2026-09-28

Milei y Kicillof en NY: cada uno en su rol y enfrentados

Javier Milei estuvo en la ciudad de Nueva York para participar de la Asamblea General de las Naciones Unidas como presidente argentino, al igual que lo hicieron sus pares que forman parte de esta organización internacional. Se sabe que está en campaña porque va por su reelección el próximo año y aprovecha cada instancia que le puede ser propicia para afianzar aún más su candidatura en un contexto que trasciende al doméstico y lo coloca ante los ojos del mundo.

Por su parte, Axel Kicillof también estuvo presente en la ciudad de Nueva York. La pregunta que muchos se hicieron estuvo relacionada con el motivo. Las respuestas eran varias y surtidas, pese a que él aclaró que había ido como gobernador de la provincia de Buenos Aires y, como tal, en representación del distrito. ¿Qué hizo el mandatario bonaerense, quien, obviamente, no participó de la Asamblea General de la ONU? Tuvo una agenda propia política, académica y económica. En el plano económico, mantuvo reuniones con fondos de inversión tenedores de deuda de la provincia de Buenos Aires y con empresas que operan, o pretenden, o estarían dispuestas a invertir allí. Formó parte de actividades académicas vinculadas con América Latina, que incluyeron una exposición en el Instituto de Estudios Latinoamericanos de Columbia titulada “El futuro de Argentina en un orden global cambiante”. En el orden político internacional, cabe destacar la reunión de la que participó en la residencia del alcalde de Nueva York con el anfitrión, Zohran Mamdani, el presidente español, Pedro Sánchez, y otros, todos próximos intelectualmente a sus ideas e ideología.

Desde ya que no hubo encuentro alguno entre Milei y Kicillof, y tampoco debía haberlo. Pero claramente, al coincidir estratégicamente, digamos que Kicillof con su visita, ya que la de Javier Milei estaba prevista en su agenda y la internacional, por el rol que desempeña al frente del Ejecutivo, se generó una especulación, ya existente, respecto de la polarización en las elecciones de 2027, claramente expresada por la contraposición de propuestas programáticas e ideológicas partidarias de ambos, que quedaron expuestas en los encuentros que cada uno de ellos mantuvo, por su parte, con otros dirigentes internacionales, poniendo una vez más de relieve la rivalidad entre dos probables candidatos. Candidaturas que, del lado del presidente, por el momento, quedarían bastante claras, por el espacio de La Libertad Avanza, aunque nunca se sabe qué sorpresa podría aparecer en este contexto, de gestarse otra candidatura a competir con la suya. Pero lo cierto es que hoy, Javier Milei, cuenta con una candidatura firme, que a su partido lo coloca en una situación ventajosa frente a sus adversarios, quienes siguen dudando quién se presentará. Por su parte, Axel Kicillof, con una pretensión a la candidatura presidencial, para nada confirmada por el peronismo, y menos, por la línea dura del kirchnerismo, representada por la expresidenta, Cristina Kirchner, y su hijo Máximo y La Cámpora, que albergan otras intenciones o, por lo menos, de no ser así, poder entrar en una fase de negociación. Eso sí. El enfrentamiento Milei/Kicillof es algo que a ambos les conviene. Ya veremos por qué.

Javier Milei mantuvo su agenda presidencial e internacional. El centro de su viaje estaba puesto en el discurso que pronunció ante la Asamblea General de la ONU, en el que ratificó el reclamo argentino de soberanía sobre las Islas Malvinas, solicitó al Reino Unido retomar las negociaciones, aunque sostuvo que nuestro país tomará iniciativas propias ante la falta de avances, con una defensa “pacífica, práctica y efectiva”, dejando clara su postura en materia de política internacional. Brindó una conferencia ante empresarios. Inversores, académicos y “think tanks”, en la que habló sobre libertad económica, valores occidentales, seguridad estratégica e inteligencia artificial, defendiendo los resultados de su gestión. También mantuvo una reunión bilateral con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y recibió, de parte de la comunidad judía, una distinción por su respaldo a Israel y su posición contra el antisemitismo.

Entonces, si analizamos las oportunidades que cada uno tuvo en relación a su rol y su pertenencia, en la ciudad de Nueva York, Milei como presidente, participando de la Asamblea General de las Naciones Unidas, y Kicillof, sin participar porque en su rol de mandatario provincial no le corresponde, y tampoco formaba parte de comitiva alguna con invitación presidencial, por supuesto, podremos establecer los contrastes. Milei utilizó la posibilidad que le brindó su presencia en un foro internacional de semejante magnitud y resonancia a nivel mundial como jefe de Estado, con un reclamo que viene sosteniendo de la mano que le estiró el presidente norteamericano, Donald Trump, buscando afianzarlo a través de proyectos de ley sobre seguridad, que serán defendidos en el Congreso. A su vez, Milei orientó sus discursos hacia el concepto de libertad económica que él predica y practica, buscando pregonar su modelo, de modo tal de esparcirlo por el mundo, pero, sobre todo, mirando a Occidente, en la base de una política exterior conjunta.

Por un lado, Milei. Por el otro, Kicillof. El gobernador bonaerense tuvo una buena tribuna, asociada a la campaña que ha venido lanzando sobre su pretendida ambición de ser candidato a presidente en 2027, a quien dirigió palabras que, expresadas en ámbitos locales, pero con la repercusión propia de la multiplicación que de ellas se puede obtener en reuniones con dirigentes internacionales y público combinado de progresistas y otros no tanto, con poder político y económico, que escuchan a quien tracciona votos para competir el año que viene con el presidente Milei. Claro que su actitud trae escozor y bronca en los oídos de los Kirchner y de quienes los rodean en San Juan 1111, lugar al que ha decidido no concurrir el gobernador bonaerense. Ningún guiño tibio que por el momento haya realizado le sirve al gobernador para traer a su red a aquellos que se abroquelan en torno a Cristina y a Máximo, e incluso a quienes todavía sueñan con una unidad del justicialismo. Para lo que sí le sirvió, ya que el viaje tenía un objetivo, era para mostrar que su modelo económico y productivo se contrapone con el de Milei, presentándolo como una alternativa de desarrollo. Claro que con la vidriera de su gestión, y sacándole el jugo a cualquier reunión que tuviese con inversores que creyeran en él, en su partido, y comenzaran por ver un atractivo en su distrito, de cara a un ulterior apoyo a su candidatura.

Siguiendo con esta línea de enfrentamiento entre el presidente y el gobernador bonaerense, Javier Milei se encargó de asegurar, hace apenas unas horas, que la suba del riesgo país está estrechamente vinculada con la presencia de Kicillof ante inversores en Nueva York. A quien en esa ciudad había calificado una vez más de “enano soviético”, dijo, sobre él, que los inversores “vieron a un energúmeno con desprecio por los datos”. Es así que, mientras Kicillof intenta plantear una discusión sobre modelos económicos y de inserción internacional, aunque con calificativos fuertes, Milei responde cuestionando la interpretación económica de Kicillof, usando descalificaciones y atribuyéndole un efecto sobre la percepción de riesgo de los inversores. En el ring ya se encuentran ambos, listos para seguir boxeando hasta el nocaut.

A Milei y a Kicillof les conviene seguir con esta pugna entre ambos. Para el electorado constituye una clara distinción de modelos, al igual que lo ha sido en la ciudad de Nueva York, para quienes los escucharon como dirigentes enfrentados, en plena campaña electoral. Esta contraposición de intereses, manifestados en ideas e ideologías, los ubica en las antípodas de pensamiento y acción, en una zona visible que ni siquiera contempla yuxtaposición alguna en sus proclamas. De este modo también, creen, ahuyentarían a probables candidatos surgidos del peronismo que representa la esfera política de Axel Kicillof, o a los que emergen de las filas de los aliados de La Libertad Avanza, ya se trate del PRO o de los gobernadores que suelen acompañar al gobierno, trayendo votos a sus respectivas zonas de incumbencia. La medida de la adversidad quedaría concentrada en ellos, sin distracciones, por la contundencia de los límites que marca la línea divisoria de las ideologías que cada uno de ellos sustenta.

Por María Belén Aramburu

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