Murió Claudio "Pato" Strunz a los 59 años, baterista de Hermética y de Malón
Se fue una figura determinante en la consolidación del thrash metal en la región y recordada por haber integrado la alineación más emblemática de la agrupación Hermética.
El ambiente del rock pesado argentino atraviesa una jornada de profundo dolor. Este lunes se conoció el fallecimiento de Claudio "Pato" Strunz a los 59 años de edad, una figura determinante en la consolidación del thrash metal en la región y recordado por haber integrado la alineación más emblemática de la agrupación Hermética. El músico dejó una impronta imborrable dentro de la cultura musical local. Su llegada a la mítica formación comandada por Ricardo Iorio se concretó en 1991, participando activamente en la grabación de producciones discográficas fundamentales como "Ácido Argentino" y "Víctimas del Vaciamiento". Tras el cierre de esa etapa en 1995, el percusionista impulsó el nacimiento de Malón a la par de Claudio O'Connor, Antonio Romano y Karlos Cuadrado. Con este conjunto dio vida a trabajos muy valorados por el público como "Espíritu Combativo" y "Justicia o Resistencia". Nacido en la localidad bonaerense de La Tablada el 11 de noviembre de 1966 bajo la identidad de Claudio Marcelo Zurita, dio sus primeros pasos musicales durante la década del ochenta. En sus comienzos integró la banda Heinkel, donde rápidamente llamó la atención de sus pares por su destreza técnica en el manejo del doble bombo. Durante los años noventa, la contundencia rítmica que aportó en Hermética no solo ayudó a moldear el sonido característico del género en Sudamérica, sino que lo llevó a tocar en los recintos más importantes del país. El grupo llenó en múltiples ocasiones el Estadio Obras Sanitarias y formó parte de eventos masivos como el festival "Monsters of Rock", compartiendo carteleras con íconos globales de la talla de Black Sabbath, Slayer y Kiss. Más allá de su rendimiento sobre las tablas, el músico tuvo una destacada labor en el desarrollo independiente del movimiento pesado. Su faceta como gestor tuvo un hito central con la creación de las salas de ensayo La Cueva, un punto de encuentro fundamental para la preparación de numerosas agrupaciones del circuito local.
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