2025-11-03

¿Cómo Milei puso en marcha el consenso? ¿A quiénes dejó heridos y a quiénes fortalecidos?

Lo primero a tener en cuenta en el rumbo que está tomando el gobierno, acercándose al comienzo de su segundo tramo después del aplastante y sorpresivo triunfo en las últimas elecciones generales de medio término, es el consenso que está labrando para tener un camino bordeado de flores sin espinas en el trayecto que transcurre hacia un esperado segundo mandato del presidente Javier Milei, según él mismo viene planteando, al igual que su socio político de privilegio, su par norteamericano, Donald Trump.

Javier Milei sabe que el consenso es absolutamente necesario. Ya se lo advirtieron varios, entre ellos el propio primer mandatario, ahora amigo político, Donald Trump. Se lo indicó también la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, y el expresidente Mauricio Macri, titular del PRO, entre otros. Pero estas solo fueron las voces más contundentes desde las cuales se pronunció dicha advertencia. ¿Para qué? Para garantizar su gobernabilidad, teniendo en cuenta que los consejos, provenientes de dirigentes experimentados, se escucharon en momentos de dificultad, ante la derrota de las elecciones del 7 de septiembre en la provincia de Buenos Aires, y las acusaciones sobre sospechas de distinto tenor, en especial las que se cernieron en torno a la figura del ex primer candidato en la lista de diputados en representación de ese distrito, José Luis Espert.

La gobernabilidad, atada a la prosperidad en el tratamiento parlamentario de proyectos de ley del Ejecutivo, tendientes a promover y ejecutar el plan económico propuesto por el gobierno de Javier Milei, requiere de consensos y alianzas. La primera alianza fue la electoral con el PRO como el principal apoyo que tuvo en el Congreso, partido que apostó en lo que derivó en su acceso al poder hace dos años. La otra pata del consenso se extendió a una reunión con 18 gobernadores y dos vicegobernadores, encuentro en el que Milei se mostró moderado y amable, cuestión que llamó la atención, pero fue muy bien recibido como gesto de apertura y feliz comienzo de diálogo y relación fluida, consciente y constante con los primeros mandatarios provinciales. Claro que la apertura quedará condicionada a la receptividad que exista respecto de los planes y proyectos del gobierno, requiriéndoles el rol de aliados en el Poder Legislativo. Vamos por partes.

En orden cronológico, me referiré en primer término a la reunión de Javier Milei con los gobernadores. Si bien el número convocado expresa la adhesión de una mayoría a escuchar las ideas de un presidente que contó con el aval del electorado para la continuidad de su plan económico principalmente, e intercambiar las propias de ser posible, al menos a través de las repercusiones que de dicho encuentro se obtuvieron, los que estuvieron ausentes fueron aquellos a los cuales no se los invitó, entre los que se contó el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, uno de los dirigentes referentes del peronismo, y probable candidato aspirante a la presidencia en 2027 por parte de la oposición. Los demás fueron Gustavo Melella, de Tierra del Fuego; Gildo Insfrán, de Formosa; y Ricardo Quintela, de La Rioja.

El ruido más fuerte entre los no convocados por Milei a la reunión de gobernadores fue Axel Kicillof, por su representatividad institucional como mandatario de la provincia más populosa y por tratarse de quien pretende ejercer el liderazgo absoluto del peronismo. Pero a la vez es uno de los opositores más resonantes que tiene el presidente por estas horas. Habiendo sido desprestigiado por Milei como “parte del problema” para justificar que no haya recibido su invitación, aprovechándose también el presidente de la oportunidad que le brindó su candidato Diego Santilli de apoderarse del triunfo en la provincia por casi un punto porcentual, cuando el distrito se creía perdido en manos del kirchnerismo, no tardó en hacerse eco de la omisión para con él en el encuentro, siendo que “las provincias que usted decidió no convocar representan el 40% de la población argentina”, estimó. Agregó que “no es buena señal excluir a los gobernadores que considera enemigos”, eligiendo el gobernador bonaerense ponerse en un lugar aún más alejado en el polo del espacio político opositor, luego de que la ex vicepresidenta, Cristina Kirchner, lo acusara de su decisión de haber desdoblado las elecciones en la provincia.

Kicillof recibió un respaldo inesperado, aunque sin mucho asidero por su procedencia, la del expresidente Alberto Fernández, quien, ante la embestida de Cristina, afirmó que “estamos lastimando a un proyecto de presidente”, aprovechando para pegarle al kirchnerismo, admitiendo que “hay un tiempo que se ha agotado”, teorizando acerca de que “con Cristina no alcanza y sin ella no se puede” y que “con Axel no alcanza y sin Axel no se puede”. Lo cierto es que Milei, no invitándolo, pretendió no otorgarle el peso que de por sí tiene por ser el gobernador de la provincia de Buenos Aires, y menos que menos empoderarlo para que, representando a la oposición, lo cuestionara, tanto a él como al contenido de la reunión. Lo que no pudo el presidente es evitar que se hablara del tema, porque incluso designado Santilli como ministro del Interior, y habiendo este reiterado que no habrá diálogo con el gobernador, hasta el ministro de Gobierno de Kicillof, Carlos Bianco, continuó con las críticas al armado del nuevo gabinete, aduciendo que “seguro está gestionando que devuelvan la plata que nos robó Milei”, en relación al reclamo por los 12.000 billones de pesos que la provincia le pide a la Nación.

Dejar herido a un adversario como Axel Kicillof, que nunca dejará de serlo, es una cosa. Pero dejar herido a un aliado es muy distinto. El expresidente Mauricio Macri no se fue contento de la comida que mantuvieron en la Quinta de Olivos. Ni tiempo tuvo cuando se enteró, tras una interrupción en la que Milei se levantó de la mesa, que Guillermo Francos dejaba de ser jefe de Gabinete de su gobierno. Gracias a él, la relación entre ambos se había reanudado hasta llegar a un acuerdo electoral que evitó que La Libertad Avanza y el PRO se presentaran por separado, cada uno con sus listas, habiendo obtenido el resultado exitoso en las últimas elecciones. Pero Macri fue contundente. Reveló, tras el encuentro, que “no logramos ponernos de acuerdo”. Consideró desacertado el nombramiento de Manuel Adorni en reemplazo de Francos y se enteró, en el transcurso del día, que los legisladores del PRO que responden a Patricia Bullrich se pasaron a La Libertad Avanza.

Cabe advertir que si Milei necesita de algún partido para avanzar en su proyecto político, ese es el PRO, comandado por Mauricio Macri. Supieron tejer una alianza electoral, pero deberán ahora votar en conjunto en el Congreso de querer avanzar con este programa de gobierno. Claro que para ello ahora contará con Diego Santilli, flamante Ministro del Interior, quien llevará adelante, según anunció el presidente, “las conversaciones con gobernadores y legisladores para poder articular, con el Congreso de la Nación, cada uno de los consensos necesarios para las reformas que vienen de cara al futuro. Lo consideran “un buen vocero”. Es del PRO, aunque muchos libertarios consideran que a estas alturas “está pintado de violeta”, y fue apoyado en su designación por el mismísimo Mauricio Macri. Pero después del encuentro del expresidente con Milei en Olivos, se abrió una incógnita de cómo será el comportamiento de esta alianza electoral en el ámbito del Congreso.

En medio de la interna dentro del “triángulo de hierro”, la hermana de Javier Milei, Karina, aumentó aún más su cuota de poder y se hizo más fuerte dentro del gobierno. Logró que el reemplazo de Guillermo Francos fuese Manuel Adorni quien, no asumiendo entonces su banca como legislador porteño, se vio obligado a aclarar que “no tuve opción, son las circunstancias que me tocaron” y, para aclarar que su candidatura no fue testimonial, sentenció que fue así “porque si no, no hubiese aceptado”. El fortalecido Adorni explicó que Milei le encomendó “hacer lo posible para avanzar con las reformas laboral, tributaria y al Código Penal”, aclarando que “era el que tenía contacto con los ministros por mi función de vocero” y que “el diálogo con los gobernadores va a ser permanente”.

Es cierto que, como vocero presidencial, era el nexo directo con el presidente y los ministros. Francos ejercía muy bien su rol de jefe de gabinete. Fue quien articuló la primera reunión del presidente con los gobernadores y la última, más próxima en el tiempo, además de ser quien, más allá de la existencia de un vocero presidencial, daba cuenta de los actos de gobierno y sus respectivas propuestas. Si bien con papeles diferentes dentro del gobierno, cuando no hubo un vocero, el Jefe de Gabinete del gobierno de turno era quien ejercía ese rol. En tiempos de Milei, tanto Adorni como Francos tuvieron un cargo preponderante y cercano a Milei. Ahora se sumará otro actor al que se le atribuye buen diálogo con mandatarios provinciales y legisladores, como Ministro del Interior, Diego Santilli, de quien se dice que Karina Milei “lo adora” y “ya le quería dar un cargo, incluso antes de las elecciones”.

Hablar del consenso del gobierno puertas afuera no excluye referirse al consenso que también debiese labrarse puertas adentro. Habiendo puntualizado anteriormente que, en el esquema interno del llamado “triángulo de hierro”, el poder no solo fue retenido, sino a su vez incrementado por Karina Milei, en el enfrentamiento que mantienen la hermana del presidente y el asesor Santiago Caputo, se advierte que quien claramente ganó la pulseada es la Secretaria General de la Presidencia. Caputo pretendía ser jefe de Gabinete. No pudo. Luego centró su ambición en el Ministerio del Interior con facilidades ampliadas. Tampoco pudo. Encima, Adorni y Santilli, quienes ocuparon dichos cargos, son cercanos a Karina Milei. El consenso que debiese venir luego de las feroces internas gubernamentales es un hito a alcanzar para mantener la estabilidad y el equilibrio institucionales y la gobernabilidad, indispensables en esta segunda etapa del gobierno de Javier Milei.

Por María Belén Aramburu

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