Por qué el gobierno afirma que la economía se va a llevar puesta a la política
“La economía se va a llevar puesta a la política”, afirmó el Ministro de Economía, Santiago Caputo, ante el Latam Economic Forum, para repetir la frase en una exposición frente a referentes de la Cámara de Comercio, Industria y Servicios Argentino Brasileña de la República Argentina (CAMBRAS), ante empresarios tanto locales como del país vecino, donde señaló que “al gobierno le va a ir bien en las elecciones y la economía se va a llevar puesta a la política y a los intentos de desestabilización”.
La frase suena fuerte cuando la política se siente a flor de piel con el permanente acecho de las elecciones del próximo año. Algunos podrían tildarlo de arrogancia de parte de la economía, cuando esta cree que se puede llevar puesta a la política que la retroalimenta. Las palabras provienen de un economista. El presidente también es economista y un outsider de la política, quien muchas veces ha debido respaldar sus teorías económicas bajándose y metiéndose en el fango de esta última, necesidad que se sostuvo principalmente para dar marco a esos mismos conceptos que, llevados a la práctica, han requerido de un sustento legal, emanado de la sanción de proyectos de ley que él mismo envió para su correspondiente sanción.
Si bien infiero que la política y la economía se necesitan e interactúan entre sí, ¿qué lleva al Ministro Caputo a reiterar en cuanta ocasión pública de los últimos días se le presente la posibilidad de que una se lleve puesta a la otra? Es economista, ya lo sabemos, pero el tema es que el plan económico esbozado, diagramado y prometido para su implementación de parte del actual gobierno es el principal pilar en el que se basan Milei y sus funcionarios. También se encuentra alzada por el electorado como primordial bandera de esperanza, destacada en cuanta encuesta sea que se trate, a la vez que sobresaliendo como la primera fuente de presión hacia Milei para alcanzar su renovado voto de confianza en las próximas elecciones.
Las expresiones tanto de Javier Milei como de Luis “Toto” Caputo parten de la política. Sus cargos son políticos y se encuentran en el vértice dentro del organigrama de la administración pública. Desde ese púlpito es que se dirigen al conglomerado societario. Y es desde allí que, atendiendo no solo a las expectativas de los votantes, sino también a todo aquello que los sostiene, es que tanto el presidente como el ministro ponen énfasis en los puntos fundamentales que a la economía concierne y que a ellos respecta. Sin ir más lejos, Caputo, quien declama sin cesar que “se vienen los mejores 18 meses de los últimos años en la Argentina”, celebra algunos datos que, como tales, son fácticos, hechos concretos en los cuales puede justificar sus declaraciones. La inflación, de la que dijo que “ya en abril fue más baja que en marzo, y en mayo volvió a bajar”, principal punto de atención del bolsillo de la gente, y los salarios, otro gran tema que preocupa a los trabajadores, los cuales, de acuerdo con la reducción de los índices inflacionarios, se percibirían en términos reales de suba, acompañando a una inflación en baja, vuelven a centrar el interés de todos y el recorrido de los discursos.
La macroeconomía, señalada por Caputo por encontrarse en un estado saludable, refiere a una “recaudación tributaria” que se empieza a recuperar, de acuerdo con los últimos números obtenidos. Principalmente, la actividad económica, cuyo repunte es más que esperado por todos, y que mostró “24 meses seguidos de crecimiento”, gozó de la aclaración del ministro Caputo de que este se dio “por primera vez en los últimos años”. Claro que, frente a los empresarios de ambos lados de la frontera, en Argentina y Brasil, la “modernización laboral” es un ancla en la que el gobierno manifiesta asentarse, con la expectativa de que aumente el empleo y, a su vez, este lo haga en su versión formal. La gente solo percibe estas cifras en el día a día, en la concreción que le ofrece asegurarse de un trabajo sustentable para satisfacer sus necesidades básicas que, en su mayoría, pretenden verse superadas, evitando las privaciones derivadas del funcionamiento de la economía.
Desde la política, el Ministro Caputo también se juega su partida apostando por su continuidad en el puesto que actualmente detenta, solamente asegurado mediante el triunfo de Milei el próximo año, éxito que solo puede ser alcanzado por el logro de las metas planteadas en el programa de política económica del gobierno libertario. “No está todo bien, pero vamos extremadamente bien”, reconoce el funcionario cada vez que se lo indaga por el resultado de algunos números que se manejan en el ámbito de la economía y en las encuestas. Su arenga también es política. Desde su atril proclama que “la Argentina crece al 3,5% a 4% anual y es la envidia del mundo” y que “es el país que mejores oportunidades va a ofrecer en 30 años”. Pero también se vuelve más político cuando, desde ese mismo lugar y escenario, afirma, contra quien más chances tiene hoy de postularse como candidato a presidente de la oposición, que “Axel Kicillof nunca va a ser presidente”, que “el kirchnerismo no es una opción en la Argentina” y que “los argentinos saben que lo viejo no funciona”, diferenciándose del mensaje de Eternauta, para trazar un paralelismo que explique mejor lo dicho.
La política se sigue metiendo en las decisiones que el gobierno debe continuar tomando. Y son varias. La de mayor repercusión es la del revuelo que está generando la negativa de parte de la senadora Patricia Bullrich de acompañar al presidente Javier Milei con la aplicación de un veto a la candidatura a jueza de María Verónica Michelli, por ser parienta, más precisamente la cuñada, de Hugo Alconada Mon, periodista de La Nación. Este veto no ayuda “en momentos en que tenemos que levantar la imagen y reconstruir al votante”, justificó para avalar una decisión que confirmó personalmente al primer mandatario antes de hacerla pública y dársela a conocer a los legisladores, siendo que ella es la jefa de la bancada oficialista en el Senado.
Claro que el terreno de la senadora Bullrich es por excelencia el de la política, y en el que no se descarta se postule como candidata a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires o, si se da la posibilidad, nuevamente como contrincante del presidente; no sabemos si a través de unas PASO, porque estas pretenden ser eliminadas, o al menos suspendidas por un tiempo por el gobierno, y esto sí es política pura, y debiendo ser resuelto en el Congreso. Vaya a saber desde qué espacio, siendo que se ha acercado al PRO, pero donde también allí podría aparecer como candidato el titular del partido, Mauricio Macri, o un outsider que todavía no apareció. Lo cierto es que, últimamente, Patricia Bullrich juega su propio juego, enfrentando al presidente y al gabinete. Poco le importan las consecuencias, pareciera ser, cuando los números de las encuestas le juegan a favor, aunque nadie podría ganar solo, se sabe, y la fragmentación es sinónimo de suicidio político para la derecha.
Conclusión: La política y la economía se entrelazan permanentemente. No hay una sin la otra. La economía, además, no es una ciencia exacta, sino humana, cuyas variables se mueven al compás de los comportamientos psicológicos de las personas, a quienes comprende y afecta.
Por María Belén Aramburu