Trump y Milei: un solo corazón
En la Argentina crece la expectativa de alcanzar un acuerdo de libre comercio entre los dos países del cual nada se ha dicho desde el país del Norte.
¿Existe afinidad entre Donal Trump y Javier Milei? Sí, y mucha. Una afinidad que los llevará a ser socios hasta el punto en que lo determine una potencia como lo es los Estados Unidos. Será Trump quien decidirá el alcance de los acuerdos y consensos.
En línea con lo expuesto, en la Argentina crece la expectativa de alcanzar un acuerdo de libre comercio entre los dos países del cual nada se ha dicho desde el país del Norte. Nosotros somos los más proclives a que este tipo de acuerdo se concrete, de llegar a prosperar. Va a tono con la política económica de Javier Milei y su visión de lo que debería ser el comercio internacional. Pero Trump es proteccionista. De la mano de “Make América great again”, de hacer una América grande nuevamente, se encuentra el tema de “América primero”. Los ciudadanos norteamericanos están primeros y antes que todos, también sus intereses y sus industrias. Nada que pueda perjudicarlos se interpondrá entre el primer mandatario y su electorado. Y como es su segunda presidencia, sabemos que lo hace. Con Mauricio Macri tenían sintonía fina, sin embargo no le tembló el pulso para mantener, e incluso aumentar, aranceles a productos provenientes de la Argentina tales como carne bovina, limones y biodiesel en circunstancias que en su oportunidad consideró le eran más convenientes a sus propósitos.
¿Se necesitan? Sí, mutuamente. Claro que Milei necesita de Trump en el orden económico, sobre todo en la inyección de dinero que provenga del Fondo Monetario Internacional, lo cual merece un capítulo aparte. En términos económicos los Estados Unidos son nuestro tercer socio comercial, luego de Brasil y de China, y sus empresas e inversiones nos son de importancia. Pero también es cierto que su presencia e incidencia trascienden el marco norteamericano para expandir su influencia de interés a los mercados internacionales de capital, que nos son imprescindibles para la marcha de una política económica que pretende estar conectada al mundo desarrollado tal como lo propone explícitamente Milei.
Sus evidentes afinidades en cuanto a su estilo, su procedencia para llegar a la política, la intensidad en el uso de redes sociales a los fines de la comunicación en campaña y gestión, y su ideología político-económica son muy similares, pero lo que no se emparenta es el proteccionismo que veremos en su máxima expresión durante la gestión de Trump. ¿Son amigos? Se podría decir que en el ámbito de las relaciones entre primeros mandatarios del mundo sí, aunque amistad condicionada, ya que dependerá del desenvolvimiento de las circunstancias y las decisiones que al respecto se vayan tomando. Los dos tienen mecha corta.
En principio la relación marchará sobre ruedas. O sobre patines, como la tapa de la revista Time en ocasión de la edición especial por el Foro de Davos, en que la gráfica se ocupó de dibujar y pintar en colores a Javier Milei deslizándose sobre hielo, luciendo una visible bufanda con los colores de la bandera argentina en su cuello, junto con otras figuras internacionales, mientras Donald Trump pasa una pulidora que acondiciona la pista de hielo, de modo de facilitarles su desplazamiento y disfrute, alegóricamente, en medio del caos mundial y los planteos geopolíticos existentes. Claro está que el que alisa el hielo desparejo, rugoso y áspero, es Donald Trump quien, además tiene en cuenta, mientras conduce la máquina con destreza y seguridad, los movimientos de los robots, ya que la tecnología sumada al avance de la inteligencia artificial, será un tema central en la administración Trump, quien contará con Elon Musk en su función de asesor presidencial. Excelente sintonía entre Milei y Musk, dicho sea de paso dando muestras de amor mediante los “I love you” mutuos.
¿Se necesitan el uno al otro? Claro que sí. Y más allá de las evidencias que muestran a Javier Milei en el camino de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional en lo más inmediato, la política exterior de nuestro gobierno va en línea con un aliado como Donald Trump más allá de ser los Estados Unidos un foco directo de su atención. Los abrazos entre la directora gerente, Kristalina Georgieva, y Javier Milei demostraron que el país va por el camino señalado por el organismo internacional, pero aún más cuando ella elogia al presidente y su política económica en público destacando “el tremendo progreso que Argentina ha hecho para bajar la inflación, estabilizar la economía y crecer otra vez” siendo que “los argentinos están comenzando a sentir los beneficios” y que “la pobreza finalmente está bajando”. Y si bien no se dieron a conocer montos de desembolsos ni condiciones del FMI para otorgar un préstamo, trascendió que se calculan 11.000 millones de dólares para lograr una de las metas propuestas por el gobierno que es poder salir del cepo sin problemas. Los dedos para arriba de Georgieva, tal como los coloca Milei para sacarse las fotos, los asimila en ideas y acciones aún más a los ojos del mundo. Y si bien la Argentina obtuvo apoyo de los Estados Unidos cuando lo necesitó en ocasión de negociar con el FMI durante el gobierno de Joe Biden, sin restársele en ningún sentido pese su inclinación por el Partido Republicano y por Trump en particular durante la campaña presidencial, su cercanía con el flamante presidente facilitará que se canalice más ágilmente un préstamo a la medida de sus necesidades. Aunque, reitero, con la administración anterior no hubo ningún inconveniente al respecto. La Argentina estaba absolutamente alineada con los Estados Unidos en materia de política exterior principalmente. Y ahora lo está aún más.
Hasta acá expliqué brevemente por qué necesitamos a los Estados Unidos. Aunque la necesidad de parte de ellos hacia nosotros tiene otro contexto. Incluso adelantándose a lo que iba a escribir en esta editorial sobre el pensamiento de Trump, el presidente norteamericano me lo facilitó expresándolo con sus propias palabras al asegurar que “nosotros no los necesitamos” haciendo referencia a América Latina, agregando que “ellos nos necesitan, todos nos necesitan”. No creo sea tan así. Tiene buena relación con los presidentes argentinos, Javier Milei, presente durante su asunción, Nayib Bukele de El Salvador, Santiago Peña de Paraguay, Daniel Noboa de Ecuador y con Edmundo González Urrutia, dirigente opositor a Nicolás Maduro. Pero vayamos a la relación con Javier Milei.
Como no creo que sea tan tajante en su definición como en las acciones pertinentes a prescindir de América Latina, dicho sea de paso, ningún presidente norteamericano la ha dejado de lado ni de tener en cuenta, es más, incluso varios han tenido por demás injerencia en sus gobiernos, señalaré por qué necesita, al menos, de algunos con los que mantendrá una buena relación, entre los que se encuentra Javier Milei, en el que vamos a centrar nuestra atención. No es casual la tapa de Time en la que se encuentra Milei patinando, no son casuales los abrazos ni las fotos, aunque Trump quiera quedar siempre en primer lugar, y en este caso por tratarse del día de su asunción y ser el anfitrión todavía más. Milei en campaña electoral norteamericana respaldó explícitamente a Trump, durante el mandato de Joe Biden con quien se relacionaba en ese entonces e iba por su segundo mandato. Sus ideas e ideologías los unen, con la salvedad que marqué anteriormente sobre el proteccionismo y traerá algún que otro cortocircuito que se tratará debidamente con la mesura que se requiera en su oportunidad, tal como lo debió hacer en su momento el ex presidente Mauricio Macri.
En un mundo que pretende ser polarizado por sus líderes, Javier Milei encaja a la perfección con la sinfonía que dirige y ejecuta Donald Trump, aunque el primero se lleve sorpresas, así como le ocurrirá al mundo entero ante un impredecible primer mandatario que tiene las riendas de uno de los países más poderosos del mundo, quien ya ha tomado tajantes y firmes medidas de gobierno, en su primer día de trabajo, acorde con sus promesas de campaña y que han resonado en variadas repercusiones. Javier Milei le ha mostrado al mundo de qué lado está, a través de sus palabras pronunciadas desde la Argentina en cuanto a temas domésticos, como también desde sus viajes al exterior en los que los espejos donde se mira le reflejan más sonrisas que las que suele ver proyectadas en su propio país. Sus acciones también fueron las que lo posicionaron en un lugar determinado de la polarización asumida y materializada.
Trump confía en Milei. Así se lo demostró su entorno también, Elon Musk en primer lugar, con la preponderancia que va a tener como asesor durante su mandato. Pero esto recién empieza y el camino es de al menos cuatro años para dar comienzo a lo que el presidente Milei denomina “plan” invitando a “que todo el mundo sepa que todo marcha acorde al plan”. Y si bien Trump aclaró de manera contundente que los norteamericanos no necesitan de América Latina aunque sí viceversa, creo que sí la necesitan. ¿Por qué y de qué manera? Los Estados Unidos siempre miraron hacia el Sur e intervinieron directa o indirectamente si la circunstancia lo ameritaba para que esa región no se desbordara. La historia tiene distintas etapas y cada una de ellas es se diferencia de las otras. Pero una región que también se polariza en ideologías requiere atención y alianzas que Trump tejerá con los mandatarios mencionados anteriormente, entre los que se encuentra Milei, con quien ya ha tejido una red de confianza y afinidad.
Javier Milei pretende convertirse en un líder mundial. Poniéndose como ejemplo de liderazgo de la derecha liberal libertaria con sus teorías de ideas a tono puestas en práctica, pretende armar una alianza de líderes que representen estas ideas e ideologías. Un camino que recién está recorriendo, a la vez que lo hace como presidente de nuestro país. Esa pretensión del mandatario argentino puede ser aprovechada por Trump en el sentido de contar con una América Latina sostenida por un eje basado en sus principios. Brasil tiene como presidente a Lula Da Silva, así que por el momento está descartado como polarizador de los intereses norteamericanos. Hay otros países por los que Trump se puede inclinar para lograr la convergencia ideológica, tales como El Salvador, Paraguay o Ecuador, además de la Argentina, que le sirvan de tapón a la Venezuela de Nicolás Maduro principalmente, y al resto de los países de la región que suscriben con él o muestran una tendencia contraria a los designios que Trump persigue.
Javier Milei, mostrándose entonces como líder mundial, desearía convertirse al menos en el líder de la región latinoamericana para a su vez mostrarse, como lo viene haciendo, como una figura de preponderancia a nivel global, aglutinador de la derecha en el mundo, habilitando su pase a las páginas de la historia en un rol central.
Por María Belén Aramburu
24.5ºc