2026-04-14

¿Se puede pasar del dogmatismo al pensamiento crítico y flexible?

Muchos de ustedes se preguntarán a qué se debe el interrogante del título de mi editorial de @Haceinstantes. Porque cada uno podrá, a su vez, encontrar una respuesta acorde con la información que tenga o esté por obtener a partir del análisis. Se considera que un dogmático es una persona inflexible, que defiende sus opiniones, creencias o doctrinas como verdades absolutas e incuestionables, rechazando cualquier crítica o punto de vista contrario. Suele mostrarse cerrada al diálogo y al cambio de opinión. 

Ejemplos sobran. Y no están muy distantes de cada uno de nosotros. Basta ir a un asado y encontrar imposible el intercambio de ideas y opiniones con personas poco propensas a escuchar aquellas que no coincidan con las que ellas piensan y expresan, por lo que el encuentro se perderá de un intercambio compartido fructífero y de un enriquecimiento mutuo, al desviarse de lo que podría haber sido un nutritivo debate. Lo mismo se advierte en los medios de comunicación, en los que generar el respeto entre los entrevistados que sostienen diversos puntos de vista, acorde con su procedencia política e ideológica, se convierte en una odisea que suele no cumplir con su propósito, más allá del rating que pueda haberse sostenido y acumulado, tras lo cual al espectador no le queda nada en limpio.

Claro que, escalando posiciones, en base a las responsabilidades asumidas dentro de una estructura social, y en la escala piramidal funcional en la administración pública, las consecuencias de dichos pensamientos y acciones contemplan una repercusión más amplia y multiplicadora. Si el dogmatismo se sostiene en las más altas esferas, vale decir en el ámbito de quienes gobiernan, estos sostendrán sus ideas a rajatabla El presidente Javier Milei se muestra, la mayor de las veces, como alguien inflexible, al igual que aquellos más próximos que lo rodean en el ejercicio de sus funciones. En cuanto a la implementación de su política económica, aquella proclamada y explicada mientras se encontraba en campaña, antes de las elecciones presidenciales que lo llevaron al poder, y que enamoró a gran parte de la ciudadanía, ya sea para oponerse y contrastar con el modelo del gobierno anterior, o por su histórica o flamante inclinación ideológica, resultó luego desarrollada en la práctica, tal como lo había prometido.

Las ideas económicas de Javier Milei, por él consecuentemente mantenidas y argumentadas desde siempre, desde antes de su campaña electoral y de haber asumido la presidencia, son sostenidas férreamente y sin titubear en cada entrevista y foro en el que pueda expresarlas. Ya sea que la ciudadanía, en su mayoría, y más allá de su inclinación al voto a su favor, las hubiese comprendido o no, las aceptó como manera de encontrar en ellas la solución a sus problemas económicos cotidianos y con la expectativa de un progreso y crecimiento individual y colectivo, de país en general, que le permitiría salir de su estancamiento y proyectarse a futuro en base a un sólido presente. La gente apoyó mayoritariamente a Milei, su gobierno y su partido, La Libertad Avanza, en las elecciones legislativas del año pasado, lo cual les permitió tener oxígeno suficiente para que el Congreso avanzase con los proyectos de ley del Ejecutivo, necesarios para la continuidad de su plan.

Basada su credibilidad, principalmente en la marcha de la economía, y obteniendo algunos resultados esperados y deseables, mientras otros no lo son, y teniendo la mirada de la gente clavada en las variables económicas que hacen a su supervivencia y quehacer diario, como lo es la inflación en primer lugar, y la de más fácil comprensión por verse reflejada en las compras del supermercado en la instancia más próxima a su entendimiento de cómo está marchando la economía, y otros productos y servicios, con mayor o menor impacto, de acuerdo a quién se refiera, las encuestas comenzaron a reflejar números distintos a aquellos que lo favorecían a fin del año pasado y comienzo de este Ellos son indicadores de que el rumbo de la economía arroja datos que lo alejan de su electorado, descartando el núcleo duro que, con un piso, tiene un techo difícil de establecer, y que se está quedando bajo para lo que eran las cifras y expectativas manejadas con anterioridad. 

Acá aparece el dogmatismo al cual se aferra Milei y su equipo económico, como si se tratase de una teoría a ser aplicada a modo de experimentación en el plano real. Con una implementación ajustada a una base teórica que ha sido explicada en reiteradas oportunidades, y señalada como el mejor camino a seguir, conviene señalar que el rumbo práctico es sobre la gente, que es la que experimenta sus consecuencias en distintos grados. Ahí el dogmatismo continúa alineado con su rigidez de origen, o se replantea para dar cabida a una flexibilidad intelectual que, en este caso concreto, consistiría en el análisis de las variables económicas, algunas a seguir siendo sostenidas por considerarse eje de la teoría que se sostiene, pero observándolas como en un laboratorio, si se quiere más humanizado, evaluando su impacto en otras variables más sensibles, que son las que alejan del bienestar y de los beneficios a un sector cada vez más amplio de la ciudadanía y, por lo visto, de su propio electorado.

Esto viene aconteciendo, hasta que lo escuché en una entrevista televisiva decir que “hay que entender también por qué la gente se siente mal”, en alusión a la marcha de la economía, la evasión y la desaceleración de la actividad, para agregar que “hay que tratar de entender a la gente”. En tono de preocupación, continuó afirmando que “hay gente que sufre, hay gente que está mal y eso hay que reconocerlo”, mostrando otra cara, más comprensiva del padecimiento ajeno que, en muchos casos, es sufriente y doloroso. Podría interpretarse como un giro a producirse en el corto plazo, pero también en la misma entrevista en la que manifestaba entender la situación por la que estaba atravesando parte de la población, reaseguraba el buen funcionamiento de su plan económico. Y como para el dogmático ninguna expresión contraria a su teoría puede ser siquiera tenida en cuenta o tolerada, es probable pensar que no admitirá ninguna alternativa a la diagramación programada ejecutada o por ejecutar, incluso si proviene de su propio riñón, cuando el Ministro Luis Caputo y su equipo le están llevando propuestas para ser consideradas. Pero lo está considerando. Y nos iremos enterando de a poco.

Mientras tanto, la gente de a pie, que toma el transporte público para ir y volver de su respectivo trabajo, no hace un pormenorizado y exhaustivo estudio de la economía. Tan solo pretende llegar a fin de mes, que la plata le alcance y poder prosperar para hacer frente a sus gastos diarios y los de su familia. Y otros que pretenden tener un crecimiento sostenible y sustentable de su economía, pudiendo trascender la mirada micro para instalarse en la macro, encontrándose también entre ellos, porque cada uno gira en su propia órbita, los que pueden hacer un análisis más detallado y minucioso, a la vez que observan con lupa y detenimiento el desenvolvimiento de cada una de las variables, porque el contexto les permite hacerlo. ¿Y por qué votaron a un presidente que les iba a solucionar sus problemas, alguien ajeno a la política?

“El dato es malo”, fueron las palabras de Milei al conocerse la cifra de la inflación del mes de marzo, de 3,4%. “El dato no nos gusta, ya que la inflación nos repugna”, agregó en su cuenta de X, reconociendo su preocupación, que es la preocupación económica más elemental de la gente, y la cual se siente a diario. Señaló, a su vez, que “hay elementos duros que nos permiten explicar lo que ha pasado”, con la esperanza de que se debe “especialmente esperar que a futuro la inflación retorne a su sendero decreciente”, ya que ha venido sosteniendo el flagelo que ella significa en la economía. Pensemos que en el primer trimestre del año se alcanzó un 9,4%, superior al 8,6% en el mismo periodo del año anterior, agotando la meta programada y presupuestada de 10,1% para todo el 2026. También se conoció el número de la canasta básica, junto con la necesidad de una familia de tener $1.434.464 en marzo, para no ser pobre.

Puede haber muchas explicaciones a esta cuestión, y una de ellas referirá a la guerra en Medio Oriente, pero también los fenómenos internos que deberán ser atendidos. De esas explicaciones se ocupará el mismísimo presidente, seguido por Caputo y sus funcionarios del equipo económico. El primer mandatario aseguró que va a brindar explicaciones ante el AmCham, que no estarán incluidas para el momento de cierre de esta editorial. El trasfondo ruidoso de la investigación sobre el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, se amplifica con el conocimiento público de las cifras del IPC. A la gente le importan las contradicciones entre lo que se dice y hace, en este caso respecto de la “casta” tan bastardeada, que con hechos puso al jefe de ministros en el centro de la atención, pero aparecen aún más resaltadas cuando no hay dinero en los bolsillos, siendo la economía el principal caballito de batalla de la oferta política de Javier Milei y su gobierno.

¿Se puede pasar del dogmatismo al pensamiento crítico y flexible? ¿Milei lo hará? ¿Le conviene? ¿Lo puede hacer en base a la aplicación de la teoría económica que sostiene?

Por María Belén Aramburu

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