¿Cómo será la relación de Argentina con USA tras las elecciones? ¿Trump o Harris?
El mundo está pendiente de las elecciones en los Estados Unidos. La Argentina también. ¿Por qué? Lo que pase en el país del Norte, siendo la gran potencia que es, no sólo influye en ese país sino a su vez, obviamente, en el resto del planeta. Y es por eso que Javier Milei en particular, y su gobierno, posan sus ojos en los resultados electorales. También lo hacen muchos argentinos, y los vengo escuchando, sobre todo aquellos que, en oportunidad de poder realizar algún movimiento financiero, por más pequeño que sea, o una inversión, o compraventa de algún bien, o la proyección de brindar un servicio, aguardan la inminencia de lo que las urnas norteamericanas mostrarán como definición de una política interna y a nivel internacional. “Voy a esperar a ver qué pasa en los Estados Unidos”, dicen.
Respecto de nuestro país, hoy gobernado por Javier Milei, es conocida la inclinación de este hacia Donald Trump y los elogios del republicano a nuestro presidente, dispensados mutuamente tanto por redes como personalmente con motivo de un encuentro que mantuvieron en una Cumbre Conservadora de Washington, un mitin político conocido como TrumpFest, en el mes de febrero. En esa ocasión, Trump destacó que era “un gran honor tenerte aquí” y que “es un gran señor, es MAGA, Make Argentina Great Again” a lo cual Milei no sólo agradeció sus palabras, sino que avanzó más allá de las fronteras de la relación que, por ser presidente de los Estados Unidos, mantenía con Joe Biden, quien en ese entonces era el candidato señalado por los demócratas para continuar en el cargo, señalando que “espero verlo otra vez, la próxima como presidente”. Si a eso le sumamos que, en el Foro de Davos, apenas unas semanas antes, el discurso de Milei estuvo cuidadosamente orientado, expresando que “el capitalismo de libre empresa es la única herramienta que tenemos para terminar con el hambre y la pobreza en el planeta”, el resultado del encuentro no podía ser menos que alentador y promisorio.
Habiéndose inclinado públicamente por Trump, en medio de la instalación de candidaturas en plena campaña electoral, la Argentina gobernada por Milei, conservó una buena relación con los Estados Unidos, principalmente por su alineación con ese país e Israel, marcando el trazado del camino de su política exterior, al igual que en su posicionamiento respecto de Rusia y China, y los países de la región con gobiernos progresistas. Aunque todo esto con matices. El reciente dolor de cabeza que el voto argentino tuvo en las Naciones Unidas en relación con el embargo norteamericano a Cuba, favoreciendo al país caribeño, y que derivó en la salida del Ministerio de Relaciones Exteriores de Diana Mondino, enfureció a un Milei que prolijamente estaba demostrando al mundo su ideología y consecuente implementación, provocando cambios en dicha cartera, pero no un conflicto diplomático con el aliado país del Norte.
En relación con China, Milei dejó de lado sus críticas de “comunista” al poder del país oriental para dejar la puerta abierta a una reunión con Xi Jimping en enero del próximo año, cuando el presidente argentino participe de la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, encuentro que buscará incrementar las inversiones y la relación de comercio bilateral. La atávica dependencia de Argentina respecto de China y la conveniencia de ésta respecto de nosotros, sólo perturba a los Estados Unidos mientras la guerra comercial entre ambos continúe, más allá del conocimiento sobre nuestra necesidad y la de los países de la región de venderle al gigante asiático, y por lo que consideran es una violación constante de China a las reglas de comercio internacional vigentes, que atentan contra los mecanismos implementados para preservar y mantener el buen funcionamiento de las instituciones en el orden del comercio internacional. Con Rusia, las relaciones serán proporcionalmente distantes de acuerdo con el desarrollo de la guerra en Ucrania y las históricas posiciones que este país ha venido adoptando en materia de política internacional, con lo cual se actúa en verdadera sintonía con la Casa Blanca.
Si ganara Kamala Harris, la relación permanecerá como hasta ahora en que los Estados Unidos fueron gobernados por Joe Biden, quien, sin simpatizar siquiera con la ideología liberal libertaria de Javier Milei, entiende razones de alianzas globales y de confianza sobre la tracción que nuestro país puede hacer de los del resto de la región hacia la política exterior norteamericana claramente delineada y confirmada a través de organismos y foros internacionales. Tal es el caso de la afinidad de Milei con gobiernos de derecha, y su rechazo a Venezuela, Cuba, México, Colombia y otros, con los que debe sostener un delicado equilibrio en materia comercial y más allá de sus ostensibles diferencias, como debió hacer con Brasil y el gobierno de Lula Da Silva, incluso en el ámbito del Mercosur.
A los Estados Unidos, más allá de que gane Donald Trump o Kamala Harris, y sus disidencias ideológicas, la Argentina, con el gobierno de Javier Milei, le sirve a uno y a otra, para promover el alineamiento de la región al país del Norte, a la vez que como tapón para el avance del progresismo y su permanente choque con lo que estos denominan como imperialismo norteamericano. Incluso nuestras enormes riquezas, alabadas y demandadas por el mundo, brindadas por la generosa naturaleza de nuestras tierras, aguas y aires, hace de nuestro país, un foco interesante e imperdible de atención, que trascenderá quién triunfe en las próximas elecciones. Milei, con sus fuertes y hasta polémicos discursos en foros internacionales se ha mostrado en la misma línea e incluso a veces más disonante, intentando un estilo propio y con pretensiones de liderazgo unipersonal o comunitario de coincidir con sus ideas, ideales e ideología, frente al mundo. Y en el marco de la guerra en Medio Oriente, la claridad con la que el presidente argentino demuestra su apoyo a Israel, resulta de suma utilidad para un país que, desde su poderío, ha manifestado tener una fuerte injerencia en la región.
Otro tema muy sensible, en este caso para la Argentina, es el de la deuda con el Fondo Monetario Internacional y la relación de nuestro país con ese organismo financiero, el que ha sido acreedor de préstamos, independientemente del gobierno de turno de nuestro país, con críticas como las del kirchnerismo, sostenidas en el tiempo por Cristina Kirchner y La Cámpora y, generalmente con negociaciones que llevaron a cabo tanto el gobierno de Milei como otros, reclamando exigencias más acordes con las circunstancias económicas imperantes en nuestro país, en el seguimiento y control técnico que éste realiza periódicamente en consecuencia con el otorgamiento de un crédito y su expectativa de devolución, criterios que se han ido ablandando con el transcurrir del tiempo.
El vínculo generado entre Javier Milei y Donald Trump no garantizan un romance indefinido entre ambos, y menos una vez pasadas la campaña y las elecciones, de obtenerse un resultado favorable para el republicano. Aunque la afinidad ideológica de ambos le sume puntos al presidente argentino, sabemos que el republicano es imparable y avasallante, y dirigirá sus flechas adonde más le convenga de acuerdo a cada circunstancia de coyuntura. Siendo que el país que mayor ponderación tiene en el directorio ejecutivo del Fondo Monetario Internacional, y que el gobierno requerirá de un préstamo en el mandato de un nuevo presidente, podría establecer que ambos, aunque con diferencias, apoyarán a nuestro país, aunque no incondicionalmente. Recordemos que fue durante la administración de Trump y la de Mauricio Macri en la Argentina cuando se nos otorgó el préstamo más voluminoso que jamás hubiéramos obtenido del organismo financiero. Trump y Macri estaban en muy buenos términos y con un conocimiento previo que provenía de la época en que Franco Macri estaba interesado en negocios inmobiliarios en los Estados Unidos. Aunque tampoco este vínculo le supuso a Macri estar libre de escollos en la relación. Sino que Milei le pregunte sobre la exportación de limones, sobre el biodiesel y demás. Pero volviendo al FMI, la relación funcionó de maravillas para el presidente argentino, con la injerencia que tuvo el mandatario republicano en el board del organismo financiero. Habría que ver, bajo una nueva gestión del norteamericano, qué podría deliberarse y decidirse respecto de un préstamo que, si bien no desde la Casa Blanca, pero sí desde los que siguen muy de cerca los números, podría ser resistido o, al menos, cuestionado, dependiendo a su vez, de los avances o retrocesos que se visualicen en la economía argentina. Kamala Harris tendrá un entorno que también evaluará rigurosamente la posibilidad de entregarle nuevamente dinero a la Argentina, y reclamará, de inclinar su voto a favor, lo que viene sosteniendo hasta el momento el gobierno de Joe Biden, cuidar la calidad de vida de los argentinos, especialmente de los sectores más vulnerables, en el cumplimiento de los deberes exigidos por la obtención de un crédito del Fondo.
Con la salida de Diana Mondino como canciller, y el cambio de funciones del ex embajador de los Estados Unidos, Gerardo Werthein, para ocupar el cargo al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores, no podría decirse menos que una excelente relación con el país del Norte será lo que marcará los designios del rumbo pretendido por el gobierno de Javier Milei. Ni hablar del estrecho vínculo con Israel y las fluidas relaciones que se pretenden profundizar y que serán reforzadas en el encuentro que Milei mantendrá con Emmanuel Macron en Buenos Aires, el G20 a celebrarse en Río de Janeiro adonde concurrirán ambos, y el recibimiento que luego del viaje le hará nuestro presidente a la Primera Ministra de Italia, Giorgia Meloni, en la capital argentina. La cercanía entre el primer mandatario y el flamante canciller tenderá a mostrarse en una misma y alineada sintonía con el objetivo de perpetrar la política exterior del programa del actual gobierno.
Ya se trate de Trump o de Harris, a los Estados Unidos siempre les interesará llevarse bien con la Argentina por su potencial natural que pretenden derive en una relación comercial bilateral sostenida en el tiempo. De hecho el pragmatismo triunfará sobre las ideologías, y el país del Norte lo sabe implementar a rajatabla.
Por María Belén Aramburu