Es la economía… Y la política también
El índice de marzo del 3,4% puso en alerta a todo el gobierno. En los primeros tres meses, los índices conocidos se llevaron el pronóstico casi total que se había proyectado en el presupuesto nacional. Si se está aplicando el plan económico diseñado por Javier Milei e implementado por su equipo económico, el que también lo traza, propone y hace público, en el gobierno se preguntan qué sucede que la inflación no se retrae, tal cual lo anunciado y prometido.
Durante 2026, el presupuesto sancionado en el Congreso de la Nación brindaba un número del 10,1%, que ya quedó agotado, mientras las expectativas eran llegar a una inflación 0 para el mes de agosto, que ahora se ve imposible de cumplir. Y, como se sabe que se deben dar datos positivos al electorado que le dio la derecha a Javier Milei y al potencial voto para el próximo año, se dieron a conocer detalles del último encuentro del Ministro de Economía, Luis Caputo, con la titular del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, que dieron cuenta de una aceptación de parte del organismo financiero del plan económico del gobierno.
Más allá de las felicitaciones brindadas por el FMI, este estimó un crecimiento del PBI del 3,5%, menor al augurado en el presupuesto y señalado por el Fondo, aunque fue también este el que remarcó que la inflación va a descender. Ni el gobierno ni el Fondo pretenden hacer alguna modificación ni tocar lo que concierne al superávit fiscal, el ancla de la política económica de la Argentina. Con salarios que se han instalado muy por debajo del crecimiento de la inflación, la recuperación de la actividad de la economía requiere de nuevas medidas, que son las que se están analizando, ya que es el punto en el cual todos están concentrando su atención; entre ellas, lo que Caputo trajo bajo el brazo: el visto bueno de la revisión técnica del Fondo, logró millones en concepto de garantías de los bancos multilaterales, el Banco Mundial, por US$ 2.000 millones y el BID por US$ 500 millones.
El tema central del gobierno de Milei es la economía. El presidente lo sabe, sus funcionarios también y, sobre todo, la gente. Las expectativas de su electorado, el que lo votó y siguió apoyando pese al ajuste, hubiesen comprendido la teoría en la que este se basaba o no; fueron puestas en su mirada sobre la evolución y el mejoramiento de su calidad de vida, cuestión que compartirían sus potenciales votantes. Por lo que más le vale al gobierno es que el IPC del mes en curso sea descendente y condicione una escala hacia abajo en las cifras para los próximos meses. Si de números se trata, la gente está atenta a su bolsillo, a las cuentas que tiene que pagar, a sus costos fijos, a los precios de los productos del supermercado, del transporte público, las tarifas de los servicios esenciales e indispensables, y de ahí para arriba. Después podemos meternos en el análisis de las variables macro, pero lo primero es lo primero si se quiere tener un acercamiento a un cuadro de situación a ser contemplado y tenido en cuenta por el actual gobierno.
Y no es que no lo sepa, sino que se pregunta por qué pasa lo que pasa, con la firme intención, como lo ha expresado el propio presidente, Milei, de continuar transitando este camino. Como la misma idea es la que impregna al resto de sus funcionarios, sabemos que la ruta será la que el presidente estableció desde el minuto cero, ya en plena campaña electoral, y de la cual no se va a mover un ápice. Desde ya que se tomarán medidas acordes con los resultados que se vayan obteniendo, medidos en su impacto económico, pero el rumbo seguirá siendo el señalado. ¿Esto influye en el electorado, en vistas a las elecciones del próximo año en las que Milei pretende ir por un segundo periodo? Por supuesto que sí. Pero la repercusión se duplica ante los últimos acontecimientos.
¿Qué pasaría si la economía anduviese sobre ruedas, tal cual lo esperado por el gobierno, estuviese bajando la inflación y los números de la actividad económica fueran florecientes y pujantes? ¿El tema Adorni tendría el mismo impacto en los resultados de las últimas encuestas? Se trata de un marco hipotético, irreal, pero que puede ser esclarecedor por el siguiente motivo. El ítem corrupción no entraba en la mayoría de las evaluaciones de las consultoras, salvo para realizar mediciones y extraer datos concluyentes en base a casos concretos, como el de Cristina Kirchner y su condena a prisión domiciliaria, por ser la líder del peronismo kirchnerista, además de su larga trayectoria en la política como legisladora en el Congreso de la Nación, dos veces presidenta y una vicepresidenta, emblema de la oposición a este gobierno, últimamente reemplazada por Axel Kicillof. Ahora este ítem es medido en las encuestas porque a la gente le importa a la hora de votar.
El tema de la corrupción, comprobada o presunta, importa al electorado. Más le importa cuando se le ha prometido un embate contra la llamada casta política que ha venido gobernando en los últimos años, ocupando cargos en los tres poderes del Estado. Ahí es cuando todo lo que atañe a Adorni no pasa inadvertido. En la continuidad de la investigación en curso, el tema está presente a diario en los medios de comunicación. Y también en las conversaciones que a diario se mantienen en las reuniones entre amigos o en el trabajo. Claro que los funcionarios bien lo saben porque a ellos les pesa más que a nadie responder las preguntas incómodas que con frecuencia les hacen, pero harán lo imposible para cerrar filas en torno al presidente y sus decisiones, en base a la dirección que todos ellos asumen como la correcta a seguir, fundamentada en el plan económico y programa de gobierno vigentes, aunque algunos, manteniéndose firmes en sus postulaciones y creencias compartidas con el primer mandatario, emprenderían otras acciones ante los acontecimientos que hoy socavan la credibilidad del gobierno.
Encima, el 29 de abril, como jefe de Gabinete, Manuel Adorni presentará su primer informe de gestión ante el Congreso, con las respuestas a las 4.800 preguntas que los diputados han elaborado y oportunamente enviado. Hasta puede ser que el presidente Javier Milei también se encuentre presente cuando su jefe de ministros exponga en el recinto. Diferenciándose de las palabras del titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, quien declaró, confirmando la presencia de Adorni en la sede del Poder Legislativo, que “compren pochoclo” porque “va a ser picante”, el jefe del bloque del oficialismo en Diputados, Cristian Ritondo, afirmó que “vamos a ver un show por parte de la oposición y el oficialismo, no sé si es para ver y comprar pochoclos porque afecta a la política y a la visión de la gente con el Congreso, no creo que ayude para nada”.
Por lo tanto, es la economía… Y también la política. Íntimamente entrelazadas. El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, alzándose con el poder de la representación por excelencia de la oposición, ha subido varios peldaños en su estatus de aspirante a la presidencia de la Nación para el próximo año. Pisándole los talones a Milei, hoy se está contemplando un empate técnico, o una pequeña diferencia entre ambos, lo cual alerta al gobierno para convertir a los aliados actuales y potenciales del Congreso en una alianza más sólida para el futuro cercano, tanto como el expresidente Mauricio Macri no descartaría, a decir de los que lo rodean, un segundo tiempo, en términos futbolísticos, para que el PRO gobierne junto con los radicales y algunos integrantes de la Coalición Cívica, que alguna vez supieron estar juntos a través del frente Cambiemos y Juntos por el Cambio.
Mientras tanto, el presidente Milei, en un intento de modificar la agenda ajena instalada con la causa Adorni, tuvo la oportunidad, mediante su viaje a Israel, en una nueva muestra de acercamiento con su aliado Benjamin Netanyahu, ratificando su alianza con este país, fuertemente hermanado con los Estados Unidos de Donald Trump, principalmente en la guerra contra Irán, reafirmando el concepto compartido por estos Estados, asegurando que “con determinadas culturas no vamos a poder convivir”, generar nuevos titulares. En un país en el que fue recibido con honores y afectuosos abrazos, se sintió, una vez más, como en su casa. Y tendrá más tela que cortar con las últimas declaraciones, al momento de finalizar la escritura de mi editorial, de la Embajada de China en Buenos Aires, sobre las palabras del embajador estadounidense, Peter Lamela, a quien le preocupa, dijo, la presencia del gigante asiático en nuestro país, entre otras cuestiones, exclamando que el diplomático “atacó y difamó la cooperación entre China y Argentina”, siendo este un conflicto más de política exterior a resolver y responder, aunque la agenda de los temas domésticos, por demás incómodos, no afloje, y sea, a su vez, objeto de precisas respuestas.
Por María Belén Aramburu