un plan económico que respalde dicha voluntad de pago, éste debería ser consensuado con la oposición, exigencia mediante del Fondo, y en consonancia con la actual situación de crisis y en vistas a alcanzar un objetivo de crecimiento que a su vez contribuya a saldar la deuda en un círculo virtuoso.

María Belén Aramburu

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