Editorial HI
10/12/2021

La urgencia de la tercera dosis, por María Belén Aramburu

La aparición de la variante Ómicron encendió todas las alarmas

La urgencia de la tercera dosis, por María Belén Aramburu
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l Consejo Federal de Salud (COFESA) con la Ministra de Salud de la Nación, Carla Vizzotti, resolvió acelerar el plan de inmunización contra el covid y achicar el margen de tiempo entre la segunda y la tercera dosis a la cual se considera un refuerzo. La segunda dosis debiese ser completada en los esquemas de vacunación de una población que se ha adherido en su mayoría a aceptar la vacuna a diferencia de lo que sucede en otros países del mundo.

El primer caso y los supuestos casos y los que quizás no se hayan advertido ni registrado de la variante Ómicron que están apareciendo en el país, encendieron todas las alarmas, situación a la que se suma la experiencia que están transitando durante su otoño, casi invierno, los países del Norte, principalmente Europa y Estados Unidos. Parte de la población de varios países europeos ha elegido no vacunarse, escenario ante el cual el pase sanitario se convirtió en una imposición cotidiana para ingresar a sus estados y aún, dentro de ellos, para ingresar a bares, restaurantes, museos, eventos públicos y demás.

El pase sanitario permite hacer una distinción entre vacunados y no vacunados. Permite a su vez y de este modo discernir entre distintos niveles de inmunidad que es precisamente lo que brinda la vacuna ya que, de estar vacunado y si además se ha transitado la enfermedad, de contraer el virus, se estará en mejores condiciones de salud, con la casi improbabilidad de un cuadro grave y su consecuente internación, contrayéndolo de manera más débil y de contagiarse, lograr una menor intensidad en su transmisión. Quizás podamos advertir una gripe de continuar con niveles altos de inmunización de la población. Por lo menos es lo que afirman algunos infectólogos, aunque el panorama continúa siendo incierto.

El adelanto de un mes para la aplicación de la tercera dosis, teniendo en cuenta el atraso en el suministro de la primera, también significaría una dilación en tiempos de aceleración de la propagación del virus, en sus distintas variantes, a nivel mundial. La Organización Mundial de la Salud dio a conocer la durabilidad de cada dosis en seis meses con lo cual, desde ese punto de vista, estaríamos cubiertos. Pensar que, sobrando vacunas en varias partes del mundo, la voluntad de estar inmunizado con terceras dosis podría estar cubierta en un país como la Argentina en que la población responde afirmativamente ante la estrategia de estar protegidos contra un virus que se presenta distinto en sus formas pero más débil para quien la recibe habiendo completado la vacunación.
Lo más importante es lograr completar la vacunación. El pase sanitario, a cuya exigencia algunos se oponen, pondría de manifiesto el requisito de estar vacunado. Sería la demostración explícita y certificada de la transparencia de la inmunización. Y si bien algunas provincias lo están implementando, desde el Ministerio de Salud, liderado por Carla Vizzotti, y con la aprobación del Consejo Federal de Salud, se hará extensivo a todo el país pata evitar la propagación del virus.

Ya nadie puede pensar en restricciones luego del acercamiento a una vida casi normal. No se pueden ni concebir. Porque lo único que a la imaginación le puede caber, es lograr cada vez más libertad de acción y el regreso a una vida que la consciencia conoce como normal vivida antes de la aparición de la pandemia.

Mientras en Europa se está evaluando la posibilidad de establecer la obligatoriedad como norma de vacunación, la OMS considera que sólo debería ser un “último recurso”. En Austria, por poner un ejemplo, se han puesto plazos para estar vacunado, con excepción de embarazo o un certificado médico que lo impida. En Bélgica se tiende a aplicar la obligatoriedad para el personal de salud. En Francia este sector de la población debe vacunarse sí o sí. En Grecia se aplicarán multas a los mayores de 60 años que no estén vacunados en enero. Habrá que ver cuál es el desenlace del desenvolvimiento de este virus para que forme parte o no de la obligatoriedad de la aplicación de la vacuna y hasta incluso pueda llegar a ser parte del plan obligatorio de vacunación.

En la Argentina, se afirma que es la variante Delta y no la Ómicron la que podría derivar en una tercera ola. De encontrarnos con un alto índice de la población vacunado, estaríamos en condiciones de hacerle frente con muy pocas internaciones y casos graves. Algunos infectólogos bregan por los testeos masivos de modo tal de avanzar sobre el conocimiento que se tenga del virus y su reacción a las vacunas, lo que aún no se ha implementado en nuestro país y habría que ver si las autoridades sanitarias lo consideran necesario.

Es fundamental tener un seguimiento certero sobre la evolución del virus y sus derivaciones, la efectividad y eficiencia de cada una de las vacunas, su durabilidad en el tiempo y toda información que sirva para evitar regresar a la situación de principios de la pandemia. Se supone que bastante debe haber aprendido la ciencia con la evolución que ha tenido en los últimos tiempos y los excelentes recursos humanos con los que cuenta, para encontrar una solución definitiva. O por lo menos es la esperanza que tenemos de hacer esto realidad.

María Belén Aramburu

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