Cómo la batalla cultural de Milei profundiza la polarización
Hace unos días, la expulsión de Ramiro Marra de La Libertad Avanza, en el ámbito de todos los distritos del país, generó revuelo. No por el apego que a este dirigente se le pudiera tener, sino porque si bien desde la asunción de Javier Milei como presidente, fue aislado de cargo alguno y de la toma de decisiones centrales para la administración pública, es del riñón mismo del oficialismo. La desvinculación, que se supo por redes, incluido Marra, quien pese a manifestarse sorprendido, aseguró que seguirá apoyando al gobierno y que “no me voy a callar nada”, se debió a “no seguir los lineamientos del partido y haber votado a favor del inaceptable aumento de impuestos en la Ciudad de Buenos Aires”. “Todos aquellos que no respeten la agenda del Presidente serán expulsados, no importa quiénes sean”, se pudo leer claramente en la red X. Con la agenda del presidente o nada. Bastante ejemplificador, siendo Marra uno de los fans más explícitos e histriónicos de la primera hora de Milei.
La muestra más evidente y estridente que se da en el marco de la batalla cultural que empuña el gobierno, es la de la nutrida marcha del colectivo LGBTIQ+ como respuesta a las expresiones de Javier Milei en el Foro Económico de Davos, sobre las cuales se refirió a que se trató de un recorte sobre sus palabras y de un aprovechamiento político de parte de algunos sectores de la oposición. Habiendo aclarado que no fue su pretensión asociar la homosexualidad con la pedofilia, volvió a referirse en una posterior entrevista, a “la nefasta ideología de género”, la negativa interpretación de quienes se sienten afectados por sus dichos y aún más por la discriminación social que muchas de las veces padecen, repercutió para trascender la propia marcha. Es más, en dicha entrevista insistió en que “la ideología de género llevada al extremo conduce al abuso, por ende, son pedófilos”
Si bien es cierto que de todas las marchas, sea por una causa o por otra, se intenta sacar provecho político, y ésta no es la excepción, también hay que destacar que hubo autoconvocados apoyando derechos propios y/o ajenos y el gobierno sabe que hasta dentro de sus propias filas tiene a quienes, aunque sea por lo bajo, adhieren a los principios que sustentaron la marcha del sábado 1ro de febrero. Javier Milei avanzó más allá del reclamo para sostener el proyecto gubernamental de “igualdad ante la ley”, en el que trabaja Santiago Caputo, su asesor destacado, con la que se eliminaría la ley de cupos por la que la mitad de los legisladores nacionales y del Parlasur deben ser mujeres, la eliminación del femicidio mediante la modificación del Código Penal, del documento no binario y del cupo laboral trans, que atiende al cupo de género y de discapacidad. Se añade a éstas y otras medidas, que se aclaró no serán retroactivas, la revisión y modificación de algunos puntos de la ley Micaela que obliga a la capacitación de funcionarios del Estado en cuanto a diversidad y violencia de género.
En Davos Milei intentó alinear, marcando agenda a nivel internacional, como lo ha hecho otras veces. Aparece nuevamente su ferviente deseo de convertirse no sólo en un líder a nivel nacional, sino también en el mundo, bajo la bandera liberal libertaria. Hasta aparece más a la derecha del presidente norteamericano Donald Trump quien asumió su rol de proteccionista de la industria y productos norteamericanos, nada que no se supiera antes de su asunción. Esto en el ámbito de la economía. Pero, en otras cuestiones, y en ese intento de buscar la conformación de un bloque ideológico occidental, Milei y Trump, cada vez se están emparentando más en una agenda en común.
El alineamiento con Donald Trump, se ensambla con la fuerte connotación que en política exterior asume el gobierno de Milei con los Estados Unidos, sea bajo el signo democrático o republicano, pero aún más con este último, y más aún con el recientemente presidente electo. Veamos algunos puntos relacionados con la identidad de género. El primer mandatario del Norte firmó una orden ejecutiva por la cual sólo se reconocen dos géneros, el masculino y el femenino, referidas a la biología del sexo. La respuesta en contra de parte de las comunidades LGBTIQ+ no se hizo esperar. A esto se le sumó otra medida que pone fin a las políticas de diversidad, equidad e inclusión en los departamentos y agencias federales. Se dio de baja a todo el personal que trabajaba en programas vinculados con la equidad de género y la inclusión. Milei, por su parte, apenas asumió su mandato, cerró el Ministerio de Mujeres Géneros y Diversidad. Quedó como una subsecretaría bajo la órbita del Ministerio de Justicia aclarando que “no vamos a tener una política de género, la violencia no tiene género”. Y actuó tal como lo prometió en campaña.
Donald Trump se ha manifestado en contra de los tratamientos de afirmación de género tales como la cirugía y la terapia hormonal. El presidente argentino ha hecho lo mismo. Trump ha calificado de “izquierda radical” a los que critican esta serie de medidas. Para Milei también son comunistas o replicadores de la “cultura woke”, es decir, de aquellos movimientos progresistas o de izquierda, a la que tildó de “virus mental”. “Woke”, traducido del inglés al español significa despierto, consciente, asimilándose en el contexto en el que hoy se lo ubica, a una consciencia social y política, en la que aquellos grupos que han sido marginados durante años reclaman igualdad y justicia social, en rechazo de la discriminación que padecen. Tanto Trump como Milei polarizan y aumentan la brecha con quienes no aceptan sus discursos y medidas en consecuencia, profundizando el antagonismo, enfilando a los que comulgan con sus ideas e ideología y sacando de plano a quienes no lo hacen.
En sintonía con la decisión adoptada por Donald Trump “el presidente Javier Milei instruyó al canciller Gerardo Werthein para retirar a la Argentina de la Organización Mundial de la Salud”, anunció recientemente el vocero presidencial, Manuel Adorni, lo cual, aseguró, “reafirma nuestro camino de soberanía en materia de salud”. Las repercusiones a cargo de especialistas en la materia revelaron que “es grave porque es quedarse afuera de las políticas sanitarias a nivel global”, que “podría haber una desvinculación de acuerdos internacionales de salud” y demás, pese a que el gobierno insistió en que la medida “no ofrece ninguna implicancia”. Nada que sorprenda. Milei había criticado a la OMS incluso antes de acceder a la presidencia. Tanto él como su par norteamericano criticaron el manejo que el organismo hizo de la crisis del COVID-19, “con el encierro más grande de la humanidad”, gestión que en la Argentina, con palabras de Adorni, se realizó “junto al gobierno de Alberto Fernández”.
La polarización tiende a ubicar a cada cual en su lugar en el ámbito político, social y cultural. Y como evidentemente hay una asociación, en parte, con la defensa de ciertos derechos y el sostenimiento de una ideología política, se entremezclan ambos, terminando siendo un combo perfecto para la oposición, por lo que el gobierno estaría reflotando dicha asociación, aunque no sea exactamente cierto que se corresponden unos con los otros, ya que algunos adhieren a estos principios, sin pertenencia a un partido o frente político en particular. Pero las medidas más extremas llevan a situar a unos en un polo, poniendo en el otro extremo a los contrarios.
Las consecuencias podrían verse en el Congreso con el tratamiento parlamentario de algunos proyectos. Por el momento La Libertad Avanza, con el auxilio y apoyo del PRO consiguió darle dictamen al proyecto de Ficha Limpia que en su oportunidad fue una iniciativa del PRO, sin adeptos de parte del oficialismo y que ahora, según el gobierno, se presentó recargado. Dicho proyecto impide que condenados en segunda instancia por corrupción puedan ser candidatos, lo que apunta directamente, por su situación judicial, a la ex vicepresidenta, Cristina Kirchner. Mañana podría ser otro u otra. Pero como hoy es ella, el kirchnerismo aprovecha la oportunidad para señalar que pretenden proscribirla apuntando a que además es un “texto inconstitucional”. En el caso de las PASO se obtuvo dictamen para tratarlo este jueves en la Cámara de Diputados. Y falta la batalla más encendida de todas: la incorporación de Ariel Lijo y Manuel García Mansilla a la Corte Suprema de Justicia, pretendida por el gobierno de Milei.
Tanto Trump como Milei están convencidos de sus ideas y son consecuentes en sus acciones. Lo mismo puede decirse del oficialismo y la oposición. Existe una sincronización de ideas y hechos. Ambos van de la mano, resultando ser fieles a sí mismos.
Si esto resta o suma, al menos podemos afirmar que polariza, tal la pretensión del gobierno, el cual, de este modo, alimenta al kirchnerismo, permitiendo la reaparición de Cristina Kirchner. Coloca, a su vez, en un lugar de comunicación, reacción y reacomodamiento a Mauricio Macri, tal vez como aliado, tal vez como opositor, de acuerdo con la circunstancia. Pero Milei juega el juego de avanzar con las fichas en la mano para colocarlas en posición enfrentada a las del bando contrario, en época de campaña electoral, que todavía no tomó el color y el calor de la embestida final.
Por María Belén Aramburu