Editorial HI
14/04/2021

Que cada uno se haga cargo, por María Belén Aramburu

El costo político de tomar una medida u otra.

Que cada uno se haga cargo, por María Belén Aramburu
Q

ue cada uno se haga carga del costo político de tomar una medida u otra, ya sea para ser más o menos flexibles, para cerrar o abrir más las actividades hoy vigentes y la circulación en curso de la población.

Éste es el mensaje, palabras más, palabras menos, que dio a conocer el gobierno haciendo alusión a lo pautado hace poco con los distritos por lo que ellos se hacen responsables de las medidas a adoptar en este contexto. Un marco en el que la segunda ola azota al país con focos geográficos bien específicos en los que se advierte una mayor circulación del virus, enfocándose en las nuevas cepas, más virulentas y de mayor contagiosidad. Por ahora su comportamiento permite que las vacunas existentes actúen con efectividad para lograr la inmunización, salvo en el caso de la cepa sudafricana que afortunadamente no ha ingresado al país hasta el momento, entrando en el análisis la consideración de la situación del sistema sanitario del distrito para hacer frente con camas en las unidades de terapia intensiva, respiradores, personal e insumos, a la población infectada.

En algunos distritos la saturación del personal y capacidad de las unidades de terapia intensiva no da abasto para satisfacer la creciente demanda. Comenzando por la detección en los casos que presentan algún o algunos síntomas compatibles con el COVID19, por lo que la gente hace largas filas para testearse, con mayor o menor prudencia cabe aclarar, de tomar distancia unos de otros y protegerse de resultar contagiado, para derivar en el aislamiento según los casos, los contactos estrechos que también deben aislarse, los pacientes atendidos en salas comunes, intermedias o en unidades de terapia intensiva. Las condiciones de los sistemas de salud de cada distrito se agravan y llegaron o están llegando al límite de su capacidad de atención, algunos alcanzando el tope de sus posibilidades de atención y otros con su capacidad extenuada, sin resto para atender a otra persona más allá de las que actualmente requieren de cuidados.

De acuerdo a lo expresado por el presidente Alberto Fernández y la Ministra de Salud de la Nación, Carla Vizzotti, cada gobierno distrital debe, no debiese, debe, hacerse cargo de asumir la responsabilidad de las restricciones a partir de su situación epidemiológica y sanitaria. Cada distrito debe asumir entonces los costos políticos que eso conlleva. Cada mandatario de distrito sabe no sólo cuál es la realidad que enfrenta en base a los datos que a diario, y en estos momentos, hora tras hora, les presentan los titulares de las carteras de Salud de sus gabinetes. No sólo conocen hasta qué punto sus sistemas de salud están saturados o no, o casi lo están, sino también la aceptación o rechazo que sus poblaciones pueden tener, en caso de adoptar medidas de mayores restricciones. A esto se suma el color político del jefe de cada distrito y la implementación que cada partido o frente al cual pertenecen considera es la precisa y acertada, que conlleva a una interpretación del estado de cosas y la consecución de normas al respecto para ordenarlas, sino también, el conocimiento de los sectores de ciudadanos a los cuales en su representación actúan para resolver sus problemas.

Pongamos el ejemplo del jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Horacio Rodríguez Larreta sabe perfectamente que tendría que llegar a una situación de lo más extrema y acuciante para acudir a medidas restrictivas de cierre de comercios, y ni hablar de circulación a las cuales se ha opuesto por principio desde un primer momento, habiendo acatado de todos modos, la normativa general impuesta por el gobierno nacional de Alberto Fernández y su gabinete. Recordemos que la gente que en su mayoría lo votó, sino no estaría ocupando obviamente el cargo que detenta en la titularidad del ejecutivo de la ciudad, es la que principalmente se volcó a las calles para protestar en disconformidad con los cierres que se fueron planteando, más a nivel nacional que del distrito, reclamando por sus derechos individuales y contra los cierres de actividades comerciales e industriales.

En el caso de la provincia de Buenos aires, el gobernador Axel Kicillof, su Ministro de Salud, Daniel Gollán y el vice de esta cartera, Nicolás Kreplak, coinciden con establecer pautas más estrictas para su población, también teniendo en cuenta la diversidad de situaciones que puedan desprenderse del análisis de regiones como el conurbano y el interior, como a su vez de los municipios dentro de cada una de ellas. Es más complejo y requiere de toma de decisiones de cada distrito en particular aparte de la que asuma la gobernación. En este contexto restricciones más severas son las que se plantean a nivel provincial para hacer frente a las urgencias. Aquí también se refiere a asumir una responsabilidad y costo político de parte de cada municipio que avance con cierres y limitaciones en la circulación. Cada uno asume su costo.

Otro planteo es el que supone una indivisibilidad de fronteras entre la ciudad de Buenos Aires y la provincia homónima. Siendo más distante la relación entre Horacio Rodríguez Larreta y Axel Kicillof que la planteada al comienzo de la pandemia en que solían reunirse y hablarse con asiduidad, la integración del AMBA, parece más desdibujada pero a su vez concebible en términos de acordar propuestas. A ello se agrega el condimento de la tirantez que la decisión del gobierno nacional llevó a Alberto Fernández a quitar del presupuesto de la ciudad  los fondos obtenidos en oportunidad en que gobernaba Mauricio Macri, en el peor momento de la pandemia y con la necesidad que de manera urgente y extraordinaria se requerían y requieren recursos para afrontar los gastos de salud y, por ende, de la economía que hoy son fundamentales. De distintos signos políticos e ideológicos, Nación y provincia por un lado, y ciudad por el otro, con la mira puesta en las necesidades inmediatas de la población, y con contactos permanentes entre sus ministros de Salud, deberán achicar distancias para consensuar medidas comunes para que el resto de las mismas, quede a merced del arbitrio de cada jefe de gobierno.

El planteo de restricciones y cierres ya sean totales a fase 1, para lo cual ya dediqué mi última editorial de @Haceinstantes al desarrollo de este tema bajo el título “No hay margen para una cuarentena total, salvo...” y la salvedad hacía referencia al sistema sanitario en relación con la situación epidemiológica, o fases más avanzadas pero cerradas, tiene que sopesar las implicancias económicas que traerán aparejadas y la capacidad financiera que se tendrá para solventarlas. El Estado pagó IFE a los más necesitados y vulnerables y ATP para contribuir a pagar sueldos de trabajadores activos y suspendidos. Terminaron a la par de nuevas aperturas y habilitaciones de la economía y un Estado que ya no los podía afrontar. Hoy bajo otras formas deberá resolverse la situación financiera bajo la cual se enfrentarán las situaciones de vulnerabilidad y contingencia que dejaron los cierres de actividades y restricciones, de aplicarse.

Creo que las medidas de cierre requieren de una temporalidad. Desde el punto de vista económico pero también y principalmente desde el abordaje individual psicológico, deben plantearse con un comienzo y un fin. La falta de credibilidad en la temporalidad que pueda ser planteada es a su vez un tema que no puede ser soslayado. La gente cada vez cree menos en lo que se dice, o cree más o menos depende de quién emita el mensaje. Pero convengamos que luego de la cuarentena tan prolongada del año pasado, con la gente prácticamente encerrada en su casa, ya no queda mucho margen para extender medidas de cierre parciales más allá de lo indicado.

En un año electoral se mide además el impacto que se tendrá en las próximas elecciones y cómo las medidas de uno u otro orden serán tomadas por la gente que ya, hastiada de la pandemia y sus consecuencias, no ve la hora de que esta situación se termine, demostrando impaciencia a la espera de resultados eficientes que en buena parte están atados a una campaña de vacunación que demuestre ser exitosa y en la que todavía faltan muchísimas dosis, de las ya comprometidas con los laboratorios y de las que se compraron, sobre todo desde el Estado ya que el gobierno tiene sus fichas apostadas a la rápida distribución que de ellas espera.

Y, como siempre sucede en estos casos, vuelve la incertidumbre, regresan las consultas sobre las probables medidas, la gente se aturde, reacciona como puede ante la adversidad, crece  el temor o la resistencia y se van apagando las luces del país y las de cada ciudadano que lo habita.

Por María Belén Aramburu

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