Editorial HI
12/03/2021

La expectativa inflacionaria a la orden del día, por María Belén Aramburu

La inflación de febrero fue del 3,6% siendo una vez más los alimentos los que impulsaron el número.

La expectativa inflacionaria a la orden del día, por María Belén Aramburu
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a inflación es uno de los mayores temas de preocupación para el gobierno. La economía toda lo es sobre todo en época de pandemia y con la perspectiva de largo alcance que ésta va tomando ante la falta de vacunas y el retraso en la campaña de vacunación.
 
Para encarar el tema de la inflación debemos comenzar con la que aparece como proyección anual de presupuesto que por ley contó con la aprobación del Congreso en momentos en que se presentaba como un proyecto. Parecería difícil alcanzar una meta del 29% con el sostenido aumento de precios especialmente el de los alimentos y bebidas que son los que mayor ponderación y peso específico tienen en el índice inflacionario mensual. Un índice menor al 2% mensual le haría honor al porcentaje establecido por ley y, por lo que se ve, los cálculos más recientes están reñidos con estos números que más bien tienden al alza.
 
La inflación de febrero fue del 3,6% siendo una vez más los alimentos los que impulsaron el número. Esto equivale a un acumulado del 7,8% en los dos primeros meses del año.
 
Para los que hacemos las compras es fácil advertir que los precios de los alimentos van subiendo. Los motivos pueden ser varios. Las cuestiones vinculadas con la estación repercuten en varios de los que se presentan a diario en nuestras mesas, a la vez que hay otros que influyen en los aumentos. Las frutas y verduras tuvieron un fuerte incremento. Los tomates redondos por ejemplo, subieron un 36,8%. Las carnes también aumentaron dependiendo de los cortes, así como el pollo que antes era un sustituto de las carnes rojas pero con su respectivo aumento dejó de serlo para igualarse con algunos cortes percibiendo un aumento el último mes del 4,7%. Leche, productos lácteos y huevos aumentaron un 4%, las verduras, tubérculos y legumbres el 7,1%. La cebolla llegó a aumentar un 14,7%. Los aceites aumentaron, los fideos secos también mostrando un incremento del 4,1%, la yerba del 6,1%, y así podemos seguir con el listado enunciando a algunos y mencionando a otros. Lo cierto es que los alimentos y bebidas no alcohólicas aumentaron el 4,4% en el mes de febrero.
 
Un factor que considero importantísimo a la hora de analizar el índice inflacionario es el de la expectativa inflacionaria. Más allá de los aumentos estacionarios y de los que quizás podrían estar vinculados al precio del dólar, la expectativa que el productor, pero principalmente los intermediarios y comerciantes tienen respecto del aumento de los precios, marcan una línea ascendente en la fijación de precios a través de su remarcación en alza.
 
Otros rubros con incidencia en el índice inflacionario del 3,8% de febrero fueron los precios registrados en los restaurantes y hoteles, de un 5,4% esperando quizás, y a modo de expectativa, recuperar alguna porción de lo perdido durante la estricta cuarentena del año pasado y la apertura que se dio por etapas en la que la gente que pudo aprovechó para hacer alguna que otra salida de la que se vio impedida en la etapa estricta del inicio de la pandemia.
 
El transporte registró un aumento del 4,8% también con uso restringido en pandemia y acotado según las circunstancias que obligaron a muchos a la utilización del servicio privado o de su propio vehículo o el ajeno para dirigirse a sus trabajos mientras éstos fuesen total o parcialmente presenciales, a veces y según los casos, facilitado por los empleadores.
 
El aumento del equipamiento y mantenimiento del hogar del 4,6% había arrancado durante el periodo de prolongación de la pandemia. La estadía en las casas provocó una mirada hacia el interior de las mismas, volcándose parte de los ingresos a lo que permitiese una mejora en el hogar a través de la compra de artefactos grandes, bienes no durables y todo aquello de utilidad para mejorar la mayor permanencia que va de la mano con el teletrabajo y el cambio laboral instalado a propósito de la pandemia.
 
Los precios de los bienes y servicios regulados por el Estado también presentan un alza, en este caso del 21% pero con expectativa de crecimiento cuando consideran que sus precios quedaron rezagados en relación con los del resto de la economía.
 
Otro factor de análisis para evaluar la proyección de la inflación en el año es el arrastre de los precios provenientes del mes o meses anteriores y los aumentos que otros rubros, además del de alimentos y bebidas ha venido registrando para la suba. La actualización de precios en el mes de marzo en las prepagas, combustibles, taxis, subtes, peajes, colegios privados entre otros, tendrán incidencia en el próximo índice inflacionario del mes de marzo.
 
El movimiento del dólar ahora contenido en su versión “blue” podría achicar márgenes de expectativa inflacionaria, aunque por el momento no se registra en los índices de los primeros meses del año. La emisión monetaria tampoco ayuda.
 
Pero sobre todas las cosas, la expectativa inflacionaria no sólo del que ofrece bienes y servicios sino también de la población en su conjunto, ejerce una presión de índole psicológica que coadyuva al incremento de precios en una escalada que se ve reflejada en la inflación.
 
Es por esto entonces que, a la expectativa inflacionaria, se le debe prestar especial atención.

 

Por María Belén Aramburu

 

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