2025-06-19

¿Logrará Cristina centralizar su liderazgo desde su prisión domiciliaria?

Cristina Kirchner tiene la intención de seguir liderando la fracción del peronismo que surgió a partir de Néstor Kirchner y que tuvo su continuidad bajo sus dos gobiernos consecutivos, sumado a otro en el que ejerció la vicepresidencia, desdibujándose en su rol con aquel que le había asignado a Alberto Fernández. Claro que su situación es completamente diferente a las anteriores, en las que tenía la sumatoria del poder, que se fue mermando mientras caía en desgracia el tándem Fernández-Fernández.

Sin haber logrado retener el poder desde las más altas esferas, el kirchnerismo se concentró en ocupar un espacio preponderante en el Congreso Nacional, en el que también fue perdiendo parte de sus legisladores que cayeron rendidos bajo los encantos del presidente Javier Milei, respaldándolo, con sus respectivos votos, en los proyectos de ley del Ejecutivo. Pero en cualquier partido político que se precie de tal, aparece el núcleo duro para sostenerlo pase lo que pase. Y es éste quien la contuvo a la ex presidenta en derredor de su domicilio particular donde cumplirá la condena, y en la marcha de Plaza de Mayo. Porque allí se encuentra el apoyo incondicional, el que no escucha motivos, sólo adhiere sin cuestionar.

La condena firme a seis años de prisión, sumada a la inhabilitación perpetua para el ejercicio de cargos públicos, por la causa conocida como “Vialidad”, le impidió presentarse como candidata en la tercera sección bonaerense para ocupar un cargo de legisladora a nivel local, puesto más simbólico que real, ya que, si bien detenta el poder de un distrito populoso y de fuerte representación peronista, hubiese sido el punto a partir del cual Cristina hubiese podido controlar la provincia de Buenos Aires, con Axel Kicillof incluido, bastión que teme perder en manos de La Libertad Avanza en las próximas elecciones.

Las visitas permitidas a Cristina Kirchner están acotadas a miembros de la familia, médicos que la tratan habitualmente, abogados que la representan, custodia policial. Cualquier otra persona fuera de la lista de nominados entregada previamente a la justicia y supervisada por ésta, deberá ser autorizada en sede judicial. De esto se desprende que, de requerir de nexos y voceros externos, los que concurran a su domicilio, deberán, salvo la presencia de personal esencial, cumplir el papel que ella misma les otorgue en cuanto a la transmisión de mensajes claros y precisos al kirchnerismo y a la sociedad toda. Uno de sus principales voceros será, sin lugar a dudas, su hijo, Máximo Kirchner, a quien se ha considerado pueda reemplazar en la lista a su madre, de modo de ejercer un rol en la legislatura bonaerense que, desde ya, no estará desprendido de las intenciones de Cristina. El tema central en este caso sería el de vincular el adentro con el afuera, sin correr el riesgo de interpretaciones inadecuadas.

Las listas aún no han sido presentadas. Queda tiempo, aunque no tanto. ¿Quién manejará la lapicera? ¿Cabe alguna duda sobre la injerencia que tendrá Cristina en el armado de las listas? De hecho la aparición adelantada del nombre de su hijo Máximo marca un principio de haber tomado la lapicera firmemente. ¿Podrán consensuar su armado con el gobernador Axel Kicillof? Van a tener que hacerlo. El tema es quién tomará la posta. No serán fáciles las negociaciones. El desdoblamiento de las elecciones, sobre el que había advertido Cristina toman, aún más, un ribete peligroso, que se acrecienta sin su figura de peso. Con Cristina en libertad la negociación era entre dirigentes enfrentados por sus diferentes posturas y también por su afán de ser los únicos líderes del partido, cada uno por su cuenta. Con Cristina presa, y en su papel de víctima, éste juego cambia más a favor de la ex presidenta, sólo por ésta vez y en esta instancia. El resto está por verse.

Cristina no quiere perder el poder que aún le queda. Su poder va a ser el que va a definir su status dentro del peronismo y dentro de éste, del kirchnerismo. ¿Cómo se va a medir ese poder? No por el fanatismo de militantes y de quienes no lo son que mantengan su vigilia concentrados frente a su departamento. Porque tampoco van a ser muchos a medida que vaya pasando el tiempo. Y tampoco va a mostrar poderío meramente enviando mensajes, salvo que éstos, más allá de mantenerla vigente, multipliquen su llegada a la dirigencia peronista, sus seguidores y la sociedad en general. La contundencia del contenido de sus mensajes será el arma que utilizará desde su arresto domiciliario para conservar poder y, en el mejor de los casos, engrandecerlo. La principal vocera, de todos modos, será ella misma, sabiendo que la justicia le permite hacer uso de todo su domicilio, que incluye al balcón, interrogante que fue resuelto. El balcón será un gran escenario para la ex presidenta. Pero, ¿es factible tal y como se presenta su situación actual de condenada y presa? Todo esto vendrá de la mano de otro objetivo en mente: la unidad partidaria. ¿Será posible? Vayamos por partes.

La condena y prisión de Cristina Kirchner movió a la militancia. No a toda. La cúpula de la CGT, con sus gremios afines, prefirió quedar fuera de este apoyo públicamente expresado. Su cortocircuito viene de lejos. Pero hubo una suerte de pensamiento y sentimiento generalizado que, bien utilizado por el peronismo, podría quedar resumido en “no toquen a Cristina”, “si se meten con ella se meten con todos nosotros”, “la están proscribiendo”, “quieren hacer desaparecer al peronismo”, que es el único partido opositor de envergadura, y a su líder. Y es por ello que en la movilización y posterior concentración en Plaza de Mayo fueron vistos dirigentes que estaban distanciados de la ex presidenta, entre ellos, Axel Kicillof. Dieron su presente para que quedara a la vista que, finalmente y en tiempos difíciles, todos son uno y uno son todos.

Con el fin de mantener su liderazgo y, habida cuenta que no han surgido otros nombres para reemplazarla, su figura puede ser tan convocante como no. El tiempo dirá si pierde o gana fuerza, pese a su propia voluntad de sostener su jefatura partidaria hegemónica. Si pudiese ser convocante, podría unir a parte del peronismo en su derredor, aún y merced a su detención. Si el militante la sigue, cree en su parlamento sobre la comisión de una injusticia, y en su proscripción, podría al menos mantenerse en un rol preponderante con la intención de lograr la unidad anhelada, incluso como un proceso de mostración en el ámbito político nacional y, de paso, internacional, ya que los acontecimientos vinculados con una ex presidenta presa por corrupción, nunca pasan inadvertidos tampoco, en el resto del mundo.

Ver juntos a algunos dirigentes como podrían ser, por poner un ejemplo, el gobernador Axel Kicillof con Máximo Kirchner, a quienes les podemos sumar al recientemente reaparecido Sergio Massa, ya que hay varios que podríamos citar en el kirchnerismo que quedó muy desunido, y sobre lo cual dio fe la propia Cristina en varios de sus discursos, puede significar el comienzo de un trabajo en conjunto o una dispersión después del acto en Plaza de Mayo, para darle continuidad a que cada uno siga atendiendo su juego. Porque, para algunos, puede significar sólo el respaldo hacia Cristina en un momento complicado de su vida e historia política, e incluso el deseo de mostrarse unidos por y durante la circunstancia particular que atraviesa, y otra es permanecer en un proyecto común en vistas a las próximas elecciones y las que vendrán.

La más inmediata demostración de fuerza y unidad se va a ver en el comportamiento de los legisladores en el Congreso Nacional. La principal líder opositora es ella. El principal partido de la oposición es el peronismo kirchnerista, ya que otra parte se les esfumó a las huestes libertarias. Es en el Poder Legislativo donde, por el momento pueden ejercer presión, principalmente para rechazar, como lo han venido haciendo hasta el momento, los proyectos vinculados al programa económico y al plan de acción del gobierno. El otro sendero es el de las elecciones, las que se vienen en la provincia de Buenos Aires, distrito en el que pretenden conservar el poder y que se ha convertido en el principal bastión del kirchnerismo. Y a futuro, lo que se busca, es retomar el poder gubernamental.

El cántico de “Vamos a volver” generó una esperanza en el peronismo y una sonrisa y reflexión en Cristina, motivo que no es suficiente para garantizar el regreso. En gran medida el paso de la ilusión a la realidad podría concretarse dependiendo del éxito o derrota que el programa económico del presidente Javier Milei experimente en términos concretos en el bolsillo de la gente que lo votó y la que proyecta expectativas sobre una mejora de su bienestar, a costo del sacrificio que ha venido sosteniendo. Por el momento la balanza electoral, en términos generales, se inclina a favor de Milei, sustentada en la esperanza de progreso en base a números, sobre todo macroeconómicos, que la favorece.

Si Cristina mantiene su liderazgo y logra incrementarlo, y no diezmarlo, durante su estadía en prisión domiciliaria, continuará siendo la líder opositora al gobierno de Milei por excelencia. Pero para mantenerlo, hará ruido, para que la escuchen y la valoren ante la falta de dirigentes que la puedan sustituir. El kirchnerismo no ha generado liderazgos fuertes que puedan opacar su figura, y ella lo sabe. Es por ello que volvió a la palestra y, conociéndola en la adversidad, luchará contra viento y marea desde su prisión domiciliaria, para ganar terreno en representación del peronismo. “Vamos a volver y estaré con ustedes desde la trinchera que sea”, dijo, para agregar, “firme y tranquila”.

Por María Belén Aramburu

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