Editorial HI
02/07/2021

Quedarse varado en el exterior, por María Belén Aramburu

Las nuevas restricciones impuestas para impedir la circulación de la cepa Delta del COVID19 limita el ingreso de argentinos y residentes a nuestro país.

Quedarse varado en el exterior, por María Belén Aramburu
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unque a algunos no les guste la palabra “varado” utilizada principalmente por los argentinos que se quedaron en el exterior y por los que se encuentran en el país como observadores de esa situación y quizás como potenciales viajantes, lo cierto es que con las nuevas restricciones impuestas por decreto del presidente Alberto Fernández el ingreso de argentinos y residentes se encuentra limitado con menos frecuencias de vuelos, a un cupo que deja afuera a muchos de los que viajaron a otros países.

El enojo, la protesta, la queja son los sentimientos que han embargado a los argentinos que han elegido irse a Estados Unidos o a España principalmente como destino, siendo el primer país el más elegido y, dentro de éste, Miami, por la oportunidad de vacunarse con las dos dosis de Pfizer o Moderna o con una de Jansen, la Johnson & Johnson ante la falta de vacunas y, sobre todo, de las segundas dosis de las aplicadas en nuestro país, la Sputnik V -se están fabricando en el país, por ahora con su envasado final-, la Sinopharm -de ésta están llegando más vacunas-, y la AstraZeneca -fabricada en su principio activo en la Argentina, con envasado final en México-.

Otro sentimiento es la indignación. Habiendo partido se encuentran sin poder regresar al país. Se les re programan los vuelos en el mejor de los casos mientras otros no saben siquiera cuándo van a poder regresar. Los que tuvieron la suerte de ser re programados para su vuelta, lograron un pasaje a 45 días promedio de lo que tenían pautado, por lo que deberán hacer frente a mayores gastos de hospedaje y permanencia. Algunos pueden hacer frente a estos gastos mientras otros no. Los que pueden pagarlos argumentan que, de todos modos, deben volver. Viajaron para vacunarse, para vacunarse y aprovechar para vacacionar, por trabajo, quedaron varadas córneas para transplantes según afirmó públicamente el doctor Zaldívar, muchísimas historias contadas y por ser contadas. Algunos presentaron demandas judiciales individuales, otros individuales y colectivas y se reúnen a través del Wap y las redes sociales para hacer un frente común de solicitud de regreso.  

Más allá de las historias de cada uno y las generales de todos, la denuncia se sostiene en la inconstitucionalidad del impedimento al regreso a su país y a su domicilio, la imposibilidad de poder circular libremente tal cual reza la Constitución Nacional. Y allí aparecen las demandas y los abogados.

La salvedad es que al salir del país, cada pasajero firma una declaración jurada establecida por decreto del presidente Alberto Fernández por la que declara conocer y aceptar las directivas emanadas de la decisión administrativa pertinente y las que a futuro se modifiquen o complementen en cuanto a reducción de frecuencias de transporte internacional de pasajeros/as, costos de los test y/o lugares dispuestos para el aislamiento. Se agrega que la salida del país implicará la aceptación y asunción de las consecuencias sanitarias, legales y económicas derivadas de la misma y del eventual reingreso a la Argentina, luego de lo cual deberá darse cumplimiento a las condiciones impuestas por la autoridad sanitaria nacional y someterse al control de las autoridades provinciales, municipales y de la CABA, en sus respectivas jurisdicciones y ámbitos de competencia.

La declaración jurada firmada anticipa la probabilidad de no poder regresar en tiempo y forma. Se firma en el momento de la partida en la que existen determinadas condiciones como las que existían cuando todos estos pasajeros varados decidieron salir del país, pero fueron modificadas durante su permanencia en el exterior, pudiendo ahora regresar sólo 600, cuando antes eran 2.000.
Hay otra salvedad respecto a las condiciones al regreso. Las recientes modificaciones contemplan que las autoridades de cada jurisdicción aplican normas a ser respetadas y que, en esta oportunidad y, en relación a su incorporación a la extensión del último decreto, disponen de un aislamiento obligatorio por 7 días en el domicilio particular en el caso de la ciudad de Buenos Aires, dispuesto por el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta, siendo que en la provincia homónima, deben permanecer 4 días en un hotel costeado por los pasajeros y 3 en el domicilio particular según estableció el gobernador Axel Kicillof, y así con cada distrito que establece sus propias regulaciones.

Se entiende el enojo de los varados. Enojo que se extiende hasta la indignación cuando se debe regresar y no se puede por la circunstancia que sea, el trabajo, la salud, problemas familiares, falta de recursos para la estadía y re programación de los vuelos, etc. Ante una modificación como la establecida hace unos días y habiendo sido advertidos que las repatriaciones fueron solamente habilitadas en situación de cuarentena estricta como la del año pasado, cualquier gasto extra generado por el regreso postergado, correrá por cuenta de los pasajeros. Las repatriaciones y gastos de estadía que deriven de estas circunstancias no son solventadas por el Estado nacional ni de ningún distrito, cuestión que ya se sabía con antelación.

El por qué de estas nuevas condiciones se remite a la necesidad del impedimento de la circulación de la cepa Delta del COVID19, variante que amenaza en varios países por ser de mayor contagiosidad, no comprobada su mayor mortalidad, que azota incluso a aquellos que han tenido una excelente y masiva campaña de vacunación como Gran Bretaña e Israel. Proveniente de la India, país que se encuentra en una situación muy complicada por la cantidad de casos de contagiados y víctimas fatales, es 70% más contagiosa que la variante británica que a su vez es más contagiosa que la original de Wuhan.

Seguramente estén pagando justos por pecadores. Porque el temor de la circulación de la variante Delta proviene del incumplimiento constatado de un 40% de pasajeros provenientes del exterior con domicilio en la provincia de Buenos Aires y de más del 30% en la ciudad de Buenos Aires. Existe un control telefónico y de seguimiento que incluye visitas a domicilio, pero el cumplimiento o incumplimiento, más allá de cualquier control, es responsabilidad de cada uno. Siendo que un gran porcentaje de los que regresaron no cumplieron con el aislamiento y mas del 90% de los que viajaron viven en el distrito del AMBA, podrían ocasionar una circulación de esta cepa que se convierta finalmente en comunitaria.

Y como siempre se divide, se politiza e ideologiza hasta un viaje al exterior, sobre todo en un año electoral, y se dice que viaja el que tiene dinero. Es una obviedad que viaja el que puede hacerlo y pagarlo. Pero no viajan solamente los que tienen mucho dinero. Están los que ahorran durante muchísimo tiempo para pagar su viaje, fruto de su trabajo. Y ojalá todo aquel que quiera viajar por el motivo que fuese, laboral, sanitario, turístico, familiar, pueda hacerlo. Hoy y siempre.

Por María Belén Aramburu

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