2025-10-27

¿Cómo se explica el fenómeno Milei? ¿Cómo queda el peronismo?

Siendo el día después de las elecciones, todo el mundo se pregunta cómo Javier Milei pudo revertir el resultado de las elecciones del 7 de septiembre en la provincia de Buenos Aires que, más allá de una diferencia del 13% que fue considerable para lamentar la derrota, dejó un coletazo amargo y con vítores para la oposición por la victoria obtenida. Hasta el gobernador Axel Kicillof hace pocas horas, reclamando un canal de diálogo con el gobierno, exclamó, a modo de pregunta, que “¿cómo no van a querer hablar con el gobernador de la provincia con 17 millones de votantes?”, a lo cual el presidente le respondió que no lo convocará porque “es parte del problema”. Hoy el peronismo se está relamiendo sus heridas.

A Milei ni le rozaron las balas que dejaron un tendal de sospechas, la más próxima sobre su candidato preferido, “el profesor”, como lo solía llamar, José Luis Espert. El ruido causado por esta pérdida para La Libertad Avanza, con el agravante de que era el mejor candidato del presidente para representarlo en una próxima candidatura a la gobernación de la provincia de Buenos Aires, y la batalla dirimida en la justicia por el primer puesto para Diego Santilli, del PRO, pero hombre de extrema confianza de Milei, que hasta le resultó favorable, no hizo mella en un resultado electoral del cual salió beneficiado y fortalecido. Para sorpresa de todos, la Alianza Libertad Avanza se alzó con una diferencia a favor de casi un 1% cuando las encuestas le resultaban desfavorables y se especulaba con la cuestión de si la brecha iba a ser de un dígito o de dos en una derrota que era prevista.

Como contrapartida, esto causó un impacto en las aspiraciones presidenciales de Kicillof, quien de todos modos debía ganarse el consenso del conjunto del peronismo, sobre todo del kirchnerismo y de La Cámpora, para proponerse, aunque, de todos modos, ya lo estaba haciendo a su manera. Convengamos que además necesitará del apoyo del espacio político de pertenencia para sostener la gobernabilidad del distrito por dos años más, mientras el partido sigue buscando un líder que lo represente en sus varias facciones, pensando en 2027 y en el presente para ejercer el rol de oposición dentro y fuera del Congreso. También le pasarán factura por el desdoblamiento de las elecciones y él intentará desentenderse de las elecciones nacionales apoyándose en el resultado de las locales y la preponderancia que cada cual tuvo en el manejo de la lapicera, habiéndola usado más, dirá, en las distritales. Pero ahora deberá negociar con el kirchnerismo. No tendrá tanto margen como si las hubiese ganado. Eso está a la vista.

Con un país prácticamente pintado de violeta, con un crecimiento sustancial de votos, con un agrandamiento partidario que se fue extendiendo rápida y vorazmente a lo largo del país, la situación de Javier Milei cambió radicalmente a su favor. Tratándose de elecciones plebiscitarias de medio término y sabiendo el electorado que, haber votado a La Libertad Avanza implica darle al gobierno mayor margen de maniobra en el Congreso para llevar adelante su plan económico y programa de gobierno mediante la sanción de proyectos de ley del Ejecutivo y el freno a la obstaculización que de ellos pretenda hacer la oposición, eligió favorecerlo para que prospere en la consecución de sus propuestas e ideas económicas.

¿Qué factores jugaron a favor de Milei? Si bien la economía aún no muestra grandes señales de crecimiento, la baja de la inflación y la promesa de llevarla a su más mínima expresión para el año que viene sopesó en buena medida en la inclinación del voto. El electorado le dio una muestra de confianza que espero se entienda como una enorme responsabilidad en cuanto a su devolución, comprendiendo que a su vez, dicha confianza se sostiene en el hecho de que el presidente es economista y conoce con certeza el rumbo elegido para llevar el barco a buen puerto en medio de la tormenta y, mejor aún, en aguas calmas. El control del tipo de cambio es una variable que está íntimamente vinculada con la anterior, por lo cual van casi de la mano y fue un elemento que la gente consideró a la hora de votar. En esta última consideración fue sustancial el apoyo pragmático gestionado por los Estados Unidos.

El presidente Donald Trump felicitó a Javier Milei por su triunfo. Su apoyo a la labor del libertario fue tan explícito que tomó trascendencia mundial. En el plano doméstico recibió críticas de parte de los demócratas respecto de los fondos que salían de las arcas del Tesoro norteamericano para partir a manos de la Argentina en detrimento de las necesidades de sus ciudadanos. Los medios de comunicación de ese país llegaron a parodiar a Milei por el show musical que brindó en medio de la presentación de su último libro. Al triunfar el mandatario argentino en tan reñidas elecciones, y después de las palabras de Trump respecto de que quitaría su apoyo de ser restado el respaldo local a Milei, pudo expresar que se trató de una “gran victoria”, “inesperada” también, agregando que “no solo ganó, sino que ganó por una amplia diferencia”. Imaginen la envergadura de la repercusión del apoyo de los Estados Unidos que los medios de su país le consultan sobre la victoria de La Libertad Avanza. Y si estamos en boca de los periodistas y medios norteamericanos, también lo estamos en el resto de los extranjeros, los cuales, destacando su triunfo, resaltaron que los resultados eran “seguidos de cerca por Washington”. Es que los norteamericanos le pisaban los talones al libertario, supervisando la dirección de sus recursos, sin escapárseles pisada alguna.

El fenómeno Milei es su capacidad de resiliencia y reinvento permanente de sí mismo. Temerario en sus reacciones, no dudó en ponerse nuevamente al frente de la campaña de estas elecciones, de cuyo resultado dependía la renovación del Congreso y con ella, la consecuente marcha de su plan económico y político. Enfatizando sobre la idea de que “ayer empezó una Argentina nueva”, de la mano de “los argentinos al votar por el camino de la libertad”, sintió el impulso de remontar la reelección, además de reafianzar la segunda mitad de su actual mandato, afirmando que “tendré dos años más, si los argentinos quisieran, seis años”, asegurando que “lo mío es dejar a la Argentina en el sendero que la haga grande nuevamente”, parafraseando a Trump.

El presidente Milei sabe que el crecimiento en número de legisladores propios le permitirá meter sus goles preferidos medidos en proyectos económicos que por el momento no pudo hacer prosperar. Pero si bien trabó un acuerdo electoral con el PRO que hizo sostenible el triunfo, ya que de lo contrario se hubieran dispersado fuerzas y votantes afines y próximos en ideas e ideología, no le alcanza para tener una mayoría propia que requiere de andamiajes de construcción más sólidos que, por el momento, serán sopesados con una pretendida alianza con los gobernadores llamados “dialoguistas” y su influencia en diputados y senadores amigos. Se tratará de amigos circunstanciales, ya que la condicionalidad a sus propuestas será puesta sobre la mesa dependiendo de cuáles sean estas. Esto Milei lo sabe. Deberá tender puentes por sí mismo y a través de sus funcionarios, papel que eficientemente estaba llevando a cabo Guillermo Francos, su jefe de Gabinete. Con los cambios que habrá en su entorno, se desconoce quién articulará semejantes puntos de encuentro. Y habiéndose debilitado el camino de una tercera vía pretendida por un puñado de gobernadores que, en un principio, pareció fortalecerse con el transcurso de los días y acontecimientos, el primer mandatario tenderá a tejer redes con ellos para impedir que refuercen la senda opositora, ya fragmentada luego del resultado electoral reciente. En palabras lo planteó como que “con este resultado tengo que ir a buscar los votos que me faltan para poder concretar reformas de segunda generación importantes para los argentinos”. Y buscando cercanía con mandatarios provinciales y sindicalistas dudosos de adherirse a su programa de gobierno, dejó en claro que “tenemos matices, pero estamos en el mismo norte, estamos de acuerdo con las mismas reformas, las hemos firmado en el Pacto de Mayo, trabajemos en eso”.

Los opuestos y las contradicciones siguieron poniéndose de manifiesto en estas elecciones como en tantas otras. El enfrentamiento de dos modelos de país inclinó la balanza del voto de los respectivos núcleos duros y los indecisos optaron por el plan de gobierno vigente, afianzando su continuidad. El presidente Milei lo puso en palabras sosteniendo que “es una elección en la que, sobre todas las cosas, los argentinos decidieron no volver al pasado; dos tercios de los argentinos decidieron votar por un futuro mejor, un futuro de prosperidad, de crecimiento”. Javier Milei lo hizo saber de este modo, reiterando su idea de que “es tan obvio lo malo que es ese modelo que ni siquiera lo confrontaban ni ponían bajo debate; la única propuesta era destruir lo que estamos haciendo”.

El rol de la oposición aparece replanteado en cuanto a liderazgos. No quieren mirar atrás, pero los dirigentes de su espacio exigen respuestas que quedaron pendientes sobre la gestión del anterior gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Pretenden a su vez una revisión del fracaso en las elecciones de 2023 que llevaron a un outsider de la política a alzarse con el poder, renovado por el voto del electorado, como se dejó ver en las elecciones legislativas nacionales. Siendo que la líder natural del kirchnerismo se encuentra condenada y con arresto domiciliario, al peronismo le urge unificarse bajo un criterio común que no encuentra y tener un líder que represente a nivel nacional al Partido Justicialista y/o, porque podría ser otro, pueda ser postulado a la presidencia de la Nación en 2027. Deberá recorrer un arduo camino, ya que los tantos le están cambiando el rumbo incluso dentro del Congreso, para lo cual el peronismo también necesitará de aliados para dar cumplimiento a sus aspiraciones legislativas y partidarias.

En su búsqueda y concreción de gobernabilidad, el presidente Milei apuesta a sumar voluntades que cooperen en la concreción de su plan económico. Para ello mira hacia adelante. Ya lo decía él mismo en momentos de gran dificultad, cuando Espert debió renunciar a su banca y aún flotaban en el aire temas irresueltos en el ámbito judicial como las supuestas coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad, el veto a leyes como la de emergencia sanitaria pediátrica concerniente al Hospital Garrahan, la de los fondos universitarios y redistribución automática de los Aportes del Tesoro Nacional, tal como lo había hecho con la de movilidad jubilatoria, mientras la Ley de Emergencia en Discapacidad fue promulgada por el Ejecutivo pero suspendida hasta que el Congreso apruebe las partidas presupuestarias necesarias para su financiamiento, ya que todas ellas atentarían contra el “déficit cero”, caballito de campaña de Milei. Con el aval del electorado, solo piensa en las reformas que se vienen y cómo lograr que se sancionen en el Congreso. Se trata de la tributaria y una “modernización laboral”. Siempre apoyado por el férreo “triángulo de hierro”, ratificó a su hermana Karina y a su asesor Santiago Caputo, aseverando que “ellos son los arquitectos de esto, yo soy el divulgador, el que lleva las ideas, el que tiene la visión, pero después el muñeco ése hay que hacerlo funcionar”. La inyección de esperanza la intencionó con una frase que de su boca conocemos: “Lo peor ya pasó”.

Por María Belén Aramburu

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