El propósito de Milei detrás de su sostenida ortodoxia
“No nos vamos a apartar un ápice de nuestra ortodoxia”, aseguró el presidente Javier Milei en la comida anual de la Fundación Libertad, a la vez que afirmó que “vamos a seguir haciendo lo que dice la teoría económica y la evidencia empírica”. Aferrándose a su manual de política económica liberal que pone en práctica mediante su gobierno, debió justificar, brindando razones lógicas y convincentes a la audiencia de esa noche y, por medio de ella, a la ciudadanía toda, cómo iba a controlar la inflación para alcanzar una tendencia decreciente, luego de los números que en los últimos meses mostraron lo contrario. “La base monetaria sigue siendo la misma, por lo tanto, en algún momento va a caer”, continuó explicando. Pero más bien, anclado en su ortodoxia, y con el intento de mantener el status quo, aseveró que “las ideas de la libertad funcionan”.
Javier Milei siempre se aferró a la ortodoxia, a su teoría económica que implementó a rajatabla desde el minuto cero en que comenzó su gobierno. Y antes también, cuando se lo encontró haciendo campaña. Convencido de su certera aplicación, ésta rindió sus frutos, sobre todo, al principio de la ejecución de su cargo como presidente, habiendo enviado al Congreso, la llamada Ley Bases que demoró bastante en ser sancionada, habiendo previamente sido diezmada por aliados y opositores por igual. En ese entonces, que no fue tanto tiempo atrás pero da la sensación de haber sido muchísimo más, Milei se refería a esta ley como la piedra fundamental de su programa de gobierno, sin la cual le iba a ser imposible aplicar la política económica que había enamorado al electorado, tras haberla explicado detalladamente en campaña, aún habiendo sido el más impensado e impensable candidato, la cual lo llevaría a la titularidad del Poder Ejecutivo, siendo un outsider de la política, un personaje en algunos casos mediático, y bastante desconocido al momento de la postulación de su candidatura.
Habiendo pasado ya dos años y medio en el poder, su imagen positiva fue perdiendo peso, a la vez que contrarrestada por el crecimiento de la negativa, y con números que, de acuerdo con la coyuntura de la cual se obtengan en la muestra de entrevistados, lo dan como vencedor de las elecciones del próximo año, tanto como perdedor por muy poco, o con el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, pisándole los talones. Es que esas mismas encuestadoras dan cuenta de que en la cima de las preocupaciones de la gente se ubican la falta de empleo, la caída de salarios y la corrupción y, como dato alarmante, que la inflación volvió a instalarse en el podio, apoyada en las cifras de los últimos índices de precios al consumidor, y más allá de ellos, en el reflejo de la relación entre los precios de los bienes y servicios y la capacidad de su poder adquisitivo, mermado como consecuencia de estos y sus respectivos haberes.
Sin dejar de aceptar que “33% de inflación es un número horrible”, por lo que representó en 2025, pero más por lo que vendrá en 2026, con la proyección ya incumplida, porque los números así lo marcan, de la inflación presupuestada para este año, Milei explicó, en la comida de la Fundación Libertad ante su audiencia que requería de respuestas y las del público que escuchaba sus palabras, que esa cifra “tiene un sentido” porque “la inflación había empezado a caer de manera profunda, pero luego del resultado de mayo y la victoria de Manuel (Adorni) en Ciudad, la política salió a jugar”. Es lo que el presidente interpretó como “un saboteo enorme donde coordinaron empresarios, medios de comunicación, políticos y opinadores, para destruir el programa económico”, con la intención explícita, según su interpretación, de “destruir el equilibrio fiscal”.
Y aquí aparece la ortodoxia en la economía, marcando la continuidad del rumbo a seguir, y la dialéctica amigo-enemigo también utilizada vehementemente por la oposición cuando era oficialismo. Y acá se equivoca. Porque una cosa es mantener la ortodoxia, que ya explicaré por qué se mantiene, aún a costa de la credibilidad que pueda tener hoy por hoy la política económica que enganchó al electorado a la locomotora del tren por él conducido, y otra es mantener viva la idea de bandos que, en este caso se pretende sean los del gobierno por un lado, y todos los que no concuerden con él por el otro, evitando matices que podrían enriquecer tan inflexibles posturas. De todos modos lo hemos visto arremangarse en el fango de la política, cuestión que aprendió a hacer y sigue haciendo, negociando con potenciales aliados, luego convertidos en tales, arrimándolos, no tanto a sus ideas, sino más bien a la utilidad derivada de los proyectos que podían sustentar su plan económico. Pero el trazado de una línea difusa, que ponga a adversarios políticos junto con quienes no adhieran a sus premisas, podría atentar contra el mismo programa que defiende. No es lo mismo ser opositor por pertenecer a un partido al que le toca asumir, responsablemente, ese rol, que disentir, no estar de acuerdo y, en consecuencia, expresarlo, desde la función que se desempeñe, cualquiera sea esta Confundirlos es generar una nebulosa que, en términos del electorado, distrae y es contraproducente a la hora de establecer límites precisos entre unos y otros, sobre todo cuando el período eleccionario se está aproximando.
La ortodoxia como camino fue reforzada por el Ministro Caputo, como líder del equipo económico de Javier Milei. Reforzándola, aclaró que “el proceso de desinflación va a retomar, vimos picos en marzo, pero a partir de abril esperamos que se retome el proceso”. Mostrándose entusiasta y esperanzado, señaló que “por los próximos meses vamos a ver la inflación convergiendo hacia abajo, y la economía creciendo más de lo que hubiésemos esperado”. Siendo su público oyente, en esta oportunidad, parte del empresariado de nuestro país, compartió los elogios recibidos por el directorio del Fondo Monetario Internacional, quien nos calificó como el “mejor país” en absorber el shock, para luego anticiparse a futuras inversiones nacionales y extranjeras que permitirán un crecimiento económico, tras elogiar la “robustez” de la economía después de lo que aconteció en los últimos meses.
Algunos atribuyen a la tozudez del presidente su adhesión firme y sistemática a su ortodoxia económica, como si ésta sólo refiera a ciertos rasgos de la personalidad del primer mandatario. Y no es que Milei no los tenga, pero esta mirada sería absolutamente sesgada de no ser porque él cree firmemente en su proyecto basado en una teoría económica de la que no se despega. Ni siquiera los números relacionados con su imagen, la inflación o lo concerniente a la preocupación por el crecimiento económico, logran disuadirlo de algún cambio en ese esquema que cabalga a su propio ritmo en el mundo intelectual que lo contiene. En ese sentido se podría decir que es coherente con lo que piensa, expresa y ejecuta, a la vez que consecuente. El tema más importante pasa por desentrañar de la manera más rápida posible, si esa ortodoxia debe ser mantenida incluso para la prosecución de las metas prometidas por él mismo y su gobierno. Incluso saber y reconocer si se puede sostener la misma línea política luego de la exposición que su Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, realizará en el Congreso, figura clave de su gobierno a la cual apoya y sostiene y, por lo cual, irá presencialmente a escuchar en el recinto.
Por María Belén Aramburu