Editorial HI
20/04/2021

La actividad educativa es esencial, por María Belén Aramburu

La educación es primordial, sobre todo en un país con un nivel de pobreza tan alto.

La actividad educativa es esencial, por María Belén Aramburu
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o tengo ninguna duda de la importancia de la educación en la sociedad. Es primordial, sobre todo en un país con un nivel de pobreza tan alto que alcanza el 42% y afecta a 19,4 millones de personas, en su gran mayoría niños, niñas y adolescentes que debiesen ir a la escuela para estudiar, para tener oportunidades de salir de su situación marginal y siendo que se les brindasen a su vez posibilidades concretas de aplicación de sus estudios. La escuela como espacio de contención de los alumnos, en especial para aquellos en que las circunstancias de su vida diaria se presentan adversas, como ámbito de socialización además de aprendizaje, es un soporte sólido, o debiese serlo, para este sector que está enfrentando un alto grado de vulnerabilidad por lo recientemente expuesto.

Los docentes en su rol de guía actúan como facilitadores de la absorción de los contenidos curriculares a la vez que colaboran en brindarles conocimientos básicos de los que algunos carecen en su entorno familiar y, con cariño, contienen a sus alumnos en sus momentos difíciles.
Dicho esto ahora cabe aclarar que estamos atravesando la segunda ola de una pandemia que por ser tal se caracteriza por ser internacional, y que en materia de educación las clases se han mantenido en la virtualidad hasta principios de año en que se restableció la presencialidad con los recaudos en la aplicación de los protocolos correspondientes.

¿Es lo mismo para un alumno estudiar de manera virtual que de manera presencial? Por supuesto que no. Hasta los adultos, habiéndonos adaptado a las prácticas del online y el amplio panorama que nos brinda la tecnología para los encuentros virtuales, sabemos que no es lo mismo, ni para las reuniones ni para tomar una clase. Afortunadamente contamos con estos avances que nos permiten acercarnos sin estar presentes y continuar con nuestras tareas laborales sin interrupción y con celeridad a pesar de sus inconvenientes. Y, a pesar de todos sus inconvenientes, los docentes y alumnos han podido darle continuidad a las clases bajo este sistema, que para los docentes, tampoco resulta igual o semejante a la presencialidad.

Con la llegada de la segunda ola y el crecimiento de los casos de contagios y víctimas fatales, el gobierno nacional planteó medidas a tomar en materia educativa y otras para la preservación de la salud de la población. El presidente Alberto Fernández, a través de un decreto de necesidad y urgencia estableció por medio de uno de sus artículos la suspensión de la presencialidad en las escuelas por considerarlas factores de riesgo. El jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, se refirió a estas medidas como de inconsultas, cuando es él quien gobierna el distrito, y es su responsabilidad la administración de la educación por cuanto es de su competencia. Basado en datos que fueron puestos en duda por el gobierno de Alberto Fernández, Rodriguez Larreta enfatizó que tienen “la evidencia que las escuelas no contagian más que el resto de la ciudad”, siendo la cifra de contagios menor al 1% y que, según el aporte de cifras del Ministerio de Transporte de la Nación, el sistema SUBE muestra que la cantidad de gente que viaja en transporte público es la misma que cuando comenzaron las clases, habiéndose incrementado en un 20% el número de unidades de colectivos. Agregando que la mayoría de los niños de educación primaria reside a hasta 10 cuadras a la redonda de sus escuelas “porque es el criterio de asignación de vacantes,”, la mayoría va caminando. En el caso de los adolescentes existe el riesgo de las reuniones callejeras a las salidas de las escuelas que, se podrían evitar digo, pero que, desde su gestión, estarían dispuestos a aplicar la suspensión de la presencialidad para los últimos años del secundario de ser necesario.

La falta de vacunas a la hora de su aplicación en los distritos, atadas a la producción y distribución de los laboratorios encargados de su fabricación, sumado este factor a las críticas que despierta la campaña de vacunación a nivel nacional con una respuesta que provino de éste para señalar al gobierno de la ciudad como el anteúltimo distrito en el ranking de vacunación de docentes, con el 14% del total de vacunados, obtuvo como respuesta de parte de Rodríguez Larreta, que no contaban con la cantidad suficiente de las vacunas que distribuye el gobierno nacional para su administración en este grupo que asume un riesgo al estar de forma presencial en las aulas.

Sería saludable que los docentes estén vacunados. Porque están en la primera línea en un aula frente a las burbujas de alumnos. En su momento lo sostuve mientras la presencialidad de las clases se convertía en un hecho a ser anunciado por las autoridades. Por eso entiendo la postura que asumen los gremios cuando lo plantean, siempre y cuando no tenga un tinte de orden político y se base en números reales que, de momento son sostenidos en contrario por la ciudad inclinándose a la presencialidad. Se destacó en su oportunidad que, por las pruebas y estudios científicos con los que se contaba hasta ese momento de la vacuna Sinopharm, de origen chino, iba a ser aplicada al plantel de docentes y no docentes que asistirían a las escuelas por su pertenencia a un grupo etario menor a los 60 años. Mientras el Ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires, Daniel Gollán, le cuestiona a la ciudad no haber aplicado las dosis de Sinopharm que se le dieran al distrito en su oportunidad para los docentes, afirma que la provincia vacunó el 50% del personal educativo y auxiliares. Por su parte, el jefe de gobierno de la ciudad se refirió al escalonamiento de prioridades pautado por la Nación para vacunar a los mayores de 60 para después hacerlo con los docentes y personal policial.

La ocupación de camas de terapia intensiva es un elemento fundamental cuando se tienen que tomar decisiones. Los datos brindados por la ciudad y la provincia no coinciden cuando se refieren al distrito porteño. Pero sabemos que es un dato que influye enormemente en la adopción de medidas. En este caso, el pronunciamiento del gobierno de Horacio Rodríguez Larreta se inclina a la apertura de las escuelas por no tener mayor incidencia en la contagiosidad que la habitual en la ciudad, y no presentar un sistema sanitario saturado.

Metida la política en año de elecciones, que llevó a la unión de todo el gabinete nacional, pese a sus diferencias por cerrar o abrir las escuelas, en apoyo del presidente Alberto Fernández y de dejar de lado cualquier diferencia en el espacio de Juntos por el Cambio, no en torno a este tema en el que presentan un acuerdo de base y sustancial a favor de la presencialidad, sino a aquellos que se relacionan con el período de renovación legislativa, dejando las disputas internas a un lado.

La judicialización del tema llevó a la justicia porteña a fallar a favor de la presencialidad en las escuelas, al gobierno de la ciudad a presentar un recurso ante la Corte Suprema de Justicia y al gobierno nacional a través de su Ministra de Salud, Carla Vizzotti y del Procurador del Tesoro, Carlos Zannini, a hacer sus presentaciones para llevar este caso a la justicia federal, contando además con las realizadas por particulares y organizaciones no gubernamentales. Pudiéndose tomar el tiempo que considere necesario, la Corte Suprema adelantó que se va a expedir en breve sobre este asunto que, en rigor es materia de análisis del máximo tribunal tratándose de una disputa entre la Nación y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires que reclama, basándose justamente en su autonomía, la potestad de tomar decisiones de esta naturaleza en su distrito más allá de un decreto que advirtió no fue consensuado. Mientras tanto, las clases en la ciudad son presenciales por un fallo de la justicia porteña hasta tanto la Corte dirima esta situación y fije una posición al respecto.

El AMBA es más que una integración geográfica localizada en la ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires si se pone la debida atención en la movilidad de la población de ambos y entre ambos, de la interacción entre unos y otros en cuanto al trabajo, atención médica, hospitalización y asistencia a escuelas entre otros aspectos a tener en cuenta. Y si bien merece una consideración puntual a la hora de tomar medidas en conjunto en una situación de pandemia como la que hemos estado atravesando desde el año pasado, es cierto que pueden presentar circunstancias diferentes en materia de educación y escuelas e incluso dentro de la misma provincia de Buenos Aires, con el más vasto territorio del país, tener fases disímiles adecuando medidas a cada una de ellas. Es en este contexto y en base a los datos propios que maneja y los que le provee el Estado nacional, que Horacio Rodríguez Larreta decida permanecer con las escuelas abiertas y, dentro de lo que es el AMBA, el gobernador Kicillof plantee lo contrario y hasta los intendentes del conurbano se diferencien no sólo por sostener distintos criterios o pertenecer a partidos o frentes oficialistas u opositores, sino porque la situación epidemiológica y sanitaria varíen de un municipio a otro. En este contexto cada uno podría tomar sus propias decisiones y asumir responsablemente las consecuencias que éstas traen aparejadas para la población de sus distritos.

En el contexto planteado creo que es muy importante mantener la presencialidad en las escuelas, si el sistema sanitario permite la atención de urgencia de pacientes con COVID19 y otras patologías graves y si el nivel de contagiosidad del virus no se ve incrementado por la movilidad a y desde las escuelas y la presencia en las aulas. Éste parece ser el panorama que se vislumbra en la ciudad de Buenos Aires según sus autoridades, por lo que las escuelas deberían poder estar abiertas.

Por María Belén Aramburu

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