Editorial HI
06/05/2020

Hacia un nuevo orden económico mundial, por María Belén Aramburu

El mundo deberá establecer condiciones de recuperación y reconstrucción

Hacia un nuevo orden económico mundial, por María Belén Aramburu
Autor: María Belén Aramburu
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o hay dudas que el mundo no será igual después del coronavirus. Y ni siquiera podemos hacer una proyección sobre su duración y menos sobre sus efectos en todos los órdenes. Y como son varios a analizar sólo me voy a detener en el económico.

Con Estados empobrecidos, un mundo cada vez más pobre y deteriorado, se deberán llevar a cabo cambios sustanciales y esfuerzos extraordinarios, más allá de los que hoy se están realizando. No todos los Estados tienen la misma capacidad de absorción del deterioro de sus respectivas economías. El precedente anterior a la aparición del coronavirus se vio signado por medidas proteccionistas que cerraron sus economías protegiendo sus industrias nacionales y un intercambio estratégico con quienes lejos de perjudicar sus intereses lograran incrementarlos. Con sus distintas variantes, los Estados organizados institucionalmente en mercados que trascienden sus individualidades también han adoptado la consecución de políticas cerradas y restringidas al acceso de producciones ajenas a las propias.

Una economía mundial devastada exigirá una mirada interior, doméstica, de resolución del problema y una mirada global con términos del intercambio obligatoriamente modificados por las condiciones imperantes.
 
Tal como después de las guerras mundiales principalmente, además de las grandes crisis económicas que afectaron al mundo entero y que cada vez de manera más fuerte tienen sus consecuencias a nivel global, la reconstrucción de la economía propia y la mundial estarán a la orden del día.
 
A diferencia de los países europeos que pasaron supuestamente, ya que poco se sabe sobre el comportamiento de este virus, por el pico de la pandemia, en la Argentina no llegamos a esa situación epidemiológica. Con temperaturas otoñales y la llegada en junio de la estación invernal, el aislamiento social, preventivo y obligatorio vino para prolongarse en el tiempo aunque con variantes de liberación de algunas actividades sólo en ámbitos de contagios con duplicación en determinados períodos fijados por epidemiólogos e infectólogos además de la evaluación de la densidad demográfica. Es así que ya hemos recorrido prácticamente el mismo tiempo de aislamiento que los europeos, con la gran diferencia que ellos han entrado en el ciclo de la primavera, con temperaturas más agradables que les permite la apertura de más actividades económicas al compás de un desahogo social que acompaña la adopción de estas medidas.
 
Las etapas económicas que la aparición del coronavirus requiere adoptar son las de, en primer lugar, hacer frente a las necesidades de los más vulnerables y cubrir las exigencias de supervivencia de los que ingresaron en esta franja por la imposibilidad de llevar adelante sus actividades habituales o hacerlo de manera recortada y sesgada, sumado a una situación previa de deterioro que complica aún más la situación. Esta primera etapa necesita de la intervención de un Estado fuerte que contenga y de soluciones inmediatas. Siempre con la presencia del Estado y con la consecución de medidas de políticas públicas de contención, sigue una segunda etapa de flexibilización de ciertas actividades económicas que, con los recaudos del seguimiento de un protocolo sanitario, tiene por objetivo el movimiento de la economía y las finanzas de manera escalonada. De la mano de la evaluación epidemiológica y de la consideración consciente de una “nueva vida normal” que será distinta a la que teníamos anteriormente, la mirada estará puesta en la reconstrucción del país desde el punto en el que éste se encuentre y el contexto mundial en el que esté inmerso en ese preciso momento en el que se comenzará a transitar la tercera fase para luego desplegar las más benignas de crecimiento que sólo se podría dar en el marco de una recuperación económica que no está escindida de la del resto de los países del mundo.
 
Las fases mencionadas que conllevan un trabajo a realizar por cada Estado en particular, necesariamente se dan en un ámbito global, mundial. Y aquí aparece el concepto de un nuevo orden económico mundial.
 
Como sucedió en los períodos de posguerras mundiales, en que apareció un direccionamiento de medidas ejecutadas desde los grandes centros económicos devenidos en potencias mundiales, implementadas por el resto y con el auxilio de los primeros, habrá un esquema de ordenamiento global más consensuado frente al empobrecimiento propio y ajeno del cual nadie ni nada saldrá indemne.
 
Por eso, cuando ahora se menciona al Plan Marshall, se referencia a quien era el Secretario de Estado de los Estados Unidos, George Marshall que además había sido un destacado general durante el conflicto bélico. Marshall planteó la necesidad urgente de ayudar a la recuperación europea. Este plan funcionó durante cuatro años desde 1948. Con el claro objetivo político de evitar la expansión del comunismo, y con un mundo hegemónicamente polarizado entre dos potencias mundiales, Estados Unidos y la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas, que influían doctrinariamente en los países que se convertían en sus respectivos satélites, el auxilio económico propendió a la modernización de la industria europea occidental, mayor productividad y disminución de barreras entre los Estados entre otras cuestiones. Mientras la Guerra Fría se sostenía entre las potencias mundiales, un nuevo orden económico se establecía por igual al amparo de ambas.
 
Cuando se hace referencia a un programa o plan de rescate económico a pensarse e implementarse a gran escala, se remite genéricamente al Plan Marshall.
 
También atada a un contexto político, la pos Primera Guerra Mundial modificó fronteras, y con ellas, estructuras económicas preexistentes, derivando en la firma del Tratado de Versalles, en busca de una compensación económica de parte de los países vencedores a la Alemania derrotada. La protección de sus industrias por parte de los Estados aliados y las enormes deudas devengadas de la guerra, fueron gran parte de las causas que desembocaron en la hiperinflación y la Gran Depresión .
 
En un contexto global diferente pero, como en estas etapas de la historia de la humanidad, con la economía destruída, el mundo deberá establecer condiciones de recuperación y reconstrucción en las que, de no imperar la equitativa distribución del ingreso y la solidaridad, dejará fuera de juego a muchos actores de los que a su vez dependen quienes se encuentran y encontrarán en mejores condiciones.
 
Una mirada más humanitaria deberá imperar en esta parte de la historia en la que el combate es contra una cuestión que atañe a la salud pública mundial, ocasionada por un virus mutante que nos deja al desamparo, sumándonos mayor vulnerabilidad e incertidumbre.


 
Por María Belén Aramburu

 

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