Mataron a Saif al-Islam Gadafi, hijo del ex dictador libio, durante un ataque armado en su casa
Saif al-Islam Gadafi, uno de los nombres más resonantes del entramado político libio posterior a la caída del régimen de su padre, fue asesinado este martes en Zintan, una ciudad ubicada a unos 136 kilómetros al suroeste de Trípoli. La información fue confirmada por fuentes de seguridad locales, que indicaron que el ataque ocurrió en su residencia y fue ejecutado por hombres armados.
Funcionarios del oeste de Libia señalaron que el operativo habría sido directo y coordinado, aunque evitaron brindar detalles oficiales mientras avanza la investigación judicial. El abogado de Gadafi, Khaled al-Zaidi, confirmó el fallecimiento a través de redes sociales, sin precisar las circunstancias. También lo hizo Abdullah Othman Abdurrahim, quien había sido su representante en instancias de diálogo político mediadas por la ONU.
La muerte se produjo en la misma ciudad que lo mantuvo cautivo durante casi seis años tras su captura en 2011, cuando intentaba huir luego del colapso del régimen. Desde su liberación en 2017, bajo una amnistía concedida por una de las administraciones rivales del país, Saif al-Islam vivía en Zintan con movilidad restringida y bajo la custodia de milicias locales.
Pese a su bajo perfil público durante años, su figura seguía siendo altamente controvertida. En 2015 había sido condenado a muerte en ausencia por un tribunal libio, acusado de incitar a la violencia y ordenar la represión de manifestantes durante la revolución. Además, la Corte Penal Internacional mantenía una orden de captura en su contra por crímenes de lesa humanidad.
Nacido en 1972 en Trípoli, Saif al-Islam fue considerado durante décadas el posible sucesor de Muamar Gadafi. Con estudios de posgrado en Londres, construyó una imagen de reformista y fue clave en la reapertura diplomática del régimen con Occidente, incluida la liberación de las enfermeras búlgaras en 2007 y la gestión de compensaciones a víctimas del terrorismo libio.
Su asesinato se produce en un contexto de profunda fragmentación política y territorial en Libia, un país que desde 2011 permanece dividido entre gobiernos rivales y grupos armados. Con su muerte, se cierra el capítulo del único integrante del clan Gadafi que había intentado regresar a la escena política, en una nación que aún no logra estabilizarse ni concretar elecciones presidenciales.