La oposición se debate entre Máximo Kirchner y Axel Kicillof
La interna del kirchnerismo enfrenta a dirigentes que buscan definir una candidatura presidencial, mientras las encuestas, las PASO y las diferencias entre sus principales referentes atraviesan la discusión opositora.
¿Es uno o son varios los opositores? Son varios. Si bien siempre son varios, se suele centrar la atención en quien reúne un mayor caudal de intención de voto en cuanto a la representatividad del sector de la sociedad que, por un lado, adhiere a sus ideas e ideología, y de aquel que puede no estar tan de acuerdo con ellas, pero encuentra una conexión de disconformidad con el gobierno en curso. Esto le podría estar pasando al kirchnerismo en este momento, aunque aún no pueda traccionar voluntades a su favor. El motivo es muy claro: no encuentran un líder político detrás del cual encolumnarse.
En el momento de plantear una postura para las PASO que el gobierno intenta suspender o cancelar, por ley, y en un principio optaría por la primera posibilidad sin chance de ir por la segunda para alcanzar su objetivo, hasta se barajó la posibilidad, dentro del kirchnerismo, de postular en internas partidarias a Cristina Kirchner. La expresidenta, al no poder presentarse debido a su condena que la inhabilita a perpetuidad para el ejercicio de la función pública, propondría a su hijo Máximo, de tal modo de excluir de cualquier intento de postulación, la candidatura presidencial del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof.
La interna partidaria, ya sea que quede resuelta mediante los afiliados al Partido Justicialista, tal como se solía dirimir con anterioridad a la ley que instrumentó las PASO, o a través de estas últimas, tiene dos protagonistas: Máximo Kirchner y Axel Kicillof, o sea, Cristina Kirchner vs. el gobernador bonaerense, o sea, el kirchnerismo/La Cámpora vs. kirchnerismo de la provincia de Buenos Aires más partido propio: Movimiento Derecho al Futuro. Es tan fuerte el enfrentamiento que la calificación de “traidor”, proveniente de Cristina hacia el mandatario, quedó elevada a la enésima potencia cuando Facundo Tignanelli, jefe del bloque de diputados bonaerenses, en una entrevista radial, lo comparó con el sindicalista Augusto Vandor, acusado de traidor y asesinado en 1969.
¿Qué le reprocha el kirchnerismo más puro o de paladar negro, aquel que aglutina al núcleo duro de los votantes representado por Cristina Kirchner y La Cámpora, a Kicillof? No visitar a la expresidenta a su domicilio donde cumple la condena bajo arresto domiciliario, San José 1111; no haberla respaldado cuando se postuló para ejercer la titularidad del Partido Justicialista; no reconocerla como líder natural de la fracción que se constituyó en kirchnerismo y que permitió el nacimiento político de Kicillof de su mano, en especial, como ministro de Economía, para luego convertirse en gobernador y armarle un gabinete a su medida, con funcionarios de su riñón, que ocuparon cargos públicos durante su gestión. Cada vez se encuentra más alejado de Cristina, mostrando un poder propio que emana de su mandato provincial, pero que expira el próximo año, con ansias de continuar en carrera a través de la presidencia, rodeado de dirigentes que, al igual que él, ya no obedecen al poder de la expresidenta, que se fue apagando al ritmo de su condena y consecuentes restricciones. El pésimo gobierno de Alberto Fernández, secundado por quien lo puso en el trono, ayudaría a que el gobernador pretenda ahuyentar a un fantasma que lo corre por detrás.
¿Máximo Kirchner y Axel Kicillof estarían dispuestos a enfrentarse en una interna partidaria? ¿O dirimir sus diferencias por medio de las PASO si no se llegasen a suspender o cancelar? Las primeras, cerradas, y las segundas, abiertas, y a consideración del voto popular ajeno al partido y bajo el escrutinio nacional que los convierte en observados desde el afuera de su propia estructura. ¿Considerarían, bajo una opción u otra, cualquiera que sea viable, la segunda no inhibe a la primera y podría incluso resolver la cuestión evitando un desgaste posterior y público, competir entre ellos? ¿Pesarían los datos de las encuestas? Porque, en este caso, Kicillof le estaría llevando una enorme ventaja a Máximo Kirchner, aunque sabemos que, hasta que no se acerque el final de las definiciones, todo puede suceder, incluyendo la reversión de los datos actuales, sobre todo una vez que se ingresa de lleno en la campaña. ¿Sería posible sentarse a negociar? ¿Qué pasaría con el resto de los candidatos? Peronista, pero por fuera de esta estructura, también está Juan Grabois y quienquiera que pueda aparecer como pretendiente a ocupar la presidencia.
A este debate se suma la alianza de peronistas, nucleados entre los gobernadores del noroeste, que apoyan a Javier Milei, no sin condicionamientos, pero que, más temprano que tarde, terminan brindándole su sostén en el Congreso para lograr la sanción de los proyectos de ley que envía al Poder Legislativo. El kirchnerismo los embate tanto dentro como fuera del recinto, pero ellos permanecen por fuera del bloque. Lo mismo sucede con el peronismo federal, que aún no ha podido constituirse en una tercera fuerza electoral para enfrentar al oficialismo y al kirchnerismo, pero que, escindido, aunque siempre hay excepciones sueltas, no pretende reintegrarse a lo viejo ya conocido.
El resto, parece haberse hartado y hastiado de tanto enfrentamiento que no concentra su foco en la reconstrucción de una oposición para hacerle frente a Javier Milei y los libertarios. El Congreso es el que continúa mostrando los contrastes y las diferencias partidarias internas, como me habrán leído en varias editoriales. Cada vez que se está por iniciar el tratamiento parlamentario de un proyecto de ley, aparece la discordia, aparecen los ásperos intercambios entre los legisladores, gobernadores y dirigentes políticos. Los proyectos exponen las internas, como en el caso de este último, el de inviolabilidad de la propiedad privada, en que se escuchó decir a Juliana Di Tullio que “la discusión me tiene podrida, solo nos interesa a los dirigentes” y que “la gente nos detesta y tiene razón”. José Mayans fue por más. Siendo vicepresidente del partido, pero de hecho presidente desde que Cristina Kirchner comenzó con el cumplimiento de su prisión domiciliaria, y titular del bloque Fuerza Patria en el Senado, recurrió a Perón para explicar “qué pasa cuando dos personas tienen la misma ideología y se pelean, decía Perón?”, y responderse, parafraseándolo: “Primero la Patria, después el movimiento y por último los hombres”. Habiendo intentado sin éxito el acercamiento entre Máximo y Axel, continuando con sus citas a Perón, dijo que “en la democracia para tener mando tenés que tener votos”, para agregar que “a nadie le interesa la pelea de los dirigentes”.
La interna del kirchnerismo está dejándole literalmente la cancha libre al presidente para lanzarse a una reelección con pronóstico reservado, pero que cuenta con altas posibilidades de ir por un segundo período, aunque no se encuentre exento de sus propios problemas: la política económica con su macroeconomía bastante en orden, pero sin verse reflejado su resultado en la microeconomía y en el bolsillo de la gente, y en la política, sus enfrentamientos internos, comenzando con los palos en la rueda puestos por su vicepresidenta, Victoria Villarruel, a la que ya varios funcionarios le han solicitado públicamente que dé un paso al costado, más los aliados, que a veces no lo son tanto, sumado a todo esto a que su aliado más importante, el PRO, podría ir con candidato propio, sin descartar al propio expresidente, Mauricio Macri.
Por María Belén Aramburu
9ºc