¿Podrá Milei recuperar su vínculo con los gobernadores?
El presidente Javier Milei se ha distanciado de los gobernadores y viceversa. Sus desavenencias y permanentes desacuerdos los han alejado cada vez más hasta llegar a un punto muy tirante para ambos, que no le conviene a ninguno de ellos. A los primeros mandatarios provinciales porque, pese a la firmeza en su lejanía, al cortar el diálogo y sumarse a la oposición cuando anteriormente eran cercanos al gobierno, continúan sin obtener aquello que pretenden y al gobierno porque la repercusión de estos comportamientos políticos se traduce en obstaculización de sus proyectos y en la generación de aquellos que lo perturban para la continuidad de su plan económico, en especial el que refiere al equilibrio fiscal.
¿Dónde se siente el mayor ruido de la pelea entre Milei y los gobernadores? En el Congreso. Ya tuvo su primer estruendo en los proyectos de la oposición que prosperaron en el Senado, Cámara alta y altamente propensa a la influencia de los gobernadores, tal como quedó expuesto en el reclamo a la percepción de mayor cantidad de fondos en concepto de ATN, Aportes del Tesoro Nacional, y en el de la recaudación del impuesto a los combustibles líquidos. Y, antes que avanzaran estos proyectos en el Poder Legislativo, hubo otro episodio que marcó el rumbo de los posteriores acontecimientos: el desplante que le iban a hacer al presidente, ausentándose en el acto con motivo de la celebración del Día de la Independencia, quedó trunco por cuestiones climáticas, ya que era imposible que Milei viajase a Tucumán.
En especial, son diez gobernadores los que el gobierno teme le sigan dando vuelta la cara, diez que antes de la asunción de Milei formaban parte de Juntos por el Cambio. Son los llamados “dialoguistas” que han apoyado el plan económico, no sin peros ni quejas en el ámbito del Congreso, por medio del voto de los legisladores que los representan distrital y políticamente, pero que lograban arribar a un consenso, de modo de alcanzar el apoyo pretendido y absolutamente necesario para la Casa Rosada. Aunque no son los únicos que iban a pegar el faltazo en Tucumán, ni los que le restarían colaboración a Milei, porque a ellos hay que sumarles los históricos opositores, su ausencia iba a ser significativa para Milei por más que los confrontara públicamente. La niebla que se interponía entre el presidente y los gobernadores, fue la que también, en el cielo, evitó agudizar un clima político por demás adverso.
¿Qué hará el gobierno para recuperar a los gobernadores aliados? Porque sabe que, a los que son netamente opositores, es imposible que convencerlos para atraerlos hacia sus filas. Logró agrandar la base de adeptos con los desencantados del peronismo, del radicalismo y del macrismo, porque entendieron que su relación era principalmente con el Ejecutivo y ningún otro. Y siendo que sus propios partidos han mostrado debilidad en su cohesión, sobre todo en lo que en su oportunidad fuera un frente común electoral y de ejecución, el crecimiento de La Libertad Avanza los fue arrimando aunque no a todos cautivando, conservando cada cual su propia individualidad, marcada por intereses distritales pronunciados, reclamados a su vez por sus votantes.
¿Qué hará entonces el gobierno en los próximos días? Dilatar lo máximo posible el veto que prometió aplicar a los proyectos del aumento a las jubilaciones, la moratoria previsional y la declaración de emergencia en discapacidad, sancionados por el Congreso, mientras, a su vez, los que tienen media sanción del Senado y que debiesen ser girados a la Cámara de Diputados, también se dilatan en el tiempo para lograr su definitiva aprobación, bazo amenaza de ser igualmente vetados. Mientras esto ocurre, el gobierno eligió al Ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, para afirmar que, de ser consultado por el presidente Milei, no vetaría el proyecto de ley de redistribución automática de los ATN, explicando el por qué: significaría la reconfiguración del reparto de los fondos federales sin la exigencia de la ratificación de parte de todas las legislaturas provinciales, tal como sucede actualmente. “Esto resolvería la discusión de si la Ley de Coparticipación la puede cambiar el Congreso o no”, ya que, “si se aprueba esto (en Diputados), el Senado validaría que la coparticipación puede cambiarse con una simple ley en el Congreso”.
El tiempo en algún momento se agota. Es finito. Es el tiempo que se requiere para vetar y el apuro que tengan los gobernadores y legisladores del Congreso para girar a la Cámara de Diputados los proyectos que cuentan con media sanción en el Senado: la redistribución automática de los ATN y la coparticipación del impuesto a los combustibles líquidos. La emergencia en Bahía Blanca, que fue vetada por Milei, podría encontrar nuevamente impulso que, por el momento, no lo tiene. A favor, el gobierno cuenta con el receso invernal, sumando días, apenas sólo días, para revertir el conflicto con los gobernadores, y tomarse un tiempo para decidir qué hará con las leyes sancionadas. Los números claramente no le alcanzan en el Congreso para tomar el timón como antaño lo hizo, cuando mantenía una posición más sólida que la actual.
Todo esto acontece mientras La Libertad Avanza crece en intención de voto y gran parte de la ciudadanía sigue sosteniendo al gobierno, más por temor al regreso del kirchnerismo que por la situación personal y/o social que atraviesa en muchos casos, salvo su núcleo duro que, a pesar de su corta edad, ya lo tiene. Contradicciones de la política que se acrecientan en una confrontación abierta y permanente de Milei con quien pretenda interponerse en su camino, incluso olvidando que, formas más contemporizadoras podrían devolverle a sus antiguos aliados, no sin antes negociar condiciones, cuestión que atañe más a un político que a un economista. Quizás le falte aprender más de política ya que, lo que sí se le hizo saber desde un principio, es que él también debe ser protagonista de las negociaciones, las que no pueden quedar siempre delegadas en funcionarios del gobierno o asesores de su entorno de mayor confianza.
Llegamos ahora a un tema central: la negociación. ¿Cómo la implementará el gobierno? ¿Los convocará a una reunión en Casa de Gobierno o en Olivos, siendo más formal la primera que la segunda opción? Ni en uno ni en otro lugar. ¿Por qué? Simplemente porque estaría admitiendo, por un lado un conflicto además de una preocupación por lo que, se entendería, requeriría de una pronta solución. Podría tener otro desplante, como el que salvó la niebla que permitió desactivar la ceremonia programada en Tucumán. Como se advierte, al encontrarse abroquelados en su firme y sostenida posición, al gobierno le es imposible ir uno por uno, tal como solía hacer el Jefe de Gabinete, Guillermo Francos, cada vez que la situación lo solicitaba, es decir, unas cuantas veces en rigor de verdad.
Entonces, ¿qué oportunidad podría aprovechar el gobierno para un encuentro informal con los gobernadores, que les permita una aproximación, y una cercanía de anticipación del tema a abordar? Buscando y buscando encontraron un lugar y hasta una fecha de un eventual encuentro, sin forzarlo y con la fluidez del acontecimiento en sí mismo. ¿Dónde? La Sociedad Rural, aprovechando la exposición agropecuaria, ¿Día? Podría ser el jueves. Todo ello en tono informal. Lo que le conviene más al gobierno que a los gobernadores.
Después vendrá la negociación. Todos lo saben. Y están advertidos sobre la oportunidad que aprovechará el gobierno en dicho encuentro para limar asperezas en un contexto de cordialidad en el marco de una de las muestras más representativas de nuestro país. Será un camino más alisado para llegar a una negociación. ¿Cómo serán los términos de dicha negociación? Los gobernadores no están dispuestos a ceder en sus intereses, los cuales perciben menguados tras negociaciones anteriores. El cinturón se ajustó para todos, incluidas las provincias, y se avecinan las elecciones, algunas locales y otras con representación nacional. Todos por igual necesitan de los votos de sus representados. Con una gran disyuntiva: muchos de ellos no quieren quedar como acérrimos opositores al gobierno, identificados como tales con el kirchnerismo, ni como felpudos de Milei, aceptando todas sus propuestas y exigencias para hacer viable su plan económico.
Por lo expuesto, la informalidad se convertirá en formalidad cuando se pueda gestar un encuentro entre las partes que les asegure a todos confianza y viabilidad en el contenido de las propuestas que cada uno lleve consigo.
Por María Belén Aramburu