Editorial HI
08/04/2021

No hay margen para una cuarentena total, salvo..., por María Belén Aramburu

No hay margen político, social ni psicológico para una cuarentena total como la que vivimos el año pasado.

No hay margen para una cuarentena total, salvo..., por María Belén Aramburu
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l margen político fue sobrepasado cuando, sin tener el anuncio presidencial o del mandatario del distrito que corresponda al que uno habita, la población comenzó a desdibujar los límites trazados a través de los decretos para que, de forma consuetudinaria, por usos y costumbres, las formas laxas de interpretación de las normas fueran moldeando las necesidades de salir de las casas. Ver a la distancia a algún familiar o ser querido, reunirse con cuidados, hacer deporte o moverse un poco, abrir las persianas de los comercios que aún no estaban habilitados para poder pagar los sueldos de los empleados que no se encontraban en situación de trabajar, solventar costos y mantener el local evitando su cierre, y muchos otros casos se dieron después de la parálisis generada por el inicio de la pandemia y las medidas que fueron tomadas a partir de la misma.

La larga cuarentena vivida por los argentinos el año pasado, cuestionada por algunos y aprobada por otros, incluso bajo el análisis de los que la apoyaron desde un primer momento y piensan debe ser revisada, sin la seguridad de su utilidad por tan largo período, tuvo como objetivo principal solidificar el sistema sanitario de tal modo que pudiese tener la cantidad de camas requeridas para su uso en casos de personas contagiadas de COVID19, preparación de unidades de terapia intensiva, refaccionamiento de instalaciones para cumplir con estos propósitos y de no poder lograrlo ubicar centros sanitarios de campaña, adiestramiento de personal médico y no médico para la atención de casos de COVID19, fortalecimiento de la prevención y detección de casos, conocimientos y aplicación de los protocolos correspondientes a cada caso y rubro, con lo cual, tendríamos que tener una estructura de salud fuerte para casos de emergencia como los que nos está deparando la segunda ola.

El margen político también fue trascendido y sobrepasado cuando grupos opositores y aún los que no lo eran pero estaban disconformes con la extensa cuarentena con sus distintas modalidades y las variantes de flexibilización que se iban implementando al compás de aperturas de comercios y habilitación de actividades, tomaron las calles para protestar, reclamando por libertades individuales y pidiendo se abriera la economía a la par de la mejora de la cantidad de casos de contagiados de COVID19 en el mejor de los casos.

El cruce de la línea lo hizo la gente por su cuenta autoconvocándose por WhatsApp y redes sociales. A estas protestas se sumaron dirigentes políticos opositores siendo más tarde ellos quienes convocaban para protestar. Así es como la política y los políticos se entremezclaron con los reclamos en un año electoral. Los reclamos gozaban de legitimidad en tanto y en cuanto proclamaban, en el marco de la autenticidad, la exigencia de la escucha y el viraje hacia un rumbo diferente al tomado hasta ese momento. Mientras, en la vereda del gobierno nacional y el partido que lo sustenta, se asentaron en las bases de su estrategia y programación para darle sustento a una política que consideraron adecuada en época de pandemia. Pero, como se sabe, en la anticipación y el transcurso de un año electoral, las encuestas marcan en parte el paso para acomodar planes que permitan una mejor ubicación en el escenario que se plantea a mediano y corto plazo además de la escucha activa de propios y ajenos en su afán de lograr credibilidad en cuanto a la adopción de medidas en el marco de una crisis que la pandemia agudizó.

El soporte individual psicológico no soporta una vuelta atrás a fase 1. Hasta los que piensan que en algún momento se puede o se deba implementar por necesidad, saben que es muy complicado llevarla a cabo con el hastío que la gente siente luego de haber estado encerrada durante tantos meses, algunos con la suerte de contar con un trabajo que pudiera ser presencial o virtual, pero aún así en el encierro, y los que no, con sus graves problemas económicos a cuestas sin trabajo, o reducción de salario, o ingreso percibido desde el aporte del Estado, etc. No vale la pena detallar todo lo que sabemos y vivimos por lo cual voy ahora al análisis de las medidas.

Si bien hay quienes sostienen, desde el arco político opositor y desde el plano individual y social como ciudadanos, que no puede haber restricciones para la circulación y/o modificación de horarios para adaptarse a la medida anterior, vale apuntar a que, en varios países del mundo y en varios distritos de países del mundo, implementaron esta estrategia para sobrellevar la segunda ola, y ahora la tercera que atraviesa el continente europeo. Establecieron, siguen estableciendo o establecen, siempre por períodos cortos y de acuerdo a la conveniencia y necesidad en su implementación, los llamados toques de queda que impiden la circulación de la gente por horarios además de restricciones respecto de actividades y comercios que no sean esenciales. Se van abriendo y cerrando actividades, a medida que la situación mejora o empeora. Algunos hasta han vuelto a una fase 2 o 3, difícilmente a la 1 porque se sabe es complicado de sostener y, en nuestro país hasta inconcebible por la larga cuarentena en fase 1 y la posterior 2 de tan largo tiempo.

Se sabe que en los lugares de trabajo se mantiene el protocolo, difícilmente la gente se salga del mismo, por concientización y prevención, o por el solo hecho de cumplir con la exigencia de las normas establecidas por la empresa en la que desarrolla sus tareas. Es en las reuniones sociales, en los encuentros en familia o con amigos en que la gente se distiende. Quizás recuerde mantener la prudente distancia al saludarse y contactarse, pero en el transcurso de la reunión, lo más probable es que se vaya produciendo un acercamiento que finalice con un afectuoso saludo de un abrazo y hasta un beso. Ni hablar de la cercanía en que se producen esos encuentros repletos de conversaciones y risas, de lo más saludables y necesarias mientras no sean tan cercanas.

Han crecido la cantidad de contagios, la cantidad de gente que hace largas filas para testearse por sus sospechas de tener COVID19 o por un contacto estrecho, pero también es cierto que si bien entre ellas hay muchas personas que no son de riesgo, contagian rápidamente y sobre con las nuevas cepas a los que forman parte de los sectores que sí lo son.

El gran tema hoy son las vacunas. Porque si en plena pandemia tuviéramos la cantidad de personas que se requiere para establecer que la población se encuentre inmunizada, vale decir, entre el 70 y el 75%, habría cuidados, pero no extremos como los que se plantean ahora y no habría necesidad de llevar a cabo restricciones severas. Pero no las hay, no las tenemos y falta un buen trecho para terminar de vacunar a la población esencial y de riesgo que, según el Ministerio de Salud de la Nación, son 15 millones de personas. Otro tema a evaluar es el estado del sistema sanitario y su saturación por distrito en base a la situación epidemiológica para que haya la suficiente cantidad de camas, salas de terapia intensiva y personal con conocimientos necesarios como para hacerle frente a la segunda ola. Y el margen de la cuarentena estricta y prolongada de fase 1 del año pasado debiese tener solucionados estos temas.

Por lo recientemente expuesto no hay margen para una cuarentena total, salvo si se desborda la situación sanitaria.

Por María Belén Aramburu

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