Editorial HI
12/08/2021

Messi renueva su ilusión: Todo un ejemplo, por María Belén Aramburu

Muchos prefieren relamer sus viejas heridas, o quizás no puedan hacer otra cosa que lamentarse por lo que no fue o no pudo ser, impidiendo vislumbrar y así vivir, un presente y un futuro promisorios.

Messi renueva su ilusión: Todo un ejemplo, por María Belén Aramburu
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uchos podrán estar pensando que con lo que Messi factura y con la posibilidad de ir a un club como PSG e instalarse en una ciudad tan linda como París, cómo no renovar su ilusión y estar feliz. Pero no crean que con las mismas posibilidades otro estaría contento. Muchos prefieren relamer sus viejas heridas, o quizás no puedan hacer otra cosa que lamentarse por lo que no fue o no pudo ser, impidiendo vislumbrar y así vivir, un presente y un futuro promisorios.
 
Siempre señalando que la gente hace lo que quiere y principalmente lo que puede, una personalidad que se forja y crece a base de fortaleza, voluntad, concentración en los objetivos personales, familiares y profesionales, el armado de una estructura familiar sólida y de contención, permiten proyectarse y dar un volantazo en un rumbo que aparecía con un camino cerrado y áspero.
 
Decirle adiós a un club que lo albergó y lo adoptó profesionalmente desde niño y en el que permaneció durante 21 años no es fácil. El cierre obligado de una puerta que de golpe se cierra sin más nada que hablar ni negociar, resulta duro.
 
Tan rápidamente como se cerró una puerta se abrió otra. En simultáneo. La oportunidad que dejaba pasar el Barcelona la tomaba el PSG, la oportunidad que perdía Leo Messi en el Barça la tomaba del PSG.

El club parisino todavía no puede creer lo que está viviendo. Ningún disimulo verbal ni gestual era contenido por el presidente del club francés en la conferencia de prensa en la que presentó a Messi como su gran triunfo, su gran trofeo. Y vaya si lo es.
 
Messi se ganó el afecto de los franceses, advertido a través de los festejos que sirvieron para darle la bienvenida al mejor jugador de fútbol del mundo, o de los mejores si quieren.
 
Pudo haber caído en la tristeza y hasta en la depresión. Pudo haberse regodeado por los errores del Barcelona o de la Liga Profesional del Fútbol Español. Pudo haber seguido llorando como lo hizo en la escueta y muy sentida despedida de su club del alma en una conferencia de prensa que la historia del fútbol jamás olvidará. Es más, él sabe, el club lo sabe, el mundo lo sabe, que se le debía una despedida distinta a este jugador que llevó tantos goles, triunfos, medallas, copas y billetes al azulgrana. Se lo deben. Pero la alegría que siente por esta acogida en Francia, por este merecido recibimiento en París es tan grande, que supera cualquier noche oscura y rabiosa.
 
Se levantó como se levanta un grande. Y claro que Messi es enorme. Pero no me refiero a los títulos logrados, sino a la grandeza alcanzada por la madurez, el crecimiento personal, y el enfoque en lo positivo, logro de su esfuerzo y trabajo constante. Un trabajo consigo mismo. Por supuesto que recibe ayuda, acompañamiento. Pero no todos lo logran. No todos aprenden. Y él aprendió.
 
Por ser argentino es que me emociono. Pero si no lo fuera repararía de todos modos en sus logros y fortalezas. Y los traería como ejemplos. Porque Messi es un ejemplo para todos, pero sobre todo para los más jóvenes. Porque nadie le regaló nada. Salvo el talento divino con el que nació y que se fue desarrollando entre dificultades. Debió confiar en su don. Verlo y hacerlo grande, enorme, para llegar adonde llegó.
 
Y nosotros, argentinos, debiésemos sentirnos más que orgullosos de Messi, de ver cómo lo reciben, del reconocimiento que logró. Somos un país semillero de talentos, de todos los rubros. ¿Podremos mirarnos con más detenimiento para reconocernos y cultivarnos para servir a nuestra nación y al mundo? Dios quiera que sí.

Por María Belén Aramburu


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