"Me metieron una morcilla en la calza": la joven mendocina rompió el silencio tras el abuso en el club
Tras alejarse definitivamente del deporte, la joven que acusó a jugadoras de hockey en Mendoza por abusos durante un rito de iniciación relató el horror vivido entre vendas, burlas y grabaciones no consentidas.
Lo que debía ser un festejo por el ascenso a la Primera División se transformó en una pesadilla que truncó una carrera deportiva. La joven mendocina, que hoy busca justicia, detalló cómo una supuesta bienvenida en el Club Alemán derivó en actos de degradación sexual. “Yo iba con la idea de que me iban a teñir el pelo, nada más, y me encontré con un escenario que nunca me imaginé”, confesó en una reciente entrevista.
Sucedió el baño de la institución, un espacio que, a pesar del flujo constante de personas por las actividades del club, se convirtió en una zona liberada. Allí, la víctima y otras cinco adolescentes fueron privadas de la vista y sometidas a un trato vejatorio por parte de diez jugadoras mayores de edad. La denunciante recordó que la vulnerabilidad era absoluta, ya que las obligaron a desprenderse de sus prendas superiores mientras el grupo de adultas orquestaba lo que ellas pretendían disfrazar de "juego".
Las agresoras habrían utilizado productos cárnicos para simular actos sexuales. La joven recordó con precisión el momento más traumático de la noche: “Me metieron una morcilla dentro de la calza y de la bombacha”, denunció, exponiendo la naturaleza ultrajante del supuesto ritual que incluyó también la ingesta forzada de comida mientras le exigían que gritara goles.
El impacto psicológico se vio agravado por la violación a la privacidad digital. Al recuperar la visión, la menor descubrió que el calvario estaba siendo registrado por los teléfonos celulares de quienes ella consideraba sus referentes deportivas. “Cuando me sacaron la venda me di cuenta de que me estaban filmando y les pedí que no lo hagan. Me dijeron que al ser solamente mujeres, que deje de joder y a mí se me veía todo”.
La parálisis emocional fue la respuesta inmediata ante la asimetría de poder. La denunciante explicó que el estado de shock le impidió huir de una situación que jamás aceptó, viéndose acorralada por mujeres que hasta ese día admiraba profundamente. “No me salía decir que me quería ir. En ese momento tenía dieciséis años y estaba rodeada de diez adultas”, explicó, desmintiendo la versión de la defensa que intenta catalogar el episodio como una actividad recreativa inocente y sin contacto en zonas íntimas.
Hoy, la joven ha abandonado el hockey profesional debido a la insoportable angustia y la presión social que sintió tras el incidente. Mientras la fiscalía de Delitos contra la Integridad Sexual, liderada por Mercedes Moya, avanza con las imputaciones y la recolección de testimonios, la víctima intenta reconstruir su vida lejos de las canchas. El caso pone bajo la lupa la peligrosidad de los ritos de iniciación y la complicidad institucional en prácticas que, bajo el rótulo de "tradición", encubren delitos penales.
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